Reproducciones, Ranshō Masato Sudō. Japón, 1980-1984.

Organizada y producida por el Musée du Quai Branly – Jaques Chirac de París y la Fundación ”la Caixa”, la exposición Tattoo. Arte bajo la piel analiza la historia y la evolución de la práctica del tatuaje a través de más de 240 obras de arte, objetos y prototipos hiperrealistas de cuerpos realizados en silicona y tatuados expresamente para la muestra por especialistas de la talla de Horiyoshi III, Xed LeHead, Filip Leu, Tin-Tin, Mark Kopua, Kari Barba, Jack Rudy, Colin Dale, Chimé, Jee Sayalero y Laura Juan. De este modo, se intenta proporcionar la visión global de una costumbre que ha constituido todo un fenómeno antropológico desde el inicio de la civilización humana y que en la sociedad actual no solo continúa vigente, sino que se ha convertido en una moda cada vez más extendida –especialmente cuando las últimas estadísticas aseguran que un 12 % de la población europea y uno de cada dos millennials luce un tatuaje–. Un éxito al que han contribuido decisivamente el desarrollo de las comunicaciones, el turismo, las nuevas tecnologías, internet y las redes sociales.  

Tal y como explica Anne Richard, comisaria de la exposición y fundadora de la revista HEY! Modern Art & Pop Culture, la aportación de la muestra se efectúa en dos planos fundamentales. Así, además de las obras antiguas, se destaca el valor de una serie de piezas modernas, de los siglos XIX y XX, que nunca antes habían sido justamente apreciadas. Al mismo tiempo y de acuerdo con Richard, la exposición supone ante todo ‘una revalorización del talante y del dinamismo creativo del tatuaje contemporáneo’, por ejemplo, el del realizado por Don Ed Hardy (n. 1945), autor fascinado por el arte ancestral japonés y promotor de intercambios artísticos internacionales. La muestra también conlleva un reconocimiento a artistas que salvaguardan la tradición local, como es el caso de la tatuadora filipina de 105 años, Whang-od Oggay –quien aún lleva a cabo un tipo de tatuaje hecho a mano llamado batok–, o el de los maestros maoríes neozelandeses –cuyo moko o ‘arte de esculpir la piel’ constituye un símbolo de conciencia colectiva entre los indígenas–.

5000 años de historia

El término ‘tatuaje’ tiene su origen en el tatau polinesio, que significa ‘herida abierta’. Los pueblos celtas o la momia Ötzi –con más de 4500 años– prueban su práctica milenaria en Occidente, mientras que en representación de otras zonas geográficas, una flauta en forma de estatuilla con tatuajes faciales del período tardío de la cultura maya se exhibe en la exposición. Desde Marco Polo, en el s. XIII, el tatuaje ha viajado a través de expediciones, prisioneros y rutas de aventureros, y fue conocido por el capitán Cook y su tripulación en las travesías que realizaron durante el XVIII. La pluma de Edison de 1877 –expuesta igualmente en la muestra–, la invención de la máquina de tatuar eléctrica por el estadounidense Samuel O’Reilly en 1891 o la Exposición Universal de Chicago de 1893 favorecieron aún más su difusión, que en EE.UU. se incrementó por la influencia del irezumi japonés. De hecho, durante el siglo XX comenzaron a crearse clubes, el primero en Bristol, Reino Unido, en 1953. Con respecto a la plena aceptación del tatuaje como manifestación artística, en los años ochenta el tatuador suizo Felix Leu (1945-2002), alias Don Feliz, se opuso a la distinción entre arte académico y arte popular, y mucho antes que él, Sutherland MacDonald (1850-1937) –conocido en Londres como ‘el Miguel Ángel del tatuaje’–, ya había hecho imprimir en su tarjeta de visita de 1891 las palabras ‘artista tatuador’. Y es que antes de alcanzar la dimensión y visibilidad social del momento presente, el tatuaje llevaba existiendo cinco mil años. Una historia que recorre la muestra de Zaragoza pues, tal y como explica Elisa Durán, Directora general adjunta de la Fundación ”la Caixa”,

 al principio los tatuajes formaban parte de un ritual, identificaban a las tribus, a los colectivos; con el paso del tiempo todo eso fue cambiando, en cada momento ha sido diferente: hace unas décadas era un hecho mucho más marginal pero hoy el tatuaje es precisamente un arte y es un símbolo que se ha incorporado a la moda, al glamour, que ha dejado aquella simbología de tribu y colectividad, pasando a ser realmente algo mucho más individual, mucho más complejo, pero un signo también de una gran proyección social.

