En 2005 se declaró ‘Parque natural’ la Serra Gelada, un área protegida de 5564 hectáreas que abarca parte de los términos municipales de L’Alfàs del Pi, Benidorm y Altea, en la provincia de Alicante. Se trata, por tanto, de lo que el Técnico de apoyo de gestión de espacios protegidos de la Comunidad Valenciana y antiguo Director del parque, Eduardo Mínguez, define como “un punto caliente de biodiversidad en un punto caliente turístico”, hecho que implica, además del clásico mantenimiento de los recursos naturales, la necesidad de ofrecer ciertos servicios a la ciudadanía. No obstante, no es esta la única particularidad que caracteriza la Serra Gelada, puesto que a su ubicación es preciso añadir la singularidad de haber sido el primer Parque natural marítimo terrestre de la Comunitat, correspondiendo al medio marino 4920 hectáreas de su superficie total –un rasgo distintivo que a día de hoy comparte únicamente con la castellonense Serra d’Irta–.

Así pues y en función de esta doble especificidad, la Serra Gelada exige tanto “mirar a la costa” como “mantener una ordenación que evite cualquier tipo de impacto medioambiental”, no teniendo por qué darse ninguna incompatibilidad, según Eduardo Mínguez, entre su condición de reserva natural y el importante número de turistas que a lo largo de todo el año llega a las localidades de los alrededores. Además, “el turista de Benidorm también es consumidor de naturaleza” solo por el mero hecho de “disfrutar del clima, el paisaje y unas aguas de calidad”, subraya Mínguez, por lo que, al margen de cualquier intención moralizante, la protección de los recursos naturales garantiza de por sí la satisfacción del turista de sol y playa. Y es que, en definitiva, “no debe decirse cómo disfrutar, sino estudiar la manera de reducir el impacto; no hay pues conflicto entre el número de turistas y la gestión: el único conflicto es de ideas y de recursos”, recalca Eduardo Mínguez.

En cualquier caso, es relevante reseñar que la cifra anual de visitantes del Camino viejo al faro de la Serra Gelada ha alcanzado la considerable cantidad de 170.000 personas, lo que evidencia la importancia creciente del ecoturismo en la zona. En consecuencia, durante los últimos años se han tomado diferentes iniciativas para promocionar el parque natural en los municipios que lo conforman –pues otra peculiaridad de la Serra Gelada es su gestión compartida entre la Comunidad Valenciana y los ayuntamientos de L’Alfàs del Pi, Benidorm y Altea–. De ahí, por ejemplo, la instalación de diferentes paneles informativos tanto en la Playa de Levante y el acceso de La Creu en Benidorm, como a lo largo del Camino viejo del Faro en L’Alfàs del Pi. En esta localidad, además de haberse inaugurado una estructura de recepción de visitantes junto a un nuevo aparcamiento, el ayuntamiento ha acondicionado el antiguo Cuartel de Carabineros –erigido en 1829 con la finalidad de perseguir el contrabando de mercancías– para acoger las dependencias del Centro de Educación Ambiental Carabineros, cuyo proyecto de rehabilitación aún no ha concluido totalmente, previéndose, entre otros servicios, la futura instalación de una sala de audiovisuales que proporcione al público información sobre la Serra Gelada –aunque, como se opina desde el propio CEA, antes que apostar por este tipo de medios interactivos, las administraciones deberían pensar más en mejorar las condiciones que propicien una toma de contacto directa del visitante con la naturaleza, pues únicamente in situ es posible descubrir los verdaderos atractivos del entorno–.

A este propósito cabe resaltar que, antes de su declaración como Parque natural, el alto valor ecológico de la Serra Gelada ya era reconocido por Red Natura Europea, debido sobre todo a sus especies endémicas y a las extensas praderas de posidonia oceánica que se acumulan en sus aguas. Precisamente, para evitar el impacto medioambiental del anclaje de las embarcaciones se han instalado boyas de amarre con un sistema de enganche respetuoso con el medio. A este respecto, también existen restricciones en lo relativo a la velocidad y desembarco, únicamente admitido de forma libre en la Isla de Benidorm –dado que en aguas del Parque natural se encuentran asimismo la isla Mitjana y los islotes de la Olla y la Galera–.

Geológicamente, la Serra Gelada se extiende longitudinalmente a lo largo de seis kilómetros entre las bahías de Altea y Benidorm, descendiendo su relieve con cierta suavidad hacia el interior peninsular y presentando una escabrosa sucesión de acantilados hacia el Mediterráneo. La contemplación de sus dunas fósiles colgadas –constituidas por eolianitas, o rocas formadas por la litificación de los depósitos de arenas transportadas hasta allí por el viento durante más de cien mil años– supone un espectáculo inigualable. En cuanto a la vegetación dunar, cabe destacar la camarina o camariña (corema album) por ser propia de la vertiente atlántica y que se cree pudo haber llegado a la zona transportada por aves. Otra especie que merece tenerse en cuenta es la silene de Ifach (silene hifacensis) pues, encontrándose al borde de la extinción, ha sido la primera planta a la que se ha dedicado un plan de recuperación en la Comunidad Valenciana. Además, entre los matorrales característicos de la Serra Gelada sobresalen el esparto, el romero, el enebro y el brezo, mientras que su no muy elevada masa forestal se compone esencialmente de pino carrasco.

