Estátero de Arquelao I de Macedonia. Aigai, 413-399 a. C.

La importante ciencia del patrimonio cultural e inmaterial es objeto de la nueva exposición temporal que el Museo Arqueológico Nacional (MAN), junto con el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y su Centro Nacional de Investigaciones Metalúrgicas (CENIM), ha organizado en colaboración con el Instituto de Patrimonio Cultural de España (IPCE). Y es que, en cuanto ‘campo de investigación interdisciplinar que abarca las humanidades y las ciencias’, esta interesante área del saber demuestra una aplicación práctica cada vez mayor en el ámbito museístico. En efecto, según el Centro Internacional de Estudios para la Con­servación y la Restauración de los Bienes Culturales (ICCROM), su objetivo es ‘mejorar la comprensión, el cuidado, la utilización y la gestión del pa­trimonio cultural material e inmaterial para que pueda enriquecer la vida de las personas, tanto hoy como en el futuro’. Así, para mejor dar a conocer la extraordinaria aportación de esta ciencia al análisis y salvaguarda del patrimonio arqueológico del MAN, el museo ha articulado la muestra en un doble nivel técnico y empírico, aunando la divulgación de los métodos científicos empleados para conseguir información sobre el patrimonio cultural con el examen de determinados casos de estudio vinculados a una serie de piezas concretas de su propia colección. De este modo, las más de doscientas sesenta piezas que integran el itinerario expositivo se agrupan en seis secciones diferentes, a las que se suman dos salas complementarias centradas en ofrecer al visitante las conclusiones de sendas investigaciones desarrolladas acerca, tanto del ataúd de Pairusejer hallado en Luxor, como del santo Toribio proveniente del desaparecido convento de Santo Domingo el Real de Madrid. En consecuencia, por medio de la ilustración de una selección de ejemplos distintivos, se ha conseguido representar el conjunto de la colección del MAN en una exposición donde, a su vez, también se exhibe documentación procedente del archivo y de la biblioteca de la entidad museística. El aliciente de la muestra se incrementa, además, al considerar que muchos de los objetos expuestos, como el citado sarcófago egipcio, no se encuentran normalmente a la vista del público.

Search

La información proporcionada por la ciencia del patrimonio no habría podido ser desvelada sin la práctica interdisciplinar del trabajo científico. Si hoy ha mejorado la compresión de las piezas arqueológicas, ampliando nuestro conocimiento de las épocas pretéritas a las que pertenecieron, ha sido gracias a esta disciplina que permite contextualizar cada obra, datándola y vinculándola a sus individuos y colectividades de origen. Simultáneamente, la ciencia del patrimonio ha favorecido la conservación de los vestigios del pasado gracias a la adopción de una serie de medidas de preservación que nunca hubieran podido ser asumidas de no haberse profundizado, por ejemplo, en el estudio de los materiales que las conforman y de su capacidad de resistencia al paso del tiempo.

En busca del tiempo perdido

Como se ha indicado, una de las incógnitas que pretende desvelar la ciencia del patrimonio es la del momento en que una pieza ha sido ejecutada. Puesto que no siempre un hallazgo arqueológico ofrece esta información, a excepción de monedas, por ejemplo, cuyas inscripciones puedan establecer la fecha de su acuñación, se hace imperioso recurrir a técnicas científicas que permitan esclarecer el cuándo del origen de un vestigio material. En este sentido, el empleo del carbono 14 o el de la técnica de la termoluminiscencia han favorecido la superación de los límites tradicionalmente impuestos al saber arqueológico. Como se evidencia en la exposición del MAN, la datación radiocarbónica de materiales orgánicos facilitó el establecimiento de una fecha de realización para el conjunto de cestería de la Cueva de los Murciélagos de Albuñol (Granada), véanse la cesta, sandalias y cápsulas de adormidera procedentes de este lugar. Por su parte, la termoluminiscencia ha sido muy utilizada en el ámbito de la cerámica, como en la muestra hacen ostensible las piezas del yacimiento almeriense de El Garcel, excavado por los hermanos Siret a finales del siglo XIX.

