Forma continua colgante, 1953

Durante más de medio siglo, Ruth Asawa (1926-2013) desarrolló una original obra que, ligera y trasparente tanto en su concepción, como en su técnica y empleo de materiales, desafió los cánones artísticos de su tiempo. Así, inspiradas en la naturaleza, sus esculturas de alambre en bucle o atado, sus fundidos de arcilla y bronce, además de sus origamis, pinturas, dibujos, cuadernos de bocetos y grabados realizados entre 1947 y 2006, contribuyen a desvanecer la frontera convencionalmente establecida entre figuración y abstracción o entre fondo y figura. Y es que, como resultado de su interés por la percepción sensorial y la (in)materialidad de sus creaciones, su producción siempre estuvo sujeta a las nociones de continuidad e intercambiabilidad a través de la línea, la forma y el espacio. Una práctica iterativa (pero nunca repetitiva) que responde a la acumulación de experiencias y conocimientos a lo largo de su vida, desde el trabajo en la granja de sus padres (inmigrantes japoneses y budistas zen) al estudio de la caligrafía oriental, sin olvidar, años más tarde, su paso por el Black Mountain College.

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A lo largo de toda su carrera importantes centros de arte e instituciones como la Peridot Gallery de Nueva York (1954-1958), el Pasadena Art Museum (hoy Norton Simon Museum), el San Francisco Museum of Art (1973) o el de Young Museum de San Francisco (2006) le dedicaron exposiciones individuales. Como colofón, aparte de su participación en muchísimas otras muestras, en 2022 se exhibió una selección de su obra en la LIX edición de la Bienal de Venecia y, desde 2025 y por primera vez tras su muerte, una retrospectiva itinerante de carácter internacional está visitando los Museos de Arte Moderno de San Francisco y Nueva York, el Museo Guggenheim Bilbao y la Fundación Beyeler de Basilea, donde finalmente concluirá el periplo de esta monográfica en enero de 2027. Comisariada por Janet Bishop (SFMOMA) y Cara Manes (MoMA) con la colaboración de Geaninne Gutiérrez-Guimarães (Guggenheim Bilbao), la exposición se articula en diez secciones que recorren las seis décadas de producción artística de Ruth Asawa, acompañando sus obras con fotografías y documentos.

Discriminación racial y formación progresista

A causa de sus raíces japonesas, Asawa tuvo que hacer frente a la discriminación racial desde la niñez. De este modo, nacida en Norwalk, en la California interior, la autora empezó a dibujar del natural en 1942 cuando, a causa de la II Guerra Mundial, permanecía internada en el Campo de detención de Santa Anita junto a su familia y otras personas de ascendencia japonesa (entre ellas los artistas que dirigieron sus primeros pasos en el mundo del arte). Dieciséis meses después, tras dejar otro campo de concentración para nipoamericanos en Rohwer (Arkansas), la joven se matricularía en el Milwaukee State Teachers College que, debido una vez más a la hostilidad existente contra los estadounidenses de origen japonés, se vio obligada a abandonar tres años después sin poder obtener su titulación acreditativa como docente de arte. Fue entonces cuando Asawa decidió inscribirse en el Black Mountain College de Carolina del Norte, notorio por su ambiente experimental e interdisciplinario de avanzados métodos pedagógicos, sin separación entre estudio, tareas diarias y creación artística. Sus cursos de matemáticas, filosofía, música y danza le permitieron asimilar las enseñanzas del diseñador y arquitecto Buckminster Fuller, del matemático Max Dehn, del bailarín Merce Cunningham o del artista Josef Albers (con quien, en sus propias palabras, ‘aprendió a ver’). También Asawa conoció allí a su futuro marido, el estudiante de arquitectura Albert Lanier. En 1949, tras derogarse en California la ley que prohibía el matrimonio interracial, la nueva pareja se estableció de forma permanente en San Francisco, donde residiría el resto de su vida con sus seis hijos.

Formas dentro de formas

Desde ese momento Asawa se dedicaría a la exploración de la construcción de las formas, a través tanto de sus esculturas espaciales de alambre en bucle como de sus dibujos planimétricos. De esta suerte alcanzaría su motivo artístico por antonomasia, esto es, una ‘forma continua dentro de una forma’, que ella describió como ‘una forma que está dentro y fuera simultáneamente’.

Estas esculturas están hechas con un alambre continuo […] que envuelve los volúmenes de manera transparente […] y genera formas dentro de formas. […] El alambre debe ser continuo y las configuraciones huecas solo pueden ser configuraciones que crecen de este modo.

