Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en las playas de Málaga (detalle).

El cuadro

El punto de partida de este inusual recorrido por Málaga es el Museo del Prado, donde se expone el cuadro Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en las playas de Málaga, una de las obras más impresionantes de nuestro patrimonio artístico; representación histórica de gran formato realizada por encargo, a finales del siglo XIX, por Antonio Gisbert Pérez.

La obra representa una escena de enorme carga dramática: el instante inmediatamente anterior al fusilamiento de un conjunto de hombres. La actitud de los personajes no solo refleja la intensidad emocional del momento, sino las diferentes reacciones de cada uno de ellos frente a la muerte: unos se abrazan, algunos cubren sus ojos, en los rostros de los que no lo hacen se puede distinguir preocupación, pesar, resignación o cierta actitud desafiante.

La escena se desarrolla en una de las playas de la ciudad de Málaga. El personaje principal, José María de Torrijos y Uriarte, se ubica ligeramente adelantado, en el centro de la composición, cogiendo de las manos a dos de sus compañeros. En primer plano, cuerpos sin vida de liberales ya fusilados; al fondo, difuminado, el pelotón que les dará muerte. 

El general Torrijos (1791-1831) fue víctima de una emboscada organizada por el gobernador Vicente González Moreno, con el objeto de cumplir las órdenes del rey absolutista Fernando VII de ejecutar a los colaboracionistas destacados del anterior Trienio Liberal

La historia

Exiliado en Inglaterra, desde donde había llevado a cabo varios intentos de sublevación contra el monarca, Torrijos fue convencido por González Moreno de que podría triunfar un pronunciamiento si desembarcaba en Málaga acompañado de sus hombres de confianza, a los que se sumarían las tropas de la ciudad. De este modo engañados, iniciaron su camino portando impresos del Manifiesto de la Naciónbanderas tricolores con bandas azul celeste para diferenciarlas de las de las fuerzas absolutistas. En el trayecto fueron abordados y obligados a desembarcar en Fuengirola, desde donde huyeron en busca de refugio hacia los montes de Málaga, para ser finalmente apresados y fusilados en las playas de la ciudad al grito de “¡Viva la Libertad!”, el 11 de diciembre de 1831, por los delitos de alta traición y conspiración contra los sagrados derechos de la soberanía de Su Majestad.

El sobrecogedor cuadro de Gisbert es una obra encargada directamente para el Museo del Prado por el gobierno de Sagasta, en 1886, con la intención no ya de inmortalizar este hecho histórico, sino de poner en valor la importancia de la lucha por la defensa de las libertades en contra de los absolutismos. 

La Asociación

El convento de San Andrés, en el malagueño barrio de El Perchel, es el lugar en el que Torrijos y sus compañeros pasaron su última noche. Hoy alberga el Centro de Interpretación Histórica José María Torrijos, puesto en marcha gracias al trabajo incansable de los miembros de la Asociación histórico-cultural Torrijos 1831, organización encargada de hacer apreciar, y en muchos casos rescatar del abandono y el derribo, los lugares vinculados al general Torrijos en la provincia de Málaga, como la Cruz de El Bulto, el propio convento de San Andrés o la Alquería de Mollina, en Alhaurín de la Torre.

Además, esta asociación participa en trabajos de investigación y de recopilación de documentación en torno a la figura del general, así como en la organización de actividades de divulgación, entre las que destacan las recreaciones históricas de los hechos acaecidos en Málaga en diciembre de 1831. El esfuerzo de sus miembros permite que hoy en día podamos recorrer en Málaga algunos de los lugares vinculados al cerco y a la muerte del general Torrijos y sus compañeros. 

La ruta

Iniciamos el recorrido en el ya mencionado convento de San Andrés, no solo salvado de una segura demolición, gracias a la intervención de la asociación, sino recientemente restaurado. El refectorio del edificio, situado en la Plaza de la Libertad, acoge una interesantísima exposición permanente de gran parte del patrimonio de la asociación: documentación, maquetas, banderas, bustos, uniformes y réplicas de objetos emblemáticos, como la levita con la que fue fusilado y enterrado Torrijos, representada en el cuadro de Gisbert.