Linajes y Paleodietas

Entre los recursos de los que se sirve la arqueología para desentrañar los misterios de tiempos remotos cabe destacar, además de los hallazgos materiales, todo resto orgánico humano, animal o vegetal que pueda ofrecer información sobre los usos y costumbres de las sociedades del pasado. Es así como pueden llegar a conocerse datos relacionados con su movilidad, los distintos modos de interacción establecidos dentro de una determinada comunidad de habitantes o, incluso, la dieta de sus integrantes o los recursos naturales de los que se servían en su vida cotidiana. A este respecto, la denominada bioarqueología ha logrado llevar a cabo sorprendentes descubrimientos, tal y como patentizan estudios de ADN, análisis de restos óseos mediante isótopos estables y elementos traza, o la Zooarqueología por espectrometría de masas (ZooMS). Por ejemplo, gracias a esta última, se pudo reconocer la especie de cachalote que sirvió para elaborar la azagaya paleolítica de la Cueva del Pendo. Igualmente, el ADN de un hombre y una mujer de la necrópolis de Castiltierra (Segovia) acabaron con ciertas dudas relativas a los flujos migratorios, y los isótopos estables y elementos traza determinaron el tipo de dieta seguida por los seres humanos que se establecieron en los espacios excavados en Los Millares y la Loma de Boliche, en las Cuevas de Almanzora.

Capturando lo invisible

Los vestigios materiales del pasado ofrecen una serie de detalles sobre sus vicisitudes históricas que resultan imposibles de apreciar a simple vista. Por eso, un conjunto de técnicas de imagen no invasivas, como la radiografía, las imágenes multi e hiperespectrales o la microtomografía computarizada han contribuido decisivamente a los avances de la ciencia del patrimonio cultural, penetrando esa dimensión oculta de las piezas arqueológicas. Por ejemplo, los rayos X han posibilitado averiguar la estructura original de un hallazgo arqueológico, distinguiendo sus elementos genuinos de los que fueron añadidos posteriormente. Este es el caso del ánfora panatenaica de la exposición del MAN, donde puede contemplarse la figura de una Atenea armada. Curiosamente, el estudio radiográfico reveló que solo las asas, el cuello y ciertos fragmentos del cuerpo constituyeron inicialmente el armazón de la pieza, habiendo sido el resto completado antes de 1825 con fracciones de otros vasos cerámicos por parte de Raffaelle Gargiulo. Del mismo modo, la imagen multiespectral e hiperespectral ha conseguido profundizar en la técnica de realización de composiciones artísticas, como las del Beato de Cardeña o la Biblia de San Isidoro de León, donde se han precisado tanto la aplicación de los pigmentos cromáticos como la traza preliminar del dibujo preparatorio, haciendo así aflorar las posibles variaciones llevadas a cabo a partir de la concepción de su diseño. Por su parte, la tomografía computarizada es capaz de realizar una ‘autopsia virtual’, como la de la momia del sacerdote y médico del faraón Nespamedu, sin necesidad de deshacer su vendaje.

Los secretos de la materia

Como es lógico, uno de los elementos clave para conocer a fondo una pieza arqueológica es el material con el que ha sido ejecutada que, más allá de todo lo referente a las materias primas y a la técnica de manufacturación, proporciona información sobre el origen geográfico de los componentes del hallazgo, véase en la exposición el Tesoro de Guarrazar, cuyos zafiros han resultado ser provenientes de Ceylán. A su vez, estas averiguaciones remiten al trazado de itinerarios, viajes y desplazamientos de individuos y recursos naturales ya en épocas pretéritas, pudiendo establecerse nexos insospechados entre culturas a priori muy alejadas. De esta suerte, un análisis de isótopos de plomo ratificó que el material de la espada almeriense del Bronce Final hoy expuesta en el MAN había sido extraído en Gran Bretaña.

Conservación y restauración: mirando al futuro

En su quinta sección la muestra se detiene en la trascendente labor de conservación y restauración de las piezas del museo, actividades fundamentales para garantizar la transmisión del patrimonio cultural material a las generaciones del futuro. A este propósito el programa expositivo incide en los mecanismos de control de las condiciones ambientales en que se exhiben conjuntos como los tesoros de plata del MAN, entre ellos el Tesoro de Perotito; unas condiciones que han de ser controladas en todas sus variables, de humedad o temperatura, por ejemplo, a fin de impedir el deterioro de las piezas. Por otro lado, se ejemplifican distintas técnicas de restauración aplicadas a diferentes artículos del museo, véanse la espada ibérica de Mengíbar, varios bronces visigodos o piezas de cerámica medieval presentes en la sala. Las metodologías y procedimientos de intervención siempre han