“Soy un turista especial: me incomoda
lo pintoresco y donde está más ausente lo pintoresco 
es donde se despierta mi fascinación”.
[Jean Dubuffet, ‘Apercevoir’ (23 de marzo de 1958),
en Prospectus et tous écrits suivants, vol. II, París,
Gallimard, 1967, págs. 61-62]

Hasta el 16 de febrero de 2020 podrá visitarse en el Institut Valencià d’Art Modern (IVAM) la exposición titulada Jean Dubuffet. Un bárbaro en Europa, producida en colaboración con el Museo de las civilizaciones de Europa y del Mediterráneo de Marsella (Mucem) y que a partir del próximo mayo se instalará por un periodo de ocho meses en el Museo de Etnografía de Ginebra (MEG).

La muestra ha sido comisariada por el profesor titular de la Universidad de Rennes 2, Baptiste Brun, quien este mismo año ha publicado Jean Dubuffet y la necesidad del arte marginal (Jean Dubuffet et la besogne de l’Art Brut. Critique du primitivisme, Dijon, Les presses du réel, 2019). Según explica Brun, el título de la exposición proviene de la obra Un bárbaro en Asia (Un barbare en Asie, 1933), con la que el poeta Henri Michaux quiso evidenciar el relativismo cultural al que se ven sometidos los distintos colectivos humanos. Y es que si los occidentales siempre han aplicado ese término para calificar a los pueblos culturalmente diferentes, también Michaux pudo sentirse “bárbaro” durante su viaje al Extremo Oriente. Del mismo modo, su amigo Dubuffet se opuso a cualquier tipo de categorización en el arte, considerando la etiqueta de “arte primitivo” un resabio del colonialismo occidental –¡Somos nosotros quienes lo decimos!, escribía en su carta al alienista Charles Ladame el 8 de mayo de 1946–  y acuñando la denominación de “Art Brut”o “arte marginal” para aludir a todas las obras nacidas fuera de los cauces tradicionales que establece la cultura dominante. 

Así pues, Jean Dubuffet (Le Havre, 1901-París, 1985) abrió nuevos horizontes en el campo de la creación artística, explorando los ámbitos de la antropología, la psiquiatría, la creatividad infantil y, en general, cualquiera de las que él denominó “alteridades artísticas”. A este respecto conviene recordar que el concepto de Art Brut surgió en el verano de 1945, cuando Dubuffet se trasladó a Suiza y visitó sus hospitales psiquiátricos y el Museo de Etnografíade Ginebra que, justamente, conmemorará los 75 años de este viaje con la mencionada muestra del año próximo. De esta manera se está recuperando la figura de un creador que fue olvidado en los años ochenta y noventa del siglo pasado pero hacia el que las jóvenes generaciones de artistas parecen demostrar un renovado interés. No obstante, Baptiste Brun advierte de la mercantilización que está sufriendo el Art Brut en la actualidad, cuando ha pasado a ser identificado esencialmente con un arte de los locos, a diferencia de lo que en realidad pretendía Dubuffet, que era única y exclusivamente “celebrar la singularidad de la invención”. En este sentido, el director del IVAM José Miguel G. Cortés recuerda que para el artista francés “no existe un arte de los locos o los marginados, sino que todo art est fou [todo arte es loco] por su dimensión inventiva y singular”, añadiendo que “para Dubuffet el arte debe tener la capacidad de interrogarse y de subvertir la distribución de los valores que fundamentan la creación artística tradicional” al tiempo que “se trata de desestabilizar al espectador para llevarle a cuestionar su propia mirada y tomar consciencia del carácter culturalmente construido de su visión y de su actitud ante la creación artística”. De ahí que la gran importancia de esta exposición radique en la reivindicación de Jean Dubuffet como un artista que “despierta nuestros sentidos” frente a la “celebración del canon”.

Es preciso recordar que en la década de 1930 Jean Dubuffet delegó el negocio de vinos que había regentado durante más de quince años para dedicarse a la pintura, a la que se consagró definitivamente a partir de 1942. Fue en los años treinta cuando se separó de su primera mujer para contraer nuevamente matrimonio, a finales de 1937, con Émilie Carlu
–Lili–, amiga de Kiki de Montparnassey protagonista de algunos lienzos como Lili entre objetos desordenados (1936), donde Dubuffet aún no ha desarrollado su lenguaje más personal y se mantiene dentro de la práctica figurativa ligada a la corriente de ‘la vuelta al orden’ del periodo de entreguerras. En aquella época, él y Lili realizaron máscaras y marionetas para un pequeño teatro destinado a representar a su entorno más próximo, véanse las correspondientes a la propia Lili de 1936, también expuestas en Valencia. Estas últimas manifestaciones artísticas, de carácter popular, junto con su interés por el grafiti, demuestran su temprana adhesión a la crítica de una cultura elitista que niega al individuo su condición de “sujeto” y “destinatario” de la pintura. En efecto, tal y como se indica en el catálogo de la exposición que nos ocupa, la suya no constituye “una mirada de renovación del gusto” similar a la de otros artistas de vanguardia, sino que conlleva “una reflexión sobre la actividad artística como esencialmente antropológica, inherente a la especie humana”, no siendo de extrañar que, en octubre de 1944, con motivo de su primera exposición en la Galería René Drouin de la plaza Vendôme de París, Dubuffet se presentara como “un hombre común”.