En lo concerniente a la fauna, el parque natural cuenta con la presencia del halcón peregrino, el cormorán moñudo, la gaviota de Audouin y el paiño europeo, que en la Isla de Benidorm ha formado una de las mayores colonias del Mediterráneo occidental. Igualmente, la gran biodiversidad de la Serra Gelada se manifiesta en los pisos infralitorales, como en el arrecife rocoso de la Llosa, situado al sur de la Isla de Benidorm, un espacio de reconocido prestigio entre los practicantes del submarinismo, con peces, crustáceos, moluscos y estructuras coralinas como la gorgonia blanca
–incluso sobre algunas de las rocas del parque pueden descubrirse fósiles de animales extinguidos como los moluscos bivalvos llamados Condrodontos–. Por último, tampoco ha de olvidarse que en aguas de la Serra Gelada puede avistarse una de las escasas poblaciones de delfín mular existentes en aguas de la Península Ibérica.

Sea como fuere, el patrimonio que atesora este parque natural no se limita al medio ambiente. Volviendo la vista atrás en el tiempo, la presencia humana en el litoral de la Serra Gelada dataría de hace 50.000 años, atestiguando los hallazgos arqueológicos del Tossal de La Cala de Benidorm la existencia de actividad pesquera en las aguas del Parque natural ya en tiempos de los íberos. Asimismo, se tiene constancia de la extracción de ocre en el lugar desde época fenicia, una explotación que continuó hasta mediados del siglo XX. Concretamente, durante las últimas décadas del XIX la explotación llamada Mina Virgen del Carmen estuvo dirigida por la familia Soler-Devesa y, en particular, por Esperanza, la mujer del capataz emigrado a Argelia en 1888. Hoy pueden observarse la vivienda de este y los pilares sobre los que discurrían los raíles que permitían trasladar las vagonetas hasta la orilla, desde donde el mineral era llevado a un barco fondeado en la bahía. Por otra parte, este espacio vivió un periodo de gran trascendencia histórica a raíz de la conquista de Jaume I, cuando el abandono de los sistemas de riego árabe y la escasez de agua obligaron a desarrollar una pesca de subsistencia que, gracias a avances como la brújula, fue transformándose en una importante fuente de riqueza económica. Como contrapartida, el comercio marítimo trajo aparejada la piratería y la consecuente construcción de fortificaciones y torres vigía en la costa, como la llamada Bombarda y la de la Punta del Cavall –también conocida como de Les Caletes–, que se hallan dentro del área que ocupa la Serra Gelada y desde las que también pueden divisarse otras cercanas como la del Aguiló junto a La Cala de Finestrat o la de la Cala del Xarco en La Vila Joiosa. Muchas de estas construcciones –que fueron destruidas o sufrieron severos daños durante la Guerra de la Independencia (1808-1814)– fueron impulsadas durante el reinado de Felipe II, en cuyo tiempo ya se advertía de que la Isla de Benidorm “era el mayor refugio de corsarios de todo el reino”.

Todo este patrimonio natural, histórico y artístico es objeto de un importante trabajo de preservación. En lo que al medio ambiente se refiere, en la Serra Gelada se llevan a cabo de forma constante y sistemática tareas de seguimiento ecológico por parte de un equipo integrado por personal de la Conselleria de Medio Ambiente de la Comunitat Valenciana y de los tres ayuntamientos implicados en la gestión del Parque natural. Se dispone, por consiguiente, de cuatro personas encargadas de la conservación y mantenimiento que cuentan con un vehículo equipado para el desarrollo de sus funciones; un barco de vigilancia tripulado por un patrón y un marinero titulados en buceo profesional y con formación como guardias jurados; dos educadores medioambientales y, por último, un técnico de apoyo en la gestión de espacios protegidos. A este conjunto ha de añadirse la figura de un guardia rural en Benidorm y otras dos personas que en L’Alfàs del Pi reciben al público en el Centro del Interpretación del Faro y en el Acceso del aparcamiento, respectivamente. Tampoco ha de olvidarse la labor desempeñada por las brigadas de seguimiento de la biodiversidad de la Comunitat para evitar la desaparición de especies, o los contratos firmados con las universidades valencianas para promover la investigación en el medio natural, como es el caso del estudio de la posidonia que desde hace más de veinte años viene realizando el Instituto de Ecología Litoral.