Prototipos hiperrealistas

A lo largo de cinco secciones la exposición del CaixaForum brinda una visión panorámica del tatuaje que ahonda en su naturaleza marginal y reivindicativa, en la historia de su difusión hasta alcanzar el mundo occidental pasando por el Lejano Oriente y Latinoamérica, en el resurgir de su práctica tradicional en las áreas geográficas del Índico y el Pacífico y, por último, en el tatuaje contemporáneo y su doble sentido artístico, de carácter reinterpretativo o experimental. 

Las obras más relevantes son evidentemente los volúmenes de silicona que el Musée du Quai Branly ha ido encargando desde que en el año 2014 pusiera en marcha el proyecto de esta muestra en París. Como destaca Anne Richard, ‘los hemos enviado al mundo entero, son cada vez modelos diferentes, de cuerpos de hombres y mujeres distintos que se ofrecen al maestro tatuador para que los tatúe con sus instrumentos habituales. Es, pues, una evidencia del tatuaje contemporáneo que está destinada a ingresar en la colección permanente del Musée du Quai Branly’. Concretamente, para las distintas muestras del CaixaForum se han incorporado las propuestas de los españoles Laura Juan y Jee Sayalero y las del brasileño Brian Gomes y el japonés Taku Oshima. De este modo se asegura que una manifestación artística imposible de contemplar de forma permanente en el tiempo y en el espacio, pues su esencia es inherente a la existencia y movimiento del cuerpo que la porta, pueda preservarse para su estudio y admiración públicos como pieza representativa de la evolución estética del arte del tatuaje.

Significación social

El tatuaje está íntimamente ligado a la identidad del individuo y de los colectivos, que  se sirven de su ostentación para expresar un mensaje asociado a la construcción de una imagen personal o de pertenencia a una comunidad. En unas ocasiones ha servido para segregar, denigrar, subordinar o controlar a poblaciones y personas, bien sometidas política y socialmente, bien perseguidas por la justicia, mientras que otras veces ha sido proscrito o se ha caracterizado por su índole subversiva. Así, la exposición recuerda tanto la prohibición del tatuaje en la China de la Revolución Cultural de Mao –que lo juzgaba impuro– o la generalización del tatuaje chicano entre los pandilleros de las prisiones norteamericanas y la población latina establecida en territorios próximos a la frontera entre México y Estados Unidos. Por otra parte, el cuerpo tatuado también ha llegado a ser instrumentalizado por el mundo del espectáculo que, especialmente durante el siglo XIX, lo ha exhibido en circos, ferias o exposiciones internacionales. Tampoco hay que olvidar que en aquella época, cuando sus diseños comenzaron a ser divulgados por la prensa, el tatuaje se convirtió en una moda entre los asiduos de los salones mundanos o, incluso, entre ciertas personalidades de la realeza

En nuestra época los usos y significados del tatuaje se han diversificado y han alcanzado dimensiones insospechadas, hasta llegar a declararse, por ejemplo, patrimonio cultural de algunas de las naciones donde se ha venido empleando a lo largo de los siglos. Así, las curvas y espirales del citado moko –ornamento propio de jefes y guerreros que sintetiza las formas naturales del helecho– es considerado en Nueva Zelanda tesoro nacional o taonga. Este término, que en maorí significaría ‘lo obtenido por medio de la lanza’, ha adquirido la distinción de ‘posesión tangible o intangible de gran trascendencia cultural e histórica’. 

En suma, se trata de una exposición ‘completamente nueva, inédita’, en palabras de Anne Richard, en la que nuestro cuerpo deviene soporte y materia de creación artística. Y es que ‘en el fondo, es como si el lienzo fuera nuestra propia piel’, tal y como aseguraba durante la inauguración Elisa Durán, para quien la muestra constituye ‘seguramente la mejor exposición de la historia sobre el mundo del tatuaje, sobre esa realidad que los museos nunca han presentado’, implicando al mismo tiempo ‘un reconocimiento a tatuadores y tatuados y una forma de reivindicar esa labor y esa manifestación artística contemporánea’.

Tattoo. Arte bajo la piel
Del 9 de noviembre de 2022 al 5 de marzo de 2023
CaixaForum Zaragoza
Del 30 de marzo al 27 de agosto de 2023
CaixaForum València
Más información en: www.caixaforum.org

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