Desde entonces los personajes que pueblan sus obras son individuos esbozados de forma esquemática, al modo en que se encuentran en las representaciones infantiles. Muchos de ellos, como en el Paisaje con arbustos (1949) procedente del Museo Colección Berardo de Lisboa, se confunden con los paisajes urbanos y rurales donde aparecen inmersos, reflejando en palabras del mismo Dubuffet un “estado de ánimo de fraternización general” que se hacía necesario con el fin de la II Guerra Mundial. De hecho, en 1958 Dubuffet escribiría “Me alimento de lo ordinario. Cuanto más banal, más satisfecho me quedo (…) Las fiestas tienen mucho más valor cuando en vez de recurrir a elementos extraños a nuestra vida cotidiana aparecen en su propio terreno. Es entonces cuando su virtud (convertir nuestra vida cotidiana en una fiesta maravillosa) se manifiesta. Me refiero a fiestas del espíritu (…) El arte se dirige al espíritu y no, por supuesto, a los ojos. Son demasiadas las personas que creen que el arte se dirige a los ojos. Sería hacer un uso muy pobre del arte”. Declaración del artista en su texto ‘Apercevoir’ donde queda patente el rechazo de lo heroico y lo excepcional en una obra cuyo estilo se desvincula de cualquier proceso previo de aprendizaje que se proponga condicionar la mirada del espectador mediante una serie de códigos interpretativos.

Esta búsqueda de lo común, de lo habitual y acostumbrado llevó a Jean Dubuffet a interesarse en París por el Museo del Hombre del Palacio del Trocadéro y por el de Artes y Tradiciones Populares, con cuyos responsables pronto estableció contacto, así como con otros estudiosos de las ciencias etnográfica y psiquiátrica. A este propósito, cabe destacar que Dubuffet llevó a cabo una investigación basada en el estudio exhaustivo y en una minuciosa recogida de documentación que Baptiste Brun ha calificado de “pasión obsesiva”. En efecto, Dubuffet se interesó por todo lo que escapaba a la Historia del Arte occidental en particular y a cualquier tipo de clasificación científica en general. En el IVAM pueden verse esculturas como la llamada Kamenaia Baba (siglos XI-XIII), que el barón Joseph de Baye llevó a París procedente de Ucrania y que finalmente donó al Museo de Etnografía del Trocadéro en 1899 sin poder establecer una datación precisa ni definir su función. La influencia ejercida en Dubuffet por este tipo de obras queda patente a través del lienzo Demoiselle au teint bleu (1958), también presente en la exposición –debiéndose resaltar en este sentido el constante diálogo que la muestra propone entre la obra del pintor francés y la proveniente de las culturas o colectivos que le sirvieron de fuente de inspiración, por ejemplo los dibujos infantiles–.

Gran detonante de esta labor investigadora fue el trascendental viaje que realizó a Suiza en el verano de 1945 acompañado de Jean Paulhal y Le Corbusier. Poco después, entre 1947 y 1949, Dubuffet visitaría hasta en tres ocasiones el desierto del Sáhara, donde ejerció “una observación participante” de carácter antropológico, interesándose por las lenguas y música indígenas al tiempo que llevaba a cabo sus dibujos. De entre las obras que en Valencia ilustran esta inmersión del pintor de Le Havre en Argelia destaca por su cromatismo y por su expresividad típicamente dubuffetiana Árabe con clavel (1848). Además, Dubuffet desarrolló también su labor de etnólogo en espacios tan poco exóticos a primera vista como el metro de París, hasta el punto de que sus vistas de 1943 motivaron La metromanía o el subsuelo de la capital (La métromanie ou les dessous de la capitale, 1945) de Jean Paulhan, obra que el propio pintor caligrafiaría e ilustraría con dibujos en 1949. Ambos dotaron al metro de una dimensión mítica, convirtiéndolo en “río subterráneo de hierro y electricidad”.