Con respecto a la comunicación ambiental, además de los carteles divulgativos referidos anteriormente y de la información que se proporciona en el CEA, el Centro de Interpretación del Faro, el acceso del parking, los clubes náuticos o desde el propio barco de vigilancia, se programan visitas guiadas dirigidas a escolares –entre semana– y al público en general –de dos a cuatro veces cada mes en fines de semana o festivos–. Algunas de ellas, como la realizada en colaboración con la Cofradía de pescadores de Altea, han permitido que el público se familiarice con la actividad pesquera que se lleva a cabo en aguas del Parque natural de la Serra Gelada, una ocupación la de la captura y posterior venta en lonja del pez de la bahía que cuenta con la certificación de ‘economía sostenible’. Entre otras propuestas, conviene citar asimismo las jornadas de avistamiento de delfines y aves marinas en aguas de la Serra Gelada, la observación astronómica en el faro o las visitas a plantas de transformación de residuos.

Tras conversar con Eduardo Mínguez en el CEA Carabineros, es uno de los educadores medioambietales, José Santamaría ‘Santa’, quien nos acompaña durante parte del recorrido que desde El Albir de L’Alfàs del Pi conduce al Faro de la Serra Gelada. Esta es una de las rutas que se proponen al visitante dentro del parque natural y que no ofrece gran dificultad al paseante o al ciclista, al tratarse de la vía asfaltada que en su día sirvió de antiguo camino de servicio al Faro y que se abrió en 1963 en sustitución de la trazada durante la construcción del inmueble –inaugurado en 1863 dentro del Plan General para el Alumbrado Marítimo de las costas y pueblos de España e Islas adyacentes (1847), con el que se pretendía poner fin al atraso que experimentaba el país en este campo–. Desde uno de los miradores de la senda puede contemplarse la bahía de Altea hasta la localidad de Calpe y su famoso Penyal d’Ifac. Una de las reacciones que Santa ha advertido de forma generalizada entre los turistas es su sorpresa al encontrar un paisaje inesperado frente al prejuicio que prevalece en la opinión pública acerca de la que se considera única y exclusivamente una zona destinada al consumo y a la explotación del turismo de masas. Además, frente a la omnipresencia de la playa en la imagen que la sociedad se forma habitualmente de la Comunidad Valenciana y, en concreto, de la provincia de Alicante, Santa destaca el valor paisajístico del interior y su accidentado relieve, que ha despertado el interés de numerosos aficionados a la escalada procedentes del norte peninsular. En este sentido, conviene recordar que desde esta unidad de gestión también se programan rutas de senderismo –como la del día 11 de diciembre, día internacional de las montañas– por el Puig Campana y el Ponotx, que se divisan desde la Serra Gelada conformando parte del límite occidental de la Marina Baixa y que fueron declarados Paisaje natural protegido en julio de 2006.

Para concluir, subrayaríamos dos de las cuestiones que surgen durante la conversación con Santa y que constituyen un interesante objeto de reflexión. En primer lugar y especialmente para una persona como él –que ha pasado su vida en contacto con la naturaleza y que profesionalmente se ha dedicado a ella como educador medioambiental y fotógrafo de aves–, es triste constatar la falta de interés y la despreocupación por el medio ambiente que puede apreciarse en gran parte de la población, algo que llama particularmente la atención en nuestros días y que, al margen del contexto actual, no deja de suponer la pérdida de una importante fuente de disfrute personal indispensable para la plena realización del individuo. Al mismo tiempo y en lo relativo a la administración de los espacios naturales, se genera el dilema entre la gestión y la costumbre, es decir, cómo actuar en un entorno de forma que pueda preservarse su biodiversidad sin acabar con la ‘vida’ que los usos humanos han dado a ese espacio o, lo que es lo mismo, evitar posibles daños sin prohibir ni cambiar las buenas prácticas que hasta el momento se han dado en él.

Parc natural de la Serra Gelada
El Parque natural de la Serra Gelada y su entorno litoral fue declarado por Decreto 129/2005 de 29 de julio del Consell de la Generalitat Valenciana. 
El Plan de ordenación de los Recursos Naturales de la Serra Gelada y su zona litoral fue aprobado por Decreto 58/2005 de 11 de marzo de 2005 del Consell de la Generalitat Valenciana.
La Travesía de la Serra Gelada, de aproximadamente seis kilómetros (solo ida) es únicamente apta para la práctica del senderismo, con una dificultad moderada-alta. La duración del recorrido sin paradas se estima en unas cuatro horas y el desnivel máximo alcanza los 438 metros de subida al Alto del Gobernador. Al no disponerse de fuentes durante el recorrido es necesario contar con buena provisión de agua. Indispensable es, asimismo, llevar calzado apropiado y protección solar.

Más información en www.parquesnaturales.gva.es

Un comentario sobre “La biodiversidad y turismo en el Parc Natural de la Serra Gelada (Alicante)”

  1. An interesting discussion is worth comment. I think that it is best to write more on this matter, it won’t be a taboo subject but usually persons are not enough to speak on such topics. To the next. Cheers

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