Desde aquí, se puede ir caminando hacia la Cruz de El Bulto, monumento erigido treinta años después del fusilamiento de los liberales para conmemorar el acontecimiento. Sin embargo, recientes trabajos de investigación de miembros de la asociación han permitido localizar el espacio exacto en el que cayeron fusilados los liberales, a unos 80 metros de la Cruz, hacia el interior, en el cruce de las calles Ingeniero José María Garnica y Canales, donde una lápida señala hoy el auténtico lugar donde acaecieron los hechos, un lugar ganado al mar en lo que en 1831 era la playa de San Andrés.

Dirigimos ahora nuestros pasos hacia la plaza de la Merced, lugar de encuentro de la capital malagueña, especialmente transitada por encontrarse en ella la casa natal de Pablo Ruiz Picasso. En el centro de esta plaza se levanta el obelisco conmemorativo diseñado por el arquitecto Rafael Mitjana y Ardison, uno de los monumentos más representativos de la ciudad. Concebido como monumento funerario y erigido pocos años después del fusilamiento, bajo el mismo, en la cripta subterránea, descasan los restos de los liberales, salvo los de Robert Boyd, que por su origen protestante fue enterrado en el cementerio inglés.

El monumento está formado por un pedestal de dos bloques de base cuadrada superpuestos sobre los que se eleva una pirámide. Los bloques que forman el pedestal están cubiertos de placas con los nombres de los caídos por la libertad, frases conmemorativas y dedicatorias del pueblo de Málaga. Sobre el acceso a la cripta se colocaron sendas réplicas de las lápidas de Torrijos y López-Pinto. Por su parte, la pirámide está decorada con coronas de laurel de bronce, una en recuerdo de cada uno de los fusilados.

A quince minutos a pie de la plaza de la Merced se encuentra el cementerio inglés, que sin duda merece una pausada visita. Bien de Interés Cultural (BIC) desde 2012 por los “valores artísticos, urbanísticos e históricos de este espacio funerario que data de mediados del siglo XIX y combina los estilos neogótico y neoclásico”, es el primer cementerio protestante que se creó en España y en su origen estaba concebido también como jardín. Está dividido en dos partes: la alta, donde se encuentra el cementerio original, y la ampliación. La tumba de Robert Boyd se encuentra en la zona superior y está cubierta, junto al resto de tumbas del sector, por conchas marinas. Su epitafio –héroe romántico– se encuentra en una lápida conmemorativa colocada por la asociación en 2004 con ocasión de la visita a Málaga de la familia Boyd.

Además de esta tumba, el cementerio cuenta con un monumento conmemorativo de la figura del héroe irlandés, integrante de “los apóstoles de Cambridge”, un grupo de jóvenes con gran espíritu aventurero que se unieron al general Torrijos durante su exilio en Inglaterra participando, en el caso de Boyd hasta la muerte, en sus planes para derrocar el régimen absolutista de Fernando VII.

Un paseo por el cementerio inglés nos descubre otras tumbas como las de los escritores Jorge Guillén, poeta vallisoletano integrante de la Generación del 27, y Gerald Brenan; o el mausoleo de los marineros de la fragata alemana Gneisenau, hundida frente a las costas de Málaga en diciembre de 1900.

Por su parte, el antiguo cementerio de San Miguel, en el barrio de Capuchinos, fue también diseñado por el arquitecto municipal Mitjana. En él reposaron los restos de los fusilados antes de su inhumación conjunta en la cripta del obelisco. El lugar del cementerio donde estuvo la fosa de los liberales hasta su traslado al monumento funerario de la Merced está señalizado con una cruz; en este cementerio también pueden verse las lápidas originales de Torrijos y López-Pinto junto al primer muro del camposanto. 

Seguir las huellas del general Torrijos nos permite realizar un paseo alternativo por Málaga que nos dará a conocer lugares apenas visitados de la ciudad; muchos de ellos de gran belleza, otros de fuerte carga emotiva. Además de los hitos en la ciudad, el trabajo de la Asociación histórico-cultural Torrijos 1831 ha permitido poner en valor otros lugares de la provincia, como la playa de El charcón o la creación del centro de interpretación dedicado al desembarco de los liberales en Mijas, así como la exposición permanente en la barriada de Torrealquería, en Alhaurín de la Torre. Desde luego, una buena idea es visitar Málaga en diciembre, aprovechar el viaje para asistir a la recreación histórica del fusilamiento y pasear por una ciudad con mucho por descubrir para cualquier viajero con entusiasmo y ganas de perderse.

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