Elenka (detalle), 1936.

Hasta el próximo mes de febrero el Museo Guggenheim Bilbao alberga la primera retrospectiva celebrada en España de la pintora estadounidense Alice Neel (Pensilvania, 1900–Nueva York, 1984). La muestra, organizada por el Metropolitan Museum of Art en colaboración con el Museo Guggenheim Bilbao y The Fine Arts Museums of San Francisco, ha sido comisariada por Kelly Baum y Randall Griffey, curadores del Metropolitan, junto con Lucía Agirre, curator del Guggenheim Bilbao.

‘Dignidad e importancia eterna del ser humano’

En su conjunto, la exposición reúne casi un centenar de obras entre pinturas, dibujos y acuarelas que recorren la totalidad de la carrera de Alice Neel, una artista que mantuvo su particular estilo figurativo incluso frente al todopoderoso Expresionismo abstracto, corriente que Neel no dudó en tildar de “antihumanista”. Precisamente, sus creaciones –en buena parte retratos– llaman la atención por una intensidad emocional y una profundidad psicológica que convierten a sus modelos en claros protagonistas de su época, a pesar de tratarse en ocasiones de personas anónimas tradicionalmente relegadas a un segundo plano por el ‘Gran Arte’. Así sucede, por ejemplo, durante el tiempo en que Alice Neel reside en el Spanish Harlem de Nueva York, adonde se traslada en 1938 junto con su pareja, el cantante portorriqueño José Negron, y donde vive hasta 1962 entre gentes de procedencias muy diversas y escasos recursos económicos. No en vano Neel afirmaría en 1950: “para mí, las personas son lo primero. He tratado de afirmar la dignidad y la importancia eterna del ser humano”. Es este el caso de Georgie Arce, un muchacho del barrio a quien inmortaliza en distintas ocasiones –tal y como se puede contemplar en su retrato nº 2 de 1955– y con quien estuvo en contacto incluso hasta después de su encarcelamiento por asesinato en 1974. 

Primeros años

Alice Neel, hija de un empleado de la Pennsylvania Railroad y cuya madre aseguraba ser descendiente de Richard Stockton, uno de los signatarios de la Declaración de Independencia, fue la cuarta de cinco hermanos. Cuando el mayor murió de difteria, la familia se mudó cerca de Filadelfia. Allí Alice cursó sus estudios hasta que, con el fin de poder contribuir a la estabilidad económica familiar, consiguió un puesto de secretaria en el Cuerpo Aéreo del Ejército. No obstante y oponiéndose a la voluntad de sus padres, Neel comenzó a asistir al turno de tarde de los cursos de la School of Industrial Art de Filadelfia. En 1921, gracias a sus ahorros y diversas ayudas académicas, Alice Neel se matriculó en la Philadelphia School of Design for Women, donde ganó varios premios por sus retratos. A esta etapa pertenece uno de los primeros cuadros de la exposición del Guggenheim, Chica francesa, el retrato de medio cuerpo de una muchacha de semblante serio, sentada casi de perfil, que Neel ejecuta con un estilo realista a base de pinceladas sueltas y una paleta oscura aún muy alejadas de la rotundidad, viveza y colorido intenso de obras posteriores. Justamente, un toque más moderno se aprecia en el retrato de Carlos Enríquez (1926), adinerado artista cubano con quien Neel se desposó en 1925, tras haberse conocido en el curso de verano que la Pennsylvania Academy of Fine Arts había patrocinado en Chester Springs un año antes. 

Tras su matrimonio, la pareja se trasladó a Cuba, donde en 1926 tuvo lugar la primera exposición individual de Alice Neel y donde nació su primera hija, Santillana, tristemente fallecida a causa de la difteria poco después. En aquel tiempo, Alice y Carlos vivieron entre La HabanaNueva York, ciudad en la que Neel se establecerá definitivamente a partir de 1927. Desde entonces, la autora no solo retrataría a su variopinta población, sino también muchos de sus rincones más emblemáticos, véase el cuadro Central Park de 1959, así como algunos de los acontecimientos de carácter reivindicativo que marcaron la actualidad de la época, por ejemplo, el desfile del Primero de Mayo de 1936, en el que se denunció la persecución judía por parte del régimen nacionalsocialista alemán, tal y como evidencia el lienzo de 1933 Los nazis asesinan a los judíos.

Pérdida y desequilibrio

Sea como fuere, la nueva etapa neoyorquina se convertirá en un periodo de gran sufrimiento para Alice Neel, que a partir de entonces vivirá años de infortunio e inestabilidad emocional. Tras la muerte de Santillana, su marido regresa a Cuba en 1930, llevándose consigo a Isabetta, segunda hija de la pareja –que, por cierto, se suicidará años más tarde–. Al parecer Neel, que intentó quitarse la vida y requirió hospitalización a causa de su crisis depresiva, llegó a afirmar de sí misma que “moría cada día”. Precisamente, a esta época corresponde el lienzo de 1931 Adicción, cuyas formas geométricas superpuestas desordenadamente, junto a las líneas curvas y el trazado irregular de la figura que las ciñe, crean una confusión que bien pudiera reflejar la agitación interior de la autora. En 1932, tras restablecerse, Alice Neel se trasladó a Greenwich Village con el marinero Kenneth Doolittle, quien en un ataque de ira destruiría gran parte de su obra en diciembre de 1934, quemando más de trescientos dibujos y acuarelas, y desgarrando una cincuentena de sus pinturas. A continuación, aquel mismo año, la pintora entabló una relación con un operador turístico especializado en viajes a la Unión Soviética, John Rothschild, quien planeaba dejar a su mujer e hijos para irse a vivir con Neel. Aunque finalmente esta se muda a un apartamento ella sola, mantendrá una firme amistad con Rothschild hasta la muerte de este en 1975 –de hecho, Alice representará su vida de pareja en obras de fuerte carga erótica como Sin título (Alice Neel y John Rothschild en el baño) Alienación, ambas de 1935–. Después de Rothschild, Neel convivió cinco años con el mencionado José Santiago Negron, que previamente había abandonado a su mujer y a su hija para irse con Neel, a quien, a su vez, también dejaría poco después del nacimiento de su hijo Richard en 1939. La siguiente relación que mantuvo Neel la unió desde 1940 a 1955 al crítico y fotógrafo izquierdista Sam Brody, padre de Hartley, su segundo hijo varón. 