Englobándose entre sí, las secuencias de esferas, las formas colgantes, las líneas curvas, los meandros, los lóbulos, capas y bucles, configuran superficies ininterrumpidas donde interior y exterior se revelan a un mismo tiempo, ya que ‘todo está conectado, todo es continuo’. En este punto cabe recordar el viaje que Ruth Asawa realizara a México en 1947, cuando la artista conoció el proceso de elaboración de las cestas de alambre, objetos que siguió trabajando hasta darles una forma cerrada. Gracias al dominio de esa técnica, Asawa descubriría ‘el emocionante potencial de esta manera de hacer escultura’.

Vocabulario artístico

Ya en la década de los años cincuenta, Ruth Asawa comenzó a participar en distintas exposiciones, a destacar sus tres individuales de la Peridot Gallery. Además, los encargos incrementaron su actividad creativa y dieron a conocer su obra no solo en el terreno de las artes plásticas, sino también en el del diseño, la arquitectura o la moda (despertando el interés de publicaciones como, por ejemplo, Vogue). De esta suerte, sus dibujos, estampas y relieves de papel le sirvieron de punto de partida para la decoración de interiores, llegando a exhibir Asawa sus propuestas en las sedes de Laverne Originals en San Francisco y Nueva York. No en vano y a pesar de su rechazo a comercializar objetos decorativos para el hogar, la autora creía que la línea dibujada podía alcanzar la tridimensionalidad gracias al empleo del alambre, convirtiendo sus formas escultóricas en ‘una extensión del dibujo’. Por eso la insistente exploración que llevaba a cabo para conocer todas las posibilidades de los materiales le permitía tomar un elemento y modelar su idea hasta alcanzar nuevas formas. Una multidisciplinariedad y continua experimentación, principalmente con alambre industrial enrollado a mano, pero también con el plástico o el papel, que dio lugar a una enorme variedad de composiciones, lo que en 1955 Asawa denominó: el ‘vocabulario de mi escultura’. Estructuras aparentemente simétricas y equilibradas cuyas formas, sin embargo, pueden experimentar variaciones según el punto de vista, el momento del día o su disposición con respecto a otras creaciones, puesto que cada una de ellas genera formas superpuestas, entrelazadas, colgantes, de porosidad matérica y continuidad lineal y volumétrica. Un conjunto que nace de la reiteración, dado que, tal y como escribió la autora en 1952, ‘la obra dicta su crecimiento’, lo que implica que ‘cuanto más se aprende al respecto, más oportunidades ofrece el proceso creativo’.

Contemplar, actuar, ser

Además, Ruth Asawa presta especial atención a la creación de los espacios negativos en dos o tres dimensiones, una inclinación que tiene su origen en el estudio meditativo de la caligrafía oriental en la que no importa tanto el signo como el espacio circundante: ‘no observas lo que hace tu pincel, sino lo que no hace, el espacio que lo rodea’, aseguraría la artista, para quien el volumen de sus esculturas también debería manifestarse en sus siluetas, incluso es sus propias sombras. Estos presupuestos los plasmará Asawa en una serie de dibujos a tinta inspirados por los árboles del Golden Gate Park, adonde la artista solía ir a dibujar. En general, cualquier motivo era una fuente de inspiración primordial para Asawa y su estudio lineal, formal y espacial, incluso las sillas de su propio domicilio. Y es que en su opinión las actividades de la vida cotidiana también encerraban en sí un especial potencial creativo, basta detenerse a observar para descubrir las formas artísticas que encierran, cómo interactúan sus elementos entre sí y con el entorno. Por eso sentenciaría Asawa en 1946: ‘Según se mira, se actúa’, y de ahí que ‘Según se actúa, se es’. Así, cuando en 1960 la artista se muda con su familia a Noe Valley, donde establece su estudio, trabaja tanto en su interior como en el exterior, dibujando sus alrededores, creando un espacio de colaboración con artistas y educadores, o haciendo origami y unas máscaras o moldes faciales de sus allegados que hoy dan prueba de sus relaciones personales y que inciden en ese ‘hacer es vivir’, entendiendo la acción como la realización de la vida y el arte.

Experimentación y compromiso

La única vez que la artista cultivó la técnica de la litografía fue en 1965, como resultado de una estancia de dos meses en el Tamarind Lithography Workshop de Los Ángeles, adonde fue invitada por mediación de Josef Albers. Fundado por June Wayne en 1960 para fomentar la colaboración entre diseñadores e impresores, el taller inspiró a Asawa la ejecución de cincuenta y cuatro estampas que exploraban la relación entre los valores positivos y negativos del proceso litográfico de inversión de imágenes. Sus diseños, que representaban motivos abstractos, familiares, sillas o flores como la Amapola (1965), le sirvieron para desmitificar la jerarquización de las artes, defendiendo que el grabado no era inferior a la pintura o la escultura, puesto que ‘una buena obra es importante independientemente de su categoría’. De hecho, a lo largo de su vida Asawa también experimentaría con la resina o el vidrio de colores.

