Corría el año 1776 cuando el actual Museo Nacional de Ciencias Naturales abría sus puertas al público en el Palacio de Goyeneche, situado en la castiza calle de Alcalá. A la entrada de la otrora regia institución –pues por aquel entonces poseía el título de Real Museo– se situaba una placa de piedra con la siguiente leyenda:

CAROLUS IIINATURAM ET ARTEM SUB UNO TECTOIN PUBLICAM UTILITATEM CONSOCIAVITANNO MDCCLXXIV

Y es que el museo iba a compartir espacio con la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, de forma que, bajo el mismo techo, se unirían naturaleza y arte para servir a la utilidad pública, tal y como reza la inscripción de su fachada.

Posiblemente la colección Van Berkhey, protagonista de este artículo, sea uno de los mejores ejemplos en los que Arte y Ciencia se aúnan en perfecto maridaje dentro de la institución decana de los museos nacionales.

Jan Le Francq van Berkhey (1729-1812)

Un “hombre del Renacimiento”: así podría definirse la imagen del titular de la colección, Jan Le Francq van Berkhey, si atendemos al hecho de las numerosas inquietudes que desarrolló a lo largo de toda su vida. Este holandés, hijo de un comerciante de lanas y nieto de un anticuario coleccionista de arte, fue médico, dibujante, pintor, escritor y poeta, así como coleccionista y activista político. Llegó a desempeñar el cargo de profesor de Historia Natural en la Academia de Leiden y entre sus obras más destacadas se encuentra la Historia Natural de Holanda, un escrito que, a decir de Mª del Pilar de San Pío, resulta un “documento indispensable para conocer la vida en la Holanda del siglo XVIII”

La estudiosa también relata cómo Van Berkhey, a causa de su filiación política –pues era  fiel defensor de la figura del Príncipe de Orange–, fue suspendido de empleo y sueldo en la universidad, donde también se le negó la cátedra de Historia Natural. De este modo, para poder costearse los gastos ocasionados por su defensa, nuestro autor tuvo que subastar alguna de las importantes colecciones que había ido recopilando durante toda su vida, entre las que se encontraba la que, bautizada con su nombre, hoy ocupa un notorio lugar entre los fondos del Museo Nacional de Ciencias Naturales.

Ciencia, arte y naturaleza

La Europa ilustrada mostró un renovado interés por el conocimiento y la comprensión del mundo que la rodeaba, afán heredero del que se había experimentado durante los siglos XVI y XVII.

La expansión colonial, la creación de sociedades científicas, las expediciones a los grandes continentes América, África y Asia, o los debates y reuniones sobre ciencia celebrados en academias incrementaron dicho interés, provocando una fascinación por la naturaleza a partir, fundamentalmente, del cultivo de las plantas y su representación ya que, como señala Jaya Remond, “se incrementó la necesidad de disponer de registros visuales”.

Asimismo, otro de los importantes detonantes del atractivo que despertó la madre naturaleza lo supusieron los gabinetes de curiosidades, pequeños universos del saber humano que a través de objetos de la más diversa índole (libros, animales pintorescos, minerales, plumas, etc.) fueron atesorados por burócratas, aristócratas o prósperos mercaderes. Siguiendo la estela de estas élites urbanas, Van Berkhey comenzó prontamente a recopilar objetos con los que, tiempo después, alcanzaría a conformar algunas de las más importantes colecciones dentro del campo de la Historia Natural.

La colección Van Berkhey

La que nos ocupa fue atesorada a lo largo de cuarenta años y, en palabras del propio coleccionista, se catalogó como “un atlas de animales, plantas y minerales” que tuvo como finalidad el recopilar de forma ordenada y sistemática a través de múltiples ilustraciones todas las especies animales y vegetales conocidas hasta ese momento. Adquirida por orden del monarca Carlos III en marzo de 1785, la colección pretendía enriquecer los fondos del Real Gabinete de Historia Natural, creado unos años antes.

En el encargo participó de forma activa Don Ignacio Jordán de Asso (1742-1814), naturalista y cónsul español en Ámsterdam quien, conocedor de la subasta y consciente de la importancia del conjunto, escribiría un oficio al Conde de Floridablanca –por entonces primer ministro– en el que indicaba que “no hay colección igual de esta (…) parece digna del Rey para su Real Gabinete, un gabinete que tiene a toda Europa en la creencia que en pocos años ha de ser el mejor que se conozca”. 

