Hablar de la Posada del Peine es hablar del hotel más antiguo de España. Su historia se remonta a 1610, cuando Juan Posada transforma una antigua casa en la Calle Vicario Viejo (hoy Marqués viudo de Pontejos) en un establecimiento para hospedar a viajeros y gente de paso por la ciudad. Junto con el alojamiento, estos disponían de un espacio en la planta inferior donde dejar los caballos y el equipaje que pudieran portar consigo.

Además de la oportunidad de negocio que suponía la Posada, la ubicación escogida era inmejorable ya que en la Plaza Mayor, situada a tan solo unos metros, se realizaban las principales transacciones comerciales de la capital y, al mismo tiempo, en la vecina Casa de Postas se efectuaban las salidas y llegadas de los carruajes y diligencias tanto comerciales como de viajeros de la ciudad de Madrid.

Su peculiar nombre lo recibe gracias a un especial y lujoso amenity para la época que podía encontrarse en las habitaciones y que era un peine colgado del lavamanos para que nadie se lo pudiera llevar.

Durante casi dos siglos el inmueble fue propiedad de la familia Posada para, en 1796, pasar a manos de los hermanos Espino, quienes encargaron su ampliación a Francisco Álvarez de Acevedo. Mediante una licencia de edificación se añadió un piso en las dos fachadas del edificio, encargo que se llevó a cabo con la supervisión de Juan de Villanueva, arquitecto de la corte en aquel momento.

Hacia 1800 se ampliaron de nuevo las instalaciones de la Posada del Peine, modificándose el inmueble con la construcción de una casa contigua. En 1863 se realizaron reformas estructurales que la dotaron de un piso más y en 1891 se incorporó el tercer edificio, conformando la Posada tal y como la conocemos hoy a excepción del templete y reloj que la coronan, añadidos en 1892 con motivo del cuarto centenario del descubrimiento de América. 

Según las fuentes, la Posada del Peine disponía de 150 habitaciones de diferentes categorías y precios. Las mejores eran las exteriores ya que, además de poseer un mayor tamaño, contaban con aire fresco, al contrario de lo que ocurría con las interiores, que se describen como pequeñas, oscuras y sin ninguna comodidad.

Queremos resaltar una de ellas: la habitación 126, en la que según la leyenda se ubicaba un amplio armario con una alacena que mantenía oculta la escalera que llevaba a una habitación secreta donde debieron albergarse fugitivos e incluso amantes. La leyenda también cuenta que, posteriormente, el fantasma de una señora vestida de negro se ha aparecido en varias ocasiones tanto a huéspedes como a personal del hotel en el lugar donde se emplazaba esta singular habitación.

Por otra parte, no debe olvidarse que entre sus muros se alojaron desde el pintor José Gutiérrez Solana hasta la viuda de Gustavo Adolfo Bécquer, Casta Esteban, sin poder obviarse la mención que de la Posada hizo Camilo José Cela en  su discurso de ingreso a la Real Academia de la Lengua, dedicado precisamente a La obra literaria del pintor Solana y donde la califica de “histórica, destartalada y entrañable”.

La Posada del Peine cerró sus puertas en 1970 hasta que en el año 2005 la cadena hotelera Petit Palace llevó a cabo una espléndida reforma del inmueble conservando parte de su estructura original como las vigas de madera, la escalera principal, las paredes de ladrillo con rejas de hierro o el pavimento de la planta baja.

Las 67 habitaciones que hoy la componen se distribuyen en dos alas separadas por la escalera central y se disponen a lo largo de las cinco plantas en que se estructura el edificio, fruto de las sucesivas reformas y ampliaciones previamente detalladas. La recepción se ubica en la planta cero y la cafetería en la menos uno, en el espacio restaurado que correspondería a uno de los tantísimos pasadizos que conectan subterráneamente Madrid y que por su proximidad a la Plaza Mayor habría podido usarse como cárcel de la Inquisición. 

Dada su excelente ubicación, en pleno casco histórico y a un paso de las principales atracciones turísticas de la capital, la Posada del Peine se ha convertido esencialmente en lugar de alojamiento habitual de familias y parejas de procedencia tanto nacional como extranjera. Además de este tipo de visitante motivado por la búsqueda de espacios de ocio y turismo, el establecimiento también es demandado, si bien en menor medida, por personas en viaje de negocios. En cualquier caso, independientemente de cuál sea la motivación del desplazamiento, el actual Petit Palace Posada del Peine constituye, sin duda, una excelente opción para disfrutar de una agradable estancia en Madrid hospedándose en un edificio histórico donde la tradición y el casticismo se aúnan al confort y calidad de un hotel de cuatro estrellas de la renombrada cadena Petit Palace.

Por último, conviene reseñar que, entre sus múltiples servicios, el Petit Palace Posada del Peine no solo dispone de WiFi de acceso libre en todas sus habitaciones, sino también de iPads gratuitos para sus clientes e, incluso, cunas y sillas de paseo para niños. Cabe destacar, asimismo, la oportunidad que el hotel ofrece para descubrir la ciudad de forma saludable, rápida, económica y sostenible gracias al alquiler gratuito de bicicletas a sus huéspedes. Un medio de transporte el de la bicicleta que cuenta con una aceptación cada vez mayor en el sector turístico y que proporciona una experiencia inolvidable a la hora de conocer nuevas ciudades: todo un aliciente para el turista alojado en el Petit Palace Posada del Peine, cuya proximidad a la Puerta del Sol, la Plaza de Santa Cruz, la Plaza Mayor, el Palacio Real, así como a toda una serie de zonas verdes –Parque del Retiro, Jardines de Sabatini, Campo del Moro, Parque del Oeste, Ciudad Universitaria, Madrid Río–  proporciona una ocasión única de recorrer la capital a pedaladas.   

Petit Palace Posada del Peine
Calle Postas, 17, 28012. Madrid, España
Tfno.: (+34) 91 523 81 51
Email: posadadelpeine@petitpalace.com
Más información en www.petitpalaceposadadelpeine.com

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