En cualquier caso, a finales de esa década y bajo el influjo de su estancia en el Black Mountain College, el trabajo de la autora adquirió una nueva y amplia dimensión de compromiso público con la divulgación social del arte. Es entonces cuando Asawa empieza a trabajar como voluntaria en la escuela primaria de sus hijos, impartiendo clases de arte con materiales económicos, en lo que supuso un primer paso hacia el nacimiento del Alvarado School Arts Workshop, asociación de artistas y padres que, en un intento de brindar un enfoque práctico a la educación artística, fue cofundada por Asawa en 1968. Este programa creció hasta el punto de extenderse a docenas de escuelas en San Francisco, culminando en 1982 con la creación del instituto público School of Arts, que en honor de la autora pasó a llamarse en 2010, Ruth Asawa San Francisco School of the Arts. Su programa multidisciplinar se fundamenta en la búsqueda de una unidad corporal y mental a través de la creación plástica. A partir de aquel mismo 1968 distintos puestos en la San Francisco Arts Commission, el California Arts Council y el National Endowment for the Arts, reforzaron la posición de Asawa como defensora de las artes en la sociedad californiana. Asimismo, los proyectos artísticos que se le encargaron, a menudo colaborativos, testimoniales y conmemorativos, permitieron ‘completar el círculo’ de su filosofía artístico-vital, esto es: ‘aprender, aplicar, transmitir’.

La lección de la Naturaleza

Y para aprender y crear arte qué mejor que contemplar la naturaleza, ‘mi maestra’, como la llamaría Ruth Asawa. Por eso las composiciones de la artista no hacían sino abstraer geométrica y estructuralmente las formas de las flores de su jardín y otros tipos de vegetación, mientras que la transparencia de sus componentes se correspondía, por ejemplo, con la de las alas de una libélula inundada de luz solar. En realidad, las secuencias e iteraciones de Asawa tomaban como punto de partida el progresivo crecimiento de los organismos naturales que, paradójicamente, ella reproducía con materiales artificiales. Fue precisamente una planta seca del Valle de la Muerte que le fue regalada en 1962 la que, resultándole imposible de dibujar dada su complejidad, le inspiraría sin embargo una forma de esculpir a partir de haces de alambres ramificados que, configurando redes metálicas en sus infinitas variantes, jugaban con la génesis de espacios positivos y negativos a partir de un entramado de líneas, una labor creativa que la autora desplegaría a lo largo de toda su vida de manera gráfica o escultórica.

En lo concerniente al dibujo del medio natural, este supuso para Asawa una actividad que trascendería la misma observación del exterior para convertirse en un vínculo de unión con el mundo, pues ‘la vida dibuja’, tal y como sostuviera la artista al intentar expresar cómo el entorno y los acontecimientos determinaban su labor creativa. Así, los dibujos botánicos que lleva a cabo durante las décadas finales de su carrera son obras íntimas que responden, ya sea de modo figurativo o abstracto, a los obsequios recibidos por parte de sus familiares y amigos, hecho que expresan también sus títulos, véase el Ramo de San Valentín de [su hijo] Adam (1991). Una vez más esos trabajos que brotan siguiendo los patrones de crecimiento hacia el exterior de la naturaleza, nos dan testimonio de sus relaciones personales, de su entorno y del transcurso de su vida.

Afectada de lupus desde 1985, Asawa no cedió ante la enfermedad y mantuvo su labor de creación artística tanto en la privacidad de su hogar, que ella consideraba ‘mi estudio’, como en la esfera pública, demostrando siempre un fuerte compromiso político. En recuerdo de tantos japoneses víctimas de la discriminación, Asawa presentó en 1994 su Monumento Conmemorativo del Internamiento de Japoneses Estadounidenses, relieve de bronce comisionado por el Ayuntamiento de San José y realizado en colaboración con su hijo Paul Lanier y la artista Nancy Thompson. No es de extrañar que, galardonada por el presidente Joe Biden con la Medalla Nacional de las Artes de 2022 y segunda artista visual en recibir este honor a título póstumo, la artista cuente con representación en numerosas colecciones museísticas de prestigio internacional, entre las que se incluyen las del de Young Museum de San Francisco, el J. Paul Getty Museum de Los Angeles, el Los Angeles County Museum of Art, el Museum of Modern Art de Nueva York, el San Francisco Museum of Modern Art; el Solomon R. Guggenheim Museum de Nueva York; y el Whitney Museum of American Art, también en Nueva York.

Ruth Asawa: Retrospectiva
Desde el 19 marzo hasta el 13 septiembre de 2026
Museo Guggenheim Bilbao
Más información en www.guggenheim-bilbao.eus

Cita este artículo

‘Ruth Asawa: Retrospectiva’, En Perspectiva. España de viaje: Arte y Turismo cultural, año VII, núm. 1 (febrero-mayo de 2026), www.en-perspectiva.es

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