Estampa de sombrero de Ars Lenci.

Las mujeres artistas han quedado relegadas a un segundo plano a lo largo de la historia, incluso en tiempos tan recientes como el primer tercio del siglo XX y en lo que concierne a esas áreas de la creación que tradicionalmente se han identificado con ellas, como es el caso de las artes decorativas, injustamente consideradas ‘menores’. De ahí que la nueva exposición del Museo Nacional de Artes Decorativas intente saldar su deuda con las grandes autoras españolas que, durante el periodo de las vanguardias, contribuyeron al desarrollo creativo del panorama artístico nacional en el ámbito del diseño. El mismo título de la exposición, Al bies, en referencia al corte en diagonal de un trozo de tela con respecto al hilo, implica una alusión metafórica al papel desempeñado por figuras como Victorina Durán (1899-1993) y Matilde Calvo Rodero (1899-1982), empleadas sin remuneración en el entonces llamado Museo Nacional de Artes Industriales, hoy Museo Nacional de Artes Decorativas (MNAD). Precisamente ellas emprendieron un camino transversal frente a los cánones y la historiografía justo cuando triunfaba la moda al bies, tal y como atestiguaba en el número de diciembre de 1928 de la revista Estampa la escritora feminista Carmen Eva NelkenBajo el seudónimo de Magda Donato aseguraba que ‘La línea diagonal triunfa hoy… en toda la línea’.

París 1925

Tras una larga tradición de exposiciones nacionales e internacionales iniciada a raíz de la celebración de la Great Exhibition de Londres en 1851, la Exposición Internacional de Artes Decorativas e Industriales Modernas de París de 1925 constituyó un referente de primer orden para el estudio tanto del diseño como de la aportación de las mujeres artistas españolas. Entre ellas, las mencionadas Victorina Durán y Matilde Calvo Rodero, quienes fueran seleccionadas por el Museo Nacional de Artes Industriales para participar en el certamen con sus respectivos batiks —pintura  sobre seda de origen asiático—, zócalos en azulejos pintados a trepa sobre esmalte, encuadernaciones artísticas en piel, cueros marbreados y pergaminos. Otras artistas como Carmen Suárez de Ortiz, Carmen de Falla y las hermanas Quiroga también contribuyeron a enriquecer la sección española con sus esmaltes, forros de libro en cuero repujado, dorado y policromado, y diferentes variedades de piezas textiles. En función de todo lo anterior, la exposición del MNAD patentiza el modo en que la presencia de la mujer se incrementó en todo tipo de concursos y exposiciones, de forma paralela al cada vez mayor número de entidades que amparaban la formación y labor creativa de las artistas, como es el caso del Lyceum Club Femenino, instituido en 1926 bajo la dirección de María de Maeztu.

Artistas en escena

Si la mujer encontró un amplio campo de trabajo y experimentación dentro del ámbito textil, va a ser particularmente el mundo de las artes escénicas el que ofrezca a las artistas infinitas posibilidades de desarrollo creativo en sus múltiples modalidades de expresión plástica. No obstante, debe tenerse en cuenta que muchas de las artistas trabajaron en el anonimato dentro de los talleres o cuerpos de baile y que pocos de sus nombres han quedado recogidos en los títulos de crédito de los distintos espectáculos celebrados. Sea como fuere, se darían algunas excepciones. Por ejemplo la de Victorina Durán, que en 1929 se convirtió en la primera catedrática de Indumentaria en el Real Conservatorio de Música y Declamación. Sus innumerables figurines para piezas teatrales, véanse los bocetos ideados para Los medios seres de Gómez de la Serna, ocupan un lugar preeminente en la modernización de la puesta en escena durante el periodo de entreguerras. En este sentido, el dibujo abriría las puertas de la ilustración gráfica a las mujeres artistas. Las revistas ilustradas, las colecciones especializadas de nuevas editoriales y, muy a menudo, obras literarias destinadas a un público infantil posibilitaron la conciliación de la actividad laboral y creativa femeninas.

