En 1961 Delphine Seyrig (1932-1990), que por aquel entonces contaba 29 años, protagonizó la película El año pasado en Marienbad de Alain Resnais (1922-2014), film que supuso un revulsivo en su apenas estrenada carrera cinematográfica, reportándole celebridad y reconocimiento internacional.

La actriz era una mujer de gran belleza, cautivadora y elegante que pronto vio cómo se le ofrecían papeles muy similares al de la película que la había encumbrado a la fama: mujeres atractivas y seductoras que abrumaban e inquietaban a los hombres a la vez que los fascinaban. Como señalan Nataša Petrešin-Bachelez y Giovanna Zapperi, comisarias de la exposición Musas insumisas. Delphine Seyrig y los colectivos de vídeo feminista en Francia en los 70 y 80 “desde los inicios del cine, las actrices han desempeñado un papel crucial en la reproducción de estereotipos y la ideología de género [y] Delphine no constituye una excepción”.

Ahora bien, la actriz de origen libanés no iba a conformarse con su condición de estrella del celuloide sino que, más bien al contrario, se sirvió del estatus y el prestigio que su trabajo le confería, no solo para deconstruir la imagen de diva que hasta entonces se le estaba asignando, sino también para, junto a algunos de los movimientos feministas que emergieron en la Francia de los años 60 y 70 y a los que fervientemente se unió, luchar por los derechos de las mujeres independientemente de su raza, creencias o posición social.

Tanto en su ámbito privado como en el público, Delphine se convirtió en una militante, una idealista que enarbolaría la bandera del feminismo hasta sus últimas consecuencias, encarnando la premisa feminista de “lo personal es lo político”Y es precisamente el momento en el que comienza a expresar y defender públicamente sus inquietudes políticas y a dar sus primeros pasos como activista, el que sirve de punto de partida para la exposición organizada por el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS) en colaboración con LaM Lille Metropole y el Centre Audiovisuel Simone de Beauvoir, en cuya creación participó precisamente la propia Delphine.

La muestra nos brinda, como bien señala el Ministro de Cultura Don José Guirao, “la oportunidad de conocer su poliédrica labor”, así como la de otras feministas de la Francia de esos años. Y lo hace a través de unas 230 piezas entre fotografías, vídeos, documentos y películas que, agrupados por secciones temáticas y repartidos en 11 salas, informan sobre los controvertidos problemas a los que durante aquellos años hicieron frente las militantes.

A partir de la década de 1970 Seyrig empezó a trabajar principalmente con mujeres, rodando bajo las órdenes de Marguerite Duras (1914-1996), Chantal Akerman (1950-2015), Patricia Moraz (1939-2019) o Ulrike Ottinger (1942-) entre otras realizadoras que, de acuerdo con el director del MNCARS, Manuel Borja-Villel, asumieron como propia “la necesidad de concebir la actuación como acción”, incorporando de forma más o menos explícita “la perspectiva de género en sus obras”. Cabe destacar igualmente el encuentro de la actriz con la directora de cine y también feminista Carole Roussopoulos (1945-2009), quien había fundado junto a su marido el primer colectivo de vídeo militante: Video OutSu amistad dio lugar a una lucha conjunta que, gracias al empleo de las nuevas tecnologías, las convirtió en cineastas-militantes.

En este sentido, conviene tener presente que la conocida como Portapack, comercializada a mediados de los años sesenta, fue la primera cámara de vídeo portátil. Resultaba fácilmente manejable, era económica y permitía rodar en exteriores incluso en precarias condiciones de luz, lo que la convirtió en una herramienta fundamental para captar y expresar ideas, así como en un importante medio de reflexión. Según relataba la propia Seyrig: “para mí supuso la posibilidad de hacer cine sin tener que pedir nada a nadie […] una revelación, un placer enorme, una revancha incomparable contra el hecho de que me convocaran a las seis de la mañana para peinarme, maquillarme y rodar, de que tuviera que estar así o asá”. Tanto ella como otras compañeras de profesión –regidoras, guionistas etc.– no tardaron en emanciparse y a través del vídeo obtuvieron la posibilidad tanto de rebelarse contra la industria cinematográfica que hasta entonces las había relegado a papeles secundarios, como de afrontar cuestiones más espinosas como la prostitución o el aborto, reivindicados durante esos años por los movimientos de la liberación de la mujer en Francia.