Asimismo, en 1947 Dubuffet creó el Foyer de l’Art Brut en el sótano de la Galería Drouin, donde entre octubre y noviembre de 1949 se celebró la exposición L’Art Brut. Aquel invierno se expusieron en el Foyer obras de Heinrich Anton Müller, internado en el hospital de Münsingen desde 1906 hasta su muerte y a quien años más tarde Dubuffet dedicó un artículo en la revista L’Art Brut (1964). En 1948 tuvo lugar la fundación de la Compagnie de l’Art Brut, en la que también participaron Jean Paulhan y André Breton, y que fue disuelta a comienzos de los cincuenta, en parte por discrepancias con el último, por ejemplo, con respecto a la existencia de un “arte de los locos” cuya existencia niega Dubuffet alegando que tampoco existe un “arte de los enfermos de rodilla”. La Compañía inició una nueva andadura pocos años más tarde, instalándose durante la década de 1960 en una mansión de la calle Sèvres de París que Dubuffet calificó de “laboratorio de estudios e investigación”. De este modo se adquirió una importante colección de obras que a partir de 1971 fueron donadas a la ciudad de Lausana. De la actual Collection de l’Art Brut de la citada ciudad suiza pueden verse en el IVAM ejemplos que revelan una extrema delicadeza y una imaginación desbordante, como la composición a tinta titulada Pierre, Lili (1956), de la espiritista Laure Pigeon; Sin título (Animal alado de ojos verdes) (1935-1949), ensamblaje de madera pintada de Auguste Forestier –internado en un hospital psiquiátrico desde los 27 años hasta su muerte–; o el dibujo a lápiz y grafito Sin título (Le grand chemin de fer du ravin de la colère), que Adolf Wölfli diseñó estando interno en el Hospital de la Waldau de Berna en 1911.

Jean Dubuffet fue un experimentador nato siempre en pro de una libertad expresiva que renovara todo lenguaje artístico y permitiera aflorar la creatividad del individuo sin ningún tipo de condicionamiento anterior –no en vano el artista reconoció la influencia del dadaísmo y el surrealismo en su pensamiento–. Así, en la exposición de Valencia sorprende su collage de alas de mariposa titulado Jardín mulato (1955), la grabación sonora experimental La Fleur de Barbe (1960) o la ruptura con la elección del sujeto de la representación y el campo visual tradicionales que suponen tanto Misiones secretas (1953) como el enfoque macro de Topografía con camino terroso (1959). Igualmente, despierta la atención del espectador la textura empastada de su lienzo Piedra de Dordoña(1952), que simula la materia pétrea donde desde la Prehistoria el arte revela sus potenciales imágenes –en línea con su defensa del animismo que manifiesta su Natura Genitrix (1952)– y, finalmente, su última publicación Oriflammes (1984), libro de cuatro páginas manuscritas acompañado de 16 serigrafías donde Dubuffet llama a liberar la mirada de los nombres dados a las cosas para descubrir las muchas más que existen al margen del viejo y caduco repertorio. Y es que el autor de Le Havre se opuso a todo tipo de convencionalismo cultural pues “si cambia el lenguaje lo hará el pensamiento”. Ahora bien, si es cierto que el propio Dubuffet, en el intento de “cuestionarlo todo” y “reinventar una medida con su propio rasero de criterios y posturas que hasta ahora no han sido descubiertos por la cultura” cayó él mismo en la paradoja y la contradicción, no hay que olvidar que en la carta que escribe al crítico de arte Gaëtan Picon en París el 20 de noviembre de 1969 reconoce lo siguiente:

“Sé que todos estamos fuertemente condicionados por la cultura y que no nos podemos alejar jamás ni totalmente de sus condicionamientos, de sus referencias. Pero que no podamos hacerlo totalmente, no supone que no lo podamos hacer un poco (en mayor o menor medida) y que al menos tengamos o no tengamos el deseo de hacerlo. Eso existe, es una postura del espíritu que existe”. [Carta a Gaëtan Picon, en Prospectus et tous écrits suivants, vol. IV, París, Gallimard, 1995, págs. 279-280]

Con cinquenta años, Dubuffet vio celebrarse su primera retrospectiva en la Galería Rive Gauche de París y expuso en los Estados Unidos de América. Desde ese momento se sucedieron sus exposiciones personales, destacando la primera retrospectiva del MOMA de 1962, así como el nacimiento de la Fundación Dubuffet en 1973.

Jean Dubuffet murió en París el 12 de mayo de 1985, habiendo legado a la posteridad algo más que una obra excepcional en múltiples áreas de expresión artística: su figura será siempre un referente en la Historia del Arte universal por la defensa de una actitud de firme compromiso con la defensa de la libertad creadora del individuo.

Bibliografía:
Jean Dubuffet. Un bárbaro en Europa/ Jean Dubuffet. Un bàrbar a Europa(catálogo de exposición), Valencia, IVAM, 2019 [Textos de José Miguel G. Cortés, Baptiste Brun, Isabelle Marquette, Vincent Debaene, Jean Dubuffet].

Jean Dubuffet. Un bárbaro en Europa/Jean Dubuffet. Un bàrbar a Europa
En el Institut Valencià d’Art Modern (IVAM).
Del 8 de octubre de 2019 al 16 de febrero de 2020.
Más información en: www.ivam.es