Desde el 19 de septiembre de 2019 hasta el 12 de enero de 2020 permanecerá abierta al público en la Fundación Mapfre Sala Recoletos la exposición Boldini y la pintura española a fines del siglo XIX. El espíritu de una época. 

El apasionado del arte o simplemente el curioso que decida visitar la muestra se encontrará ante un conjunto de casi ciento veinte piezas que permite conocer por primera vez en nuestro país la obra del artista italiano Giovanni Boldini (1842-1931), así como la de una serie de pintores españoles, entre los que se cuentan figuras de la talla de Mariano Fortuny (1838-1874) o Raimundo de Madrazo (1841-1920) quienes, junto al italiano y como muy bien señala el título de la exposición, reflejan a través de sus composiciones “el espíritu de una época”.

Articulada en seis secciones, la primera se encuadra bajo el título de Boldini en Florencia: la invención del retrato macchiaioloy abarca los años que transcurren entre 1864 y 1870. Conviene recordar al respecto que cuando el pintor llegó a la ciudad del Arno contaba con 22 años y una cierta experiencia como maestro. De origen humilde, había nacido una notte di capodanno o nocheviejaen la ciudad de Ferrara y era el octavo de los hijos del pintor y restaurador Antonio Boldini, lo que le posibilitó formarse desde muy pequeño en el taller de su progenitor. Prontamente aprendió a dibujar con gran maestría y el pequeño Zani –como cariñosamente era conocido– ya había conseguido labrarse cierto renombre en su ciudad natal a la edad de 18 años.

Una vez en Florencia se matriculó en la Academia pensando en perfeccionar su estilo, aunque el tipo de pintura que desarrolló durante ese tiempo se acercó más, sin embargo, a las obras de los Macchiaioli (o‘manchistas’). Fueron estos un grupo de pintores que, como posteriormente harían los impresionistas, rechazaron el academicismo, construyendo sus obras a base de pinceladas rápidas y preocupándose mucho menos por el dibujo que por el color, cuya aplicación a base de manchas motivó el apelativo que les fue asignado, inicialmente de forma peyorativa.

Estos artistas se reunían frecuentemente en el Caffè Michelangiolo, donde Boldini comenzó a frecuentarlos para posteriormente colaborar con ellos en –como se señala desde la exposición– “la renovación del género del retrato”. De hecho, algunos de los que realizó estos años –como los de sus colegas pintores Fattori, Cabianca o de su buen amigo y mecenas Cristiano Baldi– son considerados por el especialista Enrico Piceni auténticas “obras maestras”. De gran calidad es, asimismo, otra de las piezas que podemos contemplar en la muestra: el retrato de Estebán José Andrés de Saravalle de Assereto “el general español”. En este lienzo Boldini consigue plasmar una imagen de gran fuerza y viveza que nos revela su dominio del arte de la retratística.

A continuación, el recorrido que plantea la exposición se detiene en La primera manera francesa de Boldini (1871-1879) y es que en 1871 el ferrarés decide trasladarse a París, lugar que ya había visitado con anterioridad y que le había cautivado. No hay que olvidar que ‘la ciudad de la luz’ era por aquel entonces un foco de atracción para numerosos artistas llegados de diferentes partes de Europa: muchos pintores italianos, así como españoles encontraron allí fortuna y el joven Zani no iba a ser una excepción.

Afincado en Montmartre, en estos primeros años parisinos Boldini dio un giro a su pintura, centrándose en composiciones que, frente al retrato, apostaban por escenas de la vida cotidiana, representaciones de carácter exótico donde “lo español” estaba muy presente o cuadros denominados “a la moda”, en los que el pintor nos muestra a una boyante burguesía ajena a los problemas sociales del momento, emplazada en ricos y ornamentados interiores o disfrutando de opulentos y bellos jardines.

Una de sus ‘musas’ favoritas en esta época resultó ser una joven y sensual mujer llamada Berthe, quien terminaría convirtiéndose en su amante y en la protagonista de una importante serie de sus obras. La joven vendría a engrosar la larga lista de damas que se rindieron a los pinceles y al encanto de Boldini, lo que le ha llevado a recibir el sobrenombre de ‘el pintor de las mujeres’.

En París Boldini trabajó para el marchante Goupil, que también contaba en su haber con obras de pintores como De Nittis, Fortuny o Meissonier, artista este último de gran éxito en aquel tiempo. No obstante, aunque la extrema belleza que caracterizaba las representaciones del francés influyó a más de un pintor contemporáneo, Boldini supo resistir la tentación y “evitó la mera imitación”del lionés para dirigir su mirada más bien hacia Fragonard, Watteauy “la gracia y el color de la tradición veneciana”, en palabras de Piceni.

Más adelante, con Ecos de Boldini en la pintura española de fines de siglo, la muestra posibilita contemplar obras de pintores españoles que, como Eduardo Zamacois, Román Ribera o Rogelio de Egusquiza, acudieron a la capital francesa durante el último tercio del siglo XIX con la intención de ampliar su formación en “ese laboratorio cultural en que se había convertido la ciudad”.

En general, estos artistas cosecharían cierta fortuna al producir, como también haría Boldini, cuadros de pequeño formato con, o bien escenas costumbristas en las que triunfaban los ambientes de los siglos XVII y XVIII, los interiores y las tradiciones populares –muy apreciados todos ellos por el gusto burgués–, o bien representaciones paisajísticas –un género que igualmente comenzó a despuntar por aquellos años–. En efecto, la exposición nos presenta algunos ejemplos de este tipo de lienzos como Playa de Portici, el paisaje más importante del reusense Mariano Fortuny quien, demostrando un gusto muy similar a los Macchiaioli, concedió a la luz y el color total protagonismo en su obra.

Sea como fuere, con Boldini pintor de la vida moderna (1880-1890) traspasamos el ecuador de la muestra, que ahora nos sitúa en el momento en que se consolida la carrera del artista italiano. En el año 1874, su participación en el Salón le reportó una mayor celebridad y por ende una mayor clientela: personalidades del mundo de las finanzas, nobles o nuevos ricos comenzaron a visitar su taller y, a finales de la década de 1870, el maestro se había convertido ya en uno de los pintores más importantes de los denominados “retratistas mundanos”. Su pintura da un nuevo giro durante esta etapa, en la que su relación con una generación de artistas más jóvenes como John Singer Sargent o Paul César Helleu le hace compartir “una misma idea de renovación del género”. En este periodo también París se vuelve protagonista de sus obras: los cafés, las plazas, las grandes avenidas nos permiten, a modo de crónica, conocer la vida de la época a través de amables personajes que son captados en sus quehaceres diarios.

Por otra parte, fue en 1882 cuando Boldini colgó sus obras en la primera exposición de la Sociedad Internacional de Pintores y Escultores celebrada en la galería Georges Petit de París. Aquí, realizaría los primeros retratos de la condesa Gabrielle de Rasty, una fascinante mujer que en palabras de Enrico Piceni “le reveló los secretos de la alta sociedad parisina”. A la atractiva dama, la retrató en varias ocasiones y estas composiciones, al igual que ocurrió con las de las hermanas Concha de Ossa, fueron catalogadas como el eje de la “feminidad suprema, irresistible, arrebatadora y, al mismo tiempo, ingenuamente correcta y púdica de la auténtica señora, de la gran dama”.

Finalmente, las dos últimas secciones denominadas Los pintores españoles y el retratoBoldini el retratista de la Belle Époque (1890-1920) clausuran la muestra. En estas salas trabajos de artistas nacionales del renombre de Zuloaga o Sorolla dialogan frente a frente con las obras del ferrarés. Pequeños y delicados bodegones, desnudos cargados de sensualidad o retratos donde la alta sociedad se erige de nuevo en protagonista, completan la visión de la trayectoria artística de este genial autor decimonónico.

Es aquí donde brillan con luz propia figuras como la del pintor James Abbott McNeill Whistler al que Boldini retrata sentado, en actitud relajada y mirando sagazmente al espectador. El pintor norteamericano vestido de etiqueta, emerge de un fondo más opaco aún que su vestimenta y recuerda algunas composiciones retratísticas del Greco. La fuerza y profundidad psicológica que el italiano ha sabido captar en su modelo parecen “conferirle vida [y] le otorgan un movimiento que hace reconocible al maestro incluso en medio de una multitud”.

No obstante, serán los retratos femeninos los que verdaderamente constituyan el punto álgido de esta parte final de la exposición: mujeres bellas, elegantes, seguras de sí mismas a las que Boldini, como señala Tiziano Panconi –uno de sus máximos especialistas–, “pintó con miradas inteligentes (…) no se limitó a reflejarlas al lado del hombre, sino que las retrató como verdaderas protagonistas de su tiempo mirando al futuro al que desean enfrentarse”.

Estas mujeres se convierten en divas, posan de forma cautivadora, atrayente y espontánea gracias a la instantaneidad que el ferrarés consigue a través de unas pinceladas rápidas, apresuradas o, como apostilla Besson, “diabólicamente virtuosas”. Comisariada por la historiadora del arte especialista en el pintor italiano, Francesca Dini, y la conservadora de colecciones de la Fundación Mapfre, Leyre Bozal Chamorro, la exposición permite admirar piezas de un nutrido y selecto grupo de museos diseminados por todo el mundo como el Brooklyn Museum de Nueva York, la Galleria degli Uffizi en Florencia o el Musée d’Orsay de París, así como numerosos ejemplos de obras pertenecientes a importantes colecciones particulares que brindan una oportunidad única en nuestro país para descubrir la pintura del ferrarés Giovanni Boldini.

Boldini y la pintura española a fines del siglo XIX. El espíritu de una época
Del 19 de septiembre de 2019 al 12 de enero de 2020.
En la Fundación Mapfre Sala Recoletos de Madrid.
Más información en www.fundacionmapfre.org/fundacion/es_es/exposiciones/sala-recoletos/

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