Desnudo, Londres

Hermann Wilhelm Brandt nació en Hamburgo en 1904, en el seno de una familia que durante generaciones se había dedicado al negocio marítimo y bancario. Su abuelo paterno era originario de Rusia, su padre londinense y su madre alemana, lo que permite hacerse una idea del alcance internacional de la actividad económica parental, así como de la variedad de influencias culturales que caracterizaron la infancia de Brandt. 

Crisis identitaria y años de enfermedad

Sin embargo, y a pesar de haber sido educado en lengua alemana, Bill Brandt asumiría una identidad netamente británica, posiblemente por razones políticas, con el propósito de eludir sus orígenes germanos en una época marcada por los crímenes del nazismo –incluso sus reticencias a hablar sobre su arte se consideraron un intento de ocultar su manifiesto acento alemán–. Sea como fuere, su rechazo a recordar las vivencias del pasado se hacía ostensible cuando afirmaba: “encuentro las cronologías biográficas patéticas y aburridas. Creo que sería menos convencional y mucho más interesante concentrarse en la fotografía y dejar mi vida al margen”.    

Por otra parte, la salud de Brandt se resintió durante su adolescencia, lo que le llevó a pasar más de cuatro años internado en sanatorios suizos, primero en Agra y luego en Davos. Durante este tiempo, la tuberculosis le impidió realizar cualquier tipo de actividad física, no quedándole más remedio que emplear su tiempo en la lectura de autores como Dostoievski, Flaubert, Kafka, Maupassant, Hemingway o Dickens. Junto a los libros, también el cine y la fotografía ocuparon su ocio, consolidando un interés por las artes cuyos fundamentos ya habían sido establecidos por su educación familiar. No obstante, su dedicación formal al medio fotográfico no comenzaría hasta su establecimiento en Viena, donde residía su hermano Rolf y adonde Bill Brandt acudió durante la primavera de 1927 para curar definitivamente su tuberculosis sometiéndose a un tratamiento de psicoterapia.

Psicoanálisis e inicios como fotógrafo profesional

Al parecer fue la intelectual, filántropa y pedagoga austríaca Eugenie Schwarzwald quien le sugirió dedicarse a la fotografía, y entre 1927 y 1928 Brandt formó parte del estudio de la fotógrafa judía Grete Kolliner, que anteriormente se había formado con Schwarzwald y que por entonces contaba treinta y cinco años. A este periodo, en el que Brandt conoce de primera mano las técnicas de iluminación fotográfica, así como los procesos de revelado, retocado, ampliación, recorte o impresión, pertenecen los retratos que el fotógrafo realizó a distintas personalidades del salón de Schwarzwald, como el del poeta Ezra Pound o el del compositor Arnold Schoenberg. Otro aspecto destacable de la estancia vienesa de Bill Brandt es el desarrollo de su interés por la arquitectura que, aunque no se traduce en una dedicación profesional, sí que se evidenciará en sus tomas fotográficas, con más de 300 negativos de edificios en sus archivos. Tampoco puede olvidarse que Brandt conocerá en Viena a las dos mujeres con quienes convivirá y viajará por Europa durante aquellos años: Lyena Barjansky, alumna de la escuela de mujeres de Schwarzwald, y Eva Boros, húngara que trabajaba como aprendiz en el estudio de Kolliner y que se convertiría en su esposa durante una visita a España en abril de 1932

Surrealismo y vida nocturna: Man Ray, Atget y Brassaï

Dos años antes Brandt, Boros y Barjansky se habían instalado en París, donde Bill Brandt comenzó a trabajar junto con Eva en el estudio de Man Ray, figura clave de las vanguardias dadaísta y surrealista. Así, al tiempo que las nuevas tendencias del ambiente artístico experimental de la capital francesa inspiraban a Brandt, la influencia del psicoanálisis se apuntalaba definitivamente en su obra pues, como es sabido, las teorías psicoanalíticas nutrieron la esencia conceptual del Surrealismo. De hecho, hacia 1930 las fotografías de Brandt comenzaron a revelar un particular carácter inquietante y una gran preocupación por el claroscuro. En este sentido y tal como señalan desde la Fundación Mapfre, para Ramón Esparza, comisario de la muestra, las instantáneas de Brandt habrían de ponerse en relación con el término freudiano de unheimlich (1919), que vendría a significar ‘lo extraño’, ‘lo siniestro’, ‘aquello que produce inquietud’ y que, según Eugenio Trías, ‘constituye condición y límite de lo bello’.

Asimismo, muchas de las imágenes de Bill Brandt, considerado ante todo un flâneur, se relacionan con Eugène Atget, precursor de la fotografía documental moderna en cuanto fotógrafo de la vida callejera y la noche parisinas de entre finales del siglo XIX y principios del XX. Del mismo modo, no debe obviarse el influjo ejercido en la obra de Brandt por la aparición del libro de Brassaï, Paris de nuit (1932), donde el fotógrafo nacido en la entonces localidad húngara –hoy rumana– de Brasov, retrató el mundo nocturno de la capital francesa. Pudo haber sido el fotoperiodista de Budapest, André Kertész, antiguo maestro de Boros, quien les pusiera en contacto en París, y fue la misma editorial de Brassaï –Arts et Métiers Graphiques– la que publicó en 1938 el volumen de Brandt, A Night in London, inspirado claramente en la obra de su contemporáneo –aunque con la diferencia de que Brandt no dudaba en recurrir a cualquier medio para conseguir sus fines expresivos: empleaba a sus familiares y amigos como modelos de sus escenas de la noche, muchas de las cuales no eran tales, sino tomas diurnas oscurecidas durante el revelado–. 

