Io affumicato, 2017.

El Museo Picasso de Málaga acoge hasta el próximo 26 de septiembre una muestra del trabajo que el creador mallorquín Miquel Barceló ha producido en los últimos cinco años. La exposición reúne casi un centenar de piezas entre pinturas, cerámicas, esculturas, acuarelas y cuadernos de viaje.

Barceló y la creación contemporánea en el MPM

Esta muestra, comisariada por el escritor, gestor cultural y amigo de Barceló, Enrique Juncosa, es fruto del interés del Museo Picasso de Málaga por poner en valor la obra de creadores actuales y continúa una actividad de difusión cultural en la que ya han tenido cabida autores como James TurrellRichard Prince. Por deseo expreso de Miquel Barceló, la exposición toma su título, Metamorfosis, de la obra de Franz Kafka, ilustrada recientemente por él; trabajo del que la exposición muestra una serie de 15 acuarelas.

El Museo Picasso de Málaga se encuentra localizado en uno de los inmuebles más emblemáticos de la ciudad: el palacio renacentista de los condes de Buenavista, un edificio de dos plantas distribuidas alrededor de un patio porticado, en el que siete grandes esculturas de bronce que representan cerillas apagadas nos dan una maravillosa bienvenida a las últimas creaciones del artista mallorquín.

Este primer encuentro con la obra de Barceló se titula 14 allumettes y se trata de una serie de 14 esculturas, creadas en 2015, de las que en Málaga podemos observar 7 –una de ellas doble–. Son unas esculturas de formas alargadas que en conjunto transmiten una sensación de gran movimiento, con una morfología casi antropomórfica, que inevitablemente recuerda a las esculturas de Giacometti.

Universo plástico y carácter experimental 

En la planta segunda accedemos a una sala de grandes dimensiones en la que se muestran pinturas y cerámicas de gran formato. Ya antes de acercarnos a observar y disfrutar de cada pieza, de cada cuadro, una primera mirada es suficiente para reencontramos con el lenguaje inconfundible de Barceló: podemos reconocer al instante influencias mediterráneas, su fascinación por los materiales carnales, una enorme expresividad, volumen y movimiento, su interés por la exploración constantecolores intensos o la enorme plasticidad de sus obras.

En este gran espacio, las obras parecen agrupadas por series: cerámicas de gran formato, pinturas claramente influenciadas por la labor de Barceló en la cueva de Chauvet (Francia), pinturas marinas, la serie Tótems o cuadros de inspiración tauromáquica. 

Un ejemplo del interés constante de Barceló por la experimentación está representado en Io affumicato (2017), el autorretrato que nos recibe en esta gran sala de la segunda planta. Según sus propias explicaciones, el autor utiliza los hornos de cocción de sus cerámicas para rehacer de alguna manera los cuadros que aún no quiere destruir, ennegreciéndolos con el humo de la leña, de forma que adquieran una textura y unas tonalidades muy particulares sobre las que trabajar. En este caso, el retrato se llevó a cabo mediante la técnica de la esgrafía, utilizada en los últimos años por Barceló en obras como las vidrieras de la catedral de Palma de Mallorca o las de la Biblioteca Nacional de Francia, en París.

La cerámica como forma de pintura

La serie de cerámicas expuestas evidencia profundas y ancestrales influencias mediterráneas, así como la importancia que tiene esta técnica en la obra de Barceló, especialmente como un campo extraordinario para la experimentación plástica. Tal y como él mismo subraya: “Es muy experimental mi trabajo en arcilla. Para mí es otra forma de pintura. Creo que siempre lo ha sido”. Además, el trabajo con el barro tiene una especial vinculación con la idea de transformación, de cambio, de esa metamorfosis que subyace en todo el recorrido de la muestra. 

En esta parte de la exposición podemos observar creaciones de terracota de gran formato como enormes peces, ánforas, plantas u otras esculturas con caprichosas formas y volúmenes, fruto no solo de la experimentación, sino también del juego con la materia prima. De entre estas más de 20 piezas podemos mencionar Erecte (2018), Tenassa (2019), Audio (2019) o Fulla de l’abre negre (2017). 

Dentro del conjunto de las cerámicas, la exposición contiene cinco ejemplares de la serie Tótems (2019). Se trata de grandes piezas de cerámica blanca formadas por diferentes bloques a modo de ladrillos, capiteles o torsos que a simple vista podrían incluso combinarse entre sí, como si fueran parte de un juego de montaje. Algunas de estas piezas recuerdan columnas clásicas, con sus basas acanaladas y capiteles corintios de hojas de acanto, otras parecen animales con sus fauces abiertas. Todas muestran formas irregulares, hendiduras, grietas, incluso huellas del trabajo de modelado, evidenciando, una vez más, la maleabilidad de este material imprescindible en la obra de Barceló.

