
Perfectos 15, 2025.
En el espacio desnudo, en la penumbra del espacio, un fugaz estallido de luz y una expansión perturbadora de formas. Formas violentas, irrefrenables, arrolladoras que luchan por desgarrar las ásperas ataduras que las atenazan, que las constriñen, que las estrechan, oprimen y ahogan en su equívoco abrazo. El burdo trapo, miserable, rústico y embadurnado en tintas de sombra, avanza tentacularmente y se retuerce sobre los infinitos brazos tendidos hacia el sol primigenio de su libertad. La lucha se desata en todos sus frentes: lignarias fuerzas centrífugas combaten la prensión sinuosa y alambicada del sombrío manto del cáñamo y su estopa. Sin arredrarse, sin dejarse amedrentar por infames guirnaldas de harapo, a ras de suelo, desde los confines murales del vacío, sobre esos zócalos en que asientan los pueblos sus altares a los dioses, y elevándose hacia los cielos mediante lianas de acero, restallan, retruenan y revientan los perfectos del caos ancestral. Antes, fue la nada. Después, el anhelo.
EN PERSPECTIVA: ¿Por qué Perfectos?
RAMÓN CEREZO: El título nace casi desde la contradicción. Me interesaba tensionar la idea de ‘perfección’ como algo cerrado, estable o ideal. Estas piezas no son perfectas en un sentido clásico, sino que buscan una perfección inestable, en construcción, incluso a veces incómoda. Lo perfecto aquí no es un estado, sino una aspiración que se revela siempre incompleta.
E-P: ¿Puede considerarse esta serie un desarrollo de sus anteriores Chamizos?
R. C.: Sí, en cierto modo Perfectos continúa una línea de investigación que ya estaba presente en Chamizos, especialmente en la relación entre estructura y precariedad. Sin embargo, aquí hay un desplazamiento: si antes me interesaba más lo orgánico y lo construido desde lo provisional, ahora la tensión se traslada hacia lo estructural, lo casi arquitectónico, pero sin abandonar esa sensación de fragilidad.
E-P: ¿Y qué relación guarda con las geometrías puras de sus inicios? ¿Supone su evolución actual una ruptura con el primer Ramón Cerezo o existen conexiones más allá de la apariencia de las formas?
R. C.: No lo veo como una ruptura, sino como una expansión. La geometría sigue siendo un punto de partida, pero ya no como ideal de pureza, sino como sistema que puede deformarse, contaminarse o complejizarse. Si antes había una búsqueda de síntesis, ahora me interesa más la acumulación, la interferencia, la desviación de esa pureza inicial.
E-P: Desde el Ramón Cerezo del cubo primigenio hasta Perfectos la estructura de sus composiciones escultóricas se ha vuelto cada vez más compleja. A propósito de Ancentrales hablábamos de una doble ‘barroquización’, formal y simbólica. ¿Es barroco el camino hacia la ‘perfección’? Contrariamente a la idea que se asocia a ‘lo perfecto’, estas esculturas se alejan de la pureza de los volúmenes esenciales…
R. C.: Creo que sí, en el sentido de que el barroco introduce complejidad, exceso y contradicción. Me interesa esa idea de que lo perfecto no necesariamente es lo simple o lo reducido, sino que puede surgir de capas, tensiones y ambigüedades. Estas piezas se alejan de lo esencial porque la realidad también lo hace.
E-P: En relación con la cuestión anterior, los contrastes entre luz y oscuridad crean una atmósfera en cierto modo ‘tenebrista’. ¿Ha de entenderse la iluminación exterior como un componente más de la obra o se trata de un mero recurso museográfico?
R. C.: La luz no es un recurso externo, sino parte activa de la obra. Trabaja con los volúmenes, los descompone y los vuelve a construir perceptivamente. Esa atmósfera más cercana a lo tenebrista no es decorativa, sino que subraya la dualidad entre lo visible y lo oculto, entre lo que se muestra y lo que permanece en sombra.
E-P: Los materiales aparecen mayormente policromados. ¿Qué valor adquiere ese cromatismo frente al color natural de la materia? Y, particularmente, ¿qué lectura dar a su sobriedad?
R. C.: El color en estas piezas no busca imponerse, sino acompañar la estructura. Es una policromía contenida, casi silenciosa, que evita lo expresivo en favor de lo estructural. Me interesa que el color no distraiga, sino que refuerce la lectura de la forma y su tensión interna.
E-P: ¿Cómo debe entenderse la suspensión en el aire de algunas de estas piezas?
R. C.: La suspensión introduce una ruptura con la gravedad, pero también con la lógica habitual de la escultura. Genera una sensación de inestabilidad, de tiempo detenido. Es una forma de cuestionar el peso como condición inherente del objeto escultórico.
E-P: En otros casos, las obras parecen expandirse desde la superficie, ascender desde el suelo o propagarse desde el muro, dirigidas por una fuerza centrífuga que provoca una fuerte tensión entre esa sensación de movimiento y el estatismo matérico de cada composición. ¿Qué relación guardan estas creaciones con el espacio circundante y cómo debe enfrentarse a ellas el espectador?
R. C.: Las obras no son autónomas, sino que se activan en relación con el espacio. Algunas parecen expandirse o emerger porque me interesa esa idea de energía contenida, de algo que está en proceso de transformación. El espectador no solo observa, sino que se sitúa dentro de ese campo de tensiones.
E-P: ¿Cómo interpretar Perfectos en el contexto de nuestra sociedad actual?
R. C.: Vivimos en una época obsesionada con la optimización, con la perfección aparente. Estas obras, en cambio, plantean una visión más ambigua: muestran estructuras que aspiran a un orden pero que están atravesadas por la incertidumbre. En ese sentido, funcionan casi como metáforas de nuestro presente.
E-P: ¿Da por finalizada la serie Perfectos o se encuentra aún en pleno desarrollo? ¿Hacia dónde se dirige Ramón Cerezo en este momento? ¿Hay nuevos proyectos en marcha?
No la considero cerrada. Perfectos sigue siendo un campo abierto de investigación. Más que una serie concluida, es un proceso que puede derivar hacia otros lenguajes o materiales. Ahora mismo estoy explorando nuevas formas de relación entre escultura y espacio, quizá incorporando otras dimensiones que amplíen aún más esa idea de estructura en transformación.
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Desde 1991 Ramón Cerezo ha participado en innumerables exposiciones colectivas tanto dentro de España —en Cataluña, Madrid, Andalucía, Cantabria o La Rioja—, como en el extranjero —Francia, Alemania, Reino Unido y Eslovenia—. Muy numerosas son también sus muestras individuales, celebradas desde 1997 en Granada, Barcelona, Terrassa, Madrid, Sitges, Vigo, Xàbia, Bilbao, Almagro y Balaguer, así como en las localidades alemanas de Freiburg y Stuttgart. Finalista en varios certámenes escultóricos convocados en Álava, Castellón o Girona, algunos de sus trabajos integran las colecciones del Museo Würth La Rioja, la Fundación Vilacasas Can Mario (Palafrugell, Girona), la Fundación para el arte concreto Roland Phleps (Freiburg, Alemania) y la Fundación Marguerida de Monferrato, 2019 (Balaguer, Lleida).
Perfectos
Desde el 18 de febrero hasta el 25 de abril de 2026
Est_Art Space
Más información en www.estartspace.com