De la desigualdad social a la fotografía de guerra

Sea como fuere, tras su estancia de cuatro años en París, Bill Brandt se establecerá en Londres donde, al mismo tiempo que empieza a configurar su nueva identidad británica –pretendiendo ser inglés de nacimiento y cambiando su nombre, hecho este último habitual entre los exiliados alemanes–, se dedica a inmortalizar las múltiples facetas de la vida urbana de la capital, resaltando no tanto su carácter surrealista, sino la excentricidad de sus acentuados contrastes sociales. Esta contraposición de discursos narrativos se prolonga durante la II Guerra Mundial, cuando Brandt, al servicio del Ministerio de la Información británico, realiza sendas series consagradas a la ciudad subterránea, cuya población se concentra en las estaciones de metro que le sirven de refugio, y a la Londres sin vida que permanece en la superficie, de aspecto fantasmal a la luz de la luna. 

Retrato, paisaje y desnudo

Paulatinamente Bill Brandt irá incorporando nuevos géneros a su producción fotográfica. Durante los años cuarenta del pasado siglo, cuando muchas de sus imágenes ven la luz en revistas como Picture PostLilliput o Harper’s Bazaar, Brandt empieza a cultivar decididamente el retrato, al que califica de “oráculo que uno interroga”. La “meta del fotógrafo” consiste pues “en encontrar una semejanza profunda que, física y moralmente, sugiera algo del futuro del sujeto”, teniendo por tanto el fotógrafo que “esperar hasta que en la expresión del retratado ocurra algo intermedio entre el sueño y la acción”. Técnicamente, este propósito se acompaña progresivamente de audacias como la distorsión del marco espacial, véase el retrato del pintor Francis Bacon en Primrose Hill, Londres (1963), tan alejado en el tiempo de aquella clásica primera imagen de Ezra Pound en 1928. Tampoco ha de pasarse por alto la serie de retratos de ojos de artistas como Henry Moore, Georges Braque o Antoni Tàpies, en los que, con clara ascendencia surrealista, Brandt inmortaliza las miradas que transformaron el modo de contemplar y reproducir el mundo. En cualquier caso, aparte de sus más de 400 retratos conservados, Bill Brandt también cultivó el género del paisaje, intentando crear atmósferas que provocasen reacciones de una fuerte carga emocional. Este captar el espíritu del entorno encuentra sus antecedentes no solo en la tradición pictórica y fotográfica, sino también en la literaria, de ahí que en Literary Britain (1951) acompañara sus obras con fragmentos de los textos de diferentes autores británicos. Por último, también en la década de 1940 Brandt retoma el género del desnudo, intentando encontrar una vía independiente de la tendencia dominante del periodismo documental que le acercase a la tradición artística del arte por el arte, lo que a su vez consolidaría su condición de ‘artista’. Entre estas imágenes que acentúan lo poético y lo onírico cabe destacar la serie que Bill Brandt inicia tras retratar al pintor Georges Braque en la playa normanda de Varengeville durante los años cincuenta, cuando la visión de los pedregosos arenales del Canal de la Mancha influyó en su nueva serie de fotografías que mezclan piedras y partes del cuerpo femenino en una sorprendente amalgama que, a falta de referentes, genera imprevisibles juegos perceptivos en línea con las teorías de la Escuela de la Gestalt. Brandt continuó experimentando así con la distorsión y descontextualización del espacio y del cuerpo humano al aire libre.

Control del proceso de producción fotográfica

Tras ser presentada en el centro de fotografía KBr ubicado en la Torre MAPFRE de Barcelona, esta primera retrospectiva española sobre Bill Brandt (1904-1983) se traslada a la madrileña sede Recoletos de la Fundación Mapfre, formando parte además de la programación del festival PhotoEspaña 2021. La muestra reúne 186 fotografías positivadas por el propio Brandt, para quien el trabajo en el laboratorio era tan importante como el de fotografiado si se quería controlar el resultado de la creación fotográfica. Así lo expresó él mismo en Camera in London (1948), al afirmar: “considero esencial que el fotógrafo haga sus propias copias y ampliaciones. El efecto final de la imagen depende en gran medida de esas operaciones y solo el fotógrafo sabe lo que pretende”. Por otro lado, el citado repertorio visual se complementa con algunos de sus escritos, su entrevista a la BBC de 1983 y varias de las cámaras fotográficas que utilizó, material cedido para la exposición por el Bill Brandt Archive de Londres y la Edwynn Houk Gallery de Nueva York.

En definitiva, las circunstancias indicadas a lo largo de este breve recorrido biográfico explicarían la génesis tanto de la naturaleza poética y misteriosa de las imágenes de Brandt, como de su ambiguo juego entre realidad y ficción, condiciones ambas ligadas a la difícil forja de una identidad en conflicto con sus orígenes y a la determinante presencia del psicoanálisis en momentos de gran trascendencia vital. 

Bibliografía básica:
Paul Delany, Bill Brandt: A Life, Stanford University Press, 2004
Sarah Hermanson Meister, Bill Brandt: Shadow & Light, The Museum of Modern Art, 2013
Lance Keiming, Night Photography: Finding your way in the dark, Taylor & Francis, 2012
Daria Santini, The Exiles: Actors, Artists and Writers Who Fled the Nazis for London, Bloomsbury Publishing, 2019

Bill Brandt
Del 3 de junio al 29 de agosto de 2021
Fundación Mapfre. Sala Recoletos, Madrid
Más información en: www.fundacionmapfre.org

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