Tras lograr la aprobación del soberano, un 13 de agosto y a bordo del navío San Gabriel, llegaba al puerto de Bilbao la primera parte de las dos en las que se dividió el importante legado. Se trataba de dieciséis cajones a los que se unirían dos meses después los libros llegados desde la capital holandesa para completar la colección. Una vez en Madrid, el otrora director del gabinete, Don Pedro Franco Dávila, realizaría un detallado inventario de la misma, en el que se incluirían, además de los libros ya citados, una importante muestra de dibujos y estampas, minerales, rocas y fósiles, así como una serie de naturalizaciones de peces y mamíferos, flores artificiales o retratos de reputados naturalistas como Georg Dionysius Ehret (1708-1770), con los que se alcanzaban las 9000 piezas.

Sedes

En la actualidad la colección Van Berkhey se halla custodiada en tres importantes instituciones:

El Real Jardín Botánico

Bajo la denominación Regnum Vegetabile se hallaba recopilado el material botánico de la colección, tal y como se designase en el catálogo que por motivo de la subasta se efectuó en 1784.

El Archivo del Real Jardín Botánico conserva en la actualidad 458 dibujos y 1188 estampas de este material. Un total de 1646 piezas que representan diferentes plantas de diversas partes del mundo y que se muestran acompañadas de su nomenclatura y una pequeña frase que las define. 

De gran calidad, las obras han sido realizadas por algunos de los artistas botánicos más representativos de los siglos XVII y XVIII, como la alemana Maria Sibylla Merian (1647-1717) o el holandés Jacob L’Admiral (1700-1770), siendo particularmente reseñable, desde un punto de vista no solo artístico sino también científico, el álbum llevado a cabo por el médico y naturalista Paulus Hermann (1646-1695).

Integrado por dibujos y estampas, estos emplean la misma técnica que los que conforman el resto de la colección, siguiendo mayoritariamente los primeros la técnica de la aguada –tinta china diluida en agua (que era rápida en la ejecución y en el secado del pigmento)–, pero también las de la acuarela, el óleo, la sanguina o el carboncillo. Mientras, para los grabados se emplearon las técnicas de la xilografía o la calcografía, donde se utilizan planchas de madera y metal respectivamente.

El Museo Nacional de Ciencias Naturales

La institución conserva la mayoría de los libros de la colección, así como un total de 5840 ilustraciones del reino animal y el fósil, sin olvidar algunas representaciones sobre anatomía humana o animales fantásticos.

Las imágenes zoológicas, que fueron ordenadas con carácter enciclopédico por el propio Van Berkhey escribiendo el nombre de cada una de las especies en holandés y latín, aparecen divididas en grupos de mamíferos, aves, insectos, anfibios, reptiles, peces, artrópodos, moluscos, cnidarios y asteroideos, conformando un amplio registro del conocido hasta entonces reino animal. De hecho, explican las especialistas Cecilia Gimeno y Mónica Vergés que “el nombre de las especies y la clasificación de los diferentes grupos sigue rigurosamente el modelo que Linneo propuso en su Systema Naturae –que se basa en– la creación de grupos jerarquizados, partiendo del reino para llegar a la especie”. 

Al igual que ocurre con las ilustraciones del mundo vegetal, las imágenes poseen una gran calidad en cuanto a ejecución, diseño y técnica. Y han sido realizadas por artistas de renombre, siendo posiblemente una de las más conocidas la representación de un imponente león dibujado por Alberto Durero (1471-1528) y grabado por Wenzel Hollar (1607-1677) que en la pasada muestra de 2014, Naturalezas ilustradas, pudo contemplarse en el museo confrontado a otro fiero felino africano naturalizado.

La Biblioteca Nacional

La biblioteca conserva una pequeña parte de la colección de dibujos –unos 30– sobre trajes regionales, tanto holandeses como de otras nacionalidades, descritos por Van Berkhey en su Historia Natural de Holanda.

Museo Nacional de Ciencias Naturales
De martes a viernes de 10 a 17h; sábados y domingos de 10 a 20h
Calle José Gutiérrez Abascal, 2. 28006, Madrid
Más información: www.mncn.csic.es

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