Evocación del arte rupestre, paisajes submarinos y tauromaquias

En lo que respecta a las pinturas expuestas en esta sala, pertenecen a tres series diferentes. Por una parte, se muestran tres obras claramente influenciadas por la actuación de Barceló en la cueva de Chauvet. De nuevo el artista experimenta con los materiales. En dos de estos cuadros lo hace con el propio soporte, el lienzo, al que dota de volumen a imagen y semejanza de las pinturas parietales, en las que se aprovechaban las formas naturales de la roca para conseguir mayor realismo en las representaciones. Al igual que en las pinturas de referencia, estas tres obras de Barceló reproducen animales: caballos, toros o cérvidos. El volumen de los lienzos, los animales representados, el espacio que ocupan en el cuadro (superpuestos, yuxtapuestos), los colores ocres y negros, el silueteado… todo en Fòssils mirant a dreta (2014), Peinture pariétale sur toile (2015) y Peinture pariétale portable (2015) nos remite inevitablemente al interior de las cuevas de Chauvet o Altamira.

En segundo lugar, se muestran dos obras de 2019 que representan el mundo marinoPeix negre Espadon. También en ellas el lienzo está trabajado de tal manera que las figuras de los peces emergen del mismo como si estuvieran saliendo del propio mar. Son dos obras en las que predominan intensos tonos azules que contrastan con los ocres de las anteriores.

Por último, en esta gran sala se exponen cuadros que representan escenataurinas. Uno de ellos, Tercer tercio (2019) reproduce un magnífico ruedo de un enérgico y vivo color amarillo, con trazos rojizos, en cuyo centro se aprecian las figuras, pequeñas, de un toro y un torero. Se trata de un lienzo extremadamente plástico, tanto en su representación como en la propia densidad y viscosidad en la aplicación de la pintura. 6 bravos toros 6 (2017) está realizado sobre un soporte diferente. En este caso la pintura está aplicada, en técnica mixta, sobre corteza de morera. Un material extraordinariamente fuerte que permite obtener un papel artesanal de una textura muy particular. Esta obra, de soporte irregular, representa un ruedo en relieve, rodeado por seis cabezas de toro adaptadas a la morfología del soporte en diferentes posiciones. 

De acuarelas, cuadernos de viaje y nocturnos

Esta gran sala da paso a otra de menores dimensiones en la que se exponen acuarelas, tanto en formato de cuadro como en cuadernos de apuntes o viajes. Está presidida por la serie de 15 acuarelas utilizadas para ilustrar el relato de Kafka que da nombre a la exposición: La metamorfosis. Son 15 obras de diferente tamaño en las que, además de un retrato del escritor, se representan diferentes versiones del insecto en el que se transforma Gregor Samsa, el protagonista de la obra: en una de las acuarelas podemos intuirlo sobre la familia Samsa, en otra es un bombín de largas patas, lo vemos dentro de un bisonte o bajo unas figuras azules que parecen danzar. 

La sala alberga otras acuarelas, todas de colores vivosgran movimiento y representaciones de corte mayoritariamente fantástico: personajes que parecen convertirse en plantas, danzantes transparentes en los que se intuye el esqueleto, figuras antropomórficas formadas por vegetales, ramas o raíces, o escenas esquemáticas de caza, con arqueros, que nos recuerdan a pinturas neolíticas como las del abrigo de las ermitas en la sierra de la Piedad (Tarragona). Esta serie de pinturas fue realizada en 2019 durante un viaje a Asia, en el que el artista visitó India y Tailandia y del que ha cedido a la exposición seis de sus cuadernos de viaje, que contienen dibujos, bocetos o anotaciones.

La muestra termina con tres cuadros que representan paisajes marinos nocturnos. Son obras de muchísima plasticidad, que evocan la expresividad y el dinamismo propios del movimiento romántico, de tonos azules y negros que contrastan con la pequeña representación blanca de la luna.

Ya fuera de la exposición propiamente dicha, el museo proyecta la entrevista de una hora de duración que José Lebrero Stals, director artístico del Museo Picasso de Málaga, realizó a Miquel Barceló el pasado mes de diciembre. Se trata de un documento muy interesante para todas las personas a las que conmueve la obra de Barceló porque desgrana gran parte de sus inquietudes, a la vez que explica de primera mano su trabajo. 

La exposición “Miquel Barceló. Metamorfosis” es una auténtica maravilla tanto para los amantes del creador mallorquín como para los que van a tener la suerte de encontrarse con su obra por primera vez.

Bibliografía:
Miquel Barceló, Metamorfosis. Catálogo de la exposición, Madrid, enero de 2021.

Miquel Barceló. Metamorfosis
Desde el 27 de enero hasta el 26 de septiembre de 2021
Museo Picasso Málaga
Más información en: www.museopicassomalaga.org

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