Espacio cotidiano y subversión

Otro importante ámbito creativo que favorecería la presencia de la mujer en las artes decorativas fue el del diseño industrial y la arquitectura de interiores. En este punto la muestra del MNAD incide en la habilidad de las artistas para poder alcanzar un equilibrio entre la práctica de unas ideas que podían ser estéticamente transgresoras y los convencionalismos marcados por el decoro social en una época en la que la identidad de cada género se encontraba perfectamente definida —como lo estaban, por consiguiente, los usos y formas de los complementos y utensilios que se les atribuían—. De este modo, el mobiliario, las manufacturas de lujo, la pintura de interiores o los papeles pintados constituyeron solo algunos de los productos diseñados por unas mujeres de las que, al igual que sucedía en el mundo del espectáculo, en numerosas ocasiones ni siquiera se conocen sus nombres. En cualquier caso, esa esfera privada a la que se intentaba circunscribir la actividad femenina se convirtió en protagonista de las representaciones pictóricas de las mujeres, transformándose así la visión de lo doméstico y lo íntimo en una forma de reivindicar su propia figura. Y transponiendo la tradicional asociación de la mujer con el adorno personal a la de la decoración femenina de los espacios cotidianos, la exposición se detiene en los casos de Zenobia Camprubí, quien a raíz de la apertura de una tienda de arte y artesanías se encargara de la decoración del Parador de Gredos; en el de Victorina Durán, autora de proyectos de ornamentación arquitectónica con José Joaquín González Edo; en el de Delhy Tejero, quien idease el diseño de los interiores del Hotel Condestable de Burgos; o en el de Sonia Delaunay, encargada del programa decorativo de residencias privadas y teatros a partir del establecimiento de su negocio madrileño de artes decorativas y moda, Casa Sonia. No debe olvidarse, sin embargo, que durante mucho tiempo la participación de la mujer en el diseño de interiores hubo de contar con un aval o colaboración masculina, pues no sería hasta poco antes del estallido de la Guerra Civil en 1936 cuando se licenciase la primera arquitecta en Madrid, Matilde Ucelay: los estudios de Arquitectura habían permanecido vetados a la mujer hasta entonces.

Naturaleza, cerámica y exotismo

La espiritualidad y el exotismo espacial y temporal se manifiestan durante estos años en las obras de muchas artistas españolas, que encuentran en estas corrientes alternativas al orden racional una forma de oposición a las convenciones sociales. Baste citar la encuadernación de La luna nueva —poemario de Tagore traducido por Camprubí— que Calvo Rodero presentó en el certamen parisino de 1925; el batik de Durán con la imagen de Buda; o el tibor japonés con tapa decorado por Teodora Zuloaga, una de las hijas de Daniel Zuloaga. Junto a su hermana Esperanza, Teodora trabajó en el taller familiar, uno de los principales del sector cerámico español. Conviene recordar que la organización gremial de la producción cerámica limitaba la participación femenina a la decoración pictórica de las piezas salvo excepciones principalmente debidas a la existencia de un vínculo familiar. No obstante, con el tiempo, la fundación de instituciones oficiales como la Escuela Práctica de Manises (1897) implicó el progresivo aumento de mujeres dedicadas al arte cerámico que, dada su tradicional asociación con lo popular, se convirtió en un destacado medio expresivo de experimentación plástica para autoras como Maruja Mallo, quien frecuentaría la Escuela de Cerámica Francisco Alcántara de Madrid, o Sonia Delaunay, durante su estancia en la localidad portuguesa de Vila do Conde (1915).

Asimismo ligada a lo propio y a lo vernáculo, la exposición resalta el papel de la pintura de jardines y paisajes como práctica creativa en un espacio que, siendo considerado característico del universo íntimo y doméstico femenino, posibilita que la mujer se adentre en el ámbito de lo público, abandonando ese mero ‘mirar por la ventana’ al que hasta entonces se la había circunscrito. Si a las artistas quedaba reservada la decoración interior, el jardín y el paisaje se transforman en un elemento ornamental que trasciende las fronteras de la esfera privada, algo que no solo se manifiesta, por ejemplo, en los lienzos de María Sorolla, sino también en los diseños de fuente ornamental que Matilde Calvo Rodero llevase a cabo en colaboración con González Edo o en El patio del silencio que Marisa Roësset firmara con el seudónimo de ‘Ricardo’. 

En definitiva, tal y como concluyen las comisarias de la muestra del MNAD, Carmen Gaitán Salinas e Idoia Murga Castro, las propuestas estéticas de las mujeres artistas españolas del primer tercio del siglo XX ‘se centraron, en muchos casos, en la búsqueda de una modernidad fundamentada en las prácticas tradicionales, artesanales, herederas de lo autóctono y forjadas con frecuencia en espacios compartidos y colectivos, derivados de las redes de apoyo, asociativas y de sororidad’. Es por ello que ‘las artes que tienen que ver con el adorno, la decoración y el espacio íntimo pueden reflejar los cambios sociales y culturales que propiciaron un empuje fundamental en la situación de las mujeres en nuestro país’.

Bibliografía

Carmen Gaitán Salinas, Idoia Murga Castro, Al bies. Las artistas y el diseño en la vanguardia española (cat. exp.), Madrid, Ministerio de Cultura y Deporte, 2023

Al bies. Las artistas y el diseño en la vanguardia española
Del 20 de noviembre de 2023 al 31 de marzo de 2024
Museo Nacional de Artes Decorativas, Madrid
Más información en: https://www.cultura.gob.es/mnartesdecorativas/portada.html

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