El privilegio de la honestidad y La comedia humana

Alice Neel, que en los años treinta y cuarenta trabaja para la Works Progress Administration (WPA) del New Deal impulsado por Franklin Delano Roosevelt, celebra en mayo de 1938 su primera exposición individual neoyorquina en la Contemporary Arts Gallery. Fruto de las circunstancias que acompañaban el curso de su vida, sus obras van a dar testimonio de una realidad pública y privada sin exclusiones, sin rodeos, tapujos o disimulos, de forma franca, sincera y empática –tal y como puede apreciarse, por ejemplo, en el género más representativo de su obra: el retrato–. De hecho, según relata Peter Schjeldahl, “un psicoanalista le preguntó una vez: ¿Por qué es tan importante ser honesto en el Arte? Su respuesta: No es tan importante, es solo un privilegio”. Así, esta honestidad le permitiría afrontar sin titubeos la desgracia y las miserias sociales, representando su verdad de forma clara y contundente, haciendo de la figura de gruesos contornos y colorido enérgico su principal recurso expresivo, y no demostrando ningún tipo de inhibición al abordar abiertamente temas controvertidos como el desnudo, el sexo o la maternidad, que siempre reflejó en sus obras manteniéndose al margen de clichés y convencionalismos. Y es que la propia Neel asegurará: “Eso es lo que realmente es la vida: La comedia humana; y juntas, eso es lo que mis pinturas son”. En efecto, la autora norteamericana citará sistemáticamente la novela de Honoré de Balzac como modelo de su producción artística, algo que Pamela Allara considera como un posicionamiento de Neel dentro del espectro de la vida cultural estadounidense de los años veinte y treinta, cuando el novelista francés fue considerado un precedente del arte socialmente comprometido. De igual forma, el reconocimiento de la cultura popular como expresión artística de las masas en una época marcada por las secuelas del crac del 29, conllevó un interés por su exposición y análisis en profundidad. En este contexto “la historia visual de Neel, del mismo modo que las historias orales recogidas por el Federal Writer’s Project” –creado en 1935 como parte de la Works Progress Administration para emplear a historiadores, profesores, escritores y bibliotecarios que recogieran el acervo cultural estadounidense–, “sirvieron de voz para los segmentos sociales ignorados en historias previas”. 

Partido Comunista y zeitgeist

Consecuentemente, el clima social del momento y su propia situación particular favoreció el acercamiento de Alice Neel al Partido Comunista, al que se unió en 1935. Neel admiró a Fidel Castro –a quien escribió una carta en los años sesenta–, realizó un grabado y un dibujo del Che Guevara y llegó a financiar una exposición personal en la Unión Soviética en 1981. Incluso en el momento de escribir su obra sobre Neel, Phoebe Hoban afirma que un poster de Lenin permanecía en la cocina del apartamento conservado por su familia en 107th Street. A este respecto conviene recordar que, más allá de la ideología marxista, el movimiento cultural comunista de la época supuso todo un “nexo social”. En palabras del escritor Phillip Bonosky, amigo de la autora, “todos eran comunistas entonces. Los movimientos artísticos estaban fuertemente influenciados por el Marxismo” y este se convirtió en “aliado” de Neel, pues “los marxistas fueron los únicos que la reconocían. Ella no era solo una artista, sino también una mujer; y no solo una mujer, sino una mujer perdida; era una mujer sin marido y lo tenía todo en contra. Pero allí encontró un hogar. Encontró gente que la respetaba”.

En definitiva, como señalan fuentes del Museo Guggenheim, Alice Neel “es constante en su compromiso de pintar ‘cuadros de personas’, en especial de aquellas que la rodean y forman parte de la Contracultura/ Cultura”. No hay que olvidar que, en palabras de la propia artista, sus modelos –entre los que se cuentan familia, artistas, activistas, líderes de los derechos civiles y celebridades– “reflejan su época como ningún otro medio. Cuando los retratos tienen calidad artística reflejan la cultura, el momento y muchas otras cosas […] El arte es una forma de historia […] Es decir, una pintura es [el retrato de una persona] y además el zeitgeist, el espíritu de la época”. 

Bibliografía básica:
AA. VV., Alice Neel: las personas primero (cat. exp.), Museo Guggenheim Bilbao, 2021
Pamela Allara, Pictures of People: Alice Neel’s American Portrait Gallery, UPNE, 2000
Deborah G. Felder, The American Women’s Almanac: 500 Years of Making History, Visible Ink Press, 2020
Phoebe Hoban, Alice Neel: The Art of Not Sitting Pretty, St. Martin’s Press, 2010
Peter Schjeldahl, Hot, Cold, Heavy, Light, 100 Art Writings 1988-2018, Abrams Press, 2019

Alice Neel: las personas primero
Del 17 de septiembre de 2021 al 6 de febrero de 2022
Museo Guggenheim Bilbao
Más información en: www.guggenheim-bilbao.eus

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