Hacia 1975 Roussopoulos, Seyrig y su íntima amiga la traductora Ioana Wieder crearon una suerte de asociación denominada Les insoumuses (Las insumusas), origen de una serie de vídeos en pro de colectivos marginados como los homosexuales o del movimiento antipsiquiatría. El grupo salía a la calle y documentaba manifestaciones y protestas, así como denunciaba y condenaba a través de las filmaciones el papel de las mujeres en campos como la política, los sindicatos o el cine, donde en la gran mayoría de los casos, la representación y los cargos más notables eran ejercidos únicamente por hombres. Uno de los documentales más significativos y tempranos del grupo, Sois belle et tais-toi! (Calladita estás más guapade 1976, da prueba de su método y de su conciencia política y reivindicativa, pues a través de la actuación de veinticuatro actrices francesas, inglesas y americanas –entre las que destacan nombres como los de Jane Fonda (1937-) o Maria Schneider (1952-2011)–, se narraba el día a día en los rodajes, su experiencia profesional, el trato con los actores o directores o lo que opinaban sobre los roles que se les asignaban, plasmándose igualmente otras exigencias como la necesidad de que se creasen papeles femeninos de mayor calado, escritos por y para mujeres.

La parte más política de la exposición comienza de hecho con la proyección de alguno de estos vídeos filmados en los setenta, que también abordan temas como la prostitución. La obra Les Prostituées de Lyon parlent (Las prostitutas de Lyon hablan), de 1975, dio protagonismo a la voz y a los rostros de esas mujeres para que pudieran explicar las condiciones en que trabajaban, permitiéndoles reclamar en primera persona sus derechos y una mayor libertad y respeto.

Por otra parte, las luchas transnacionales también fueron de su interés, puesto que las activistas no se conformaban con ceñirse a su propio ámbito de referencia, sino que su reivindicación era de carácter internacional, global. Conscientes de su posición privilegiada como mujeres blancas, cultas y con trabajos bien remuneradosintentaban ayudar a otras menos afortunadasque ellas, dando a conocer sus historias, sus dramas vitales o sus miserias. Uno de estos testimonios tuvo como protagonista a la brasileña Inês Etienne Romeuquien debido a su condición de presa política fue encarcelada, violada y torturada en reiteradas ocasiones durante 1971. Su penosa experiencia fue retratada por Seyrig en su obra Inés, fechada en 1974.

Años después, Wieder, Seyrig y Roussopoulos fundaron en París el Centre audiovisuel Simone de Beauvoir (1982), que ocupaba un edificio de tres plantas dedicadas al montaje y visionado de vídeos, tareas administrativas y de atención al público. Las promotoras tenían como fin principal el archivo y la realización de vídeos para que –como señala Nicole Fernández Ferrer (la que fuese archivera-documentalista del Centro)– sirviesen “de base de reflexión y debate”. Eran obrasen las que se analizaban cuestiones relativas a la autonomía sexual de las mujeres, su explotación sexual, la situación de las inmigrantes en el país o el auge del movimiento de liberación gay y lésbico, entre otros. 

Tras un paréntesis de once años (1993-2004), hoy la institución sigue en activo y ha resultado fundamental para la transmisión, difusión y conservaciónde todas las obras producidas por las activistas feministas, lo que constituye, a decir de las comisarias de la muestra, “el núcleo de la exposición” que estos meses puede visitarse en el MNCARS.

En definitiva, el empoderamiento de la figura femenina, la lucha por la igualdad y por los colectivos menos favorecidos –reivindicaciones que siguen vigentes en la actualidad–, fundamentan la que, de acuerdo con Borja-Villel, puede definirse como una “exposición necesaria”.

Musas insumisas. Delphine Seyrig y los colectivos de vídeo feminista en Francia en los 70 y 80
En el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid.
Del 25 de septiembre de 2019 al 23 de marzo de 2020
(Hasta el 27 de julio de 2020)
Más información en www.museoreinasofia.es
Fuente bibliográfica de referencia:
Nataša Petrešin-Bachelez, Giovanna Zapperi, Alexandre Moussa, Ros Murray, François Vergès, Élisabeth Lebovici, Nicole Fernández Ferrer, Musas insumisas(cat. exp), Madrid, MNCARS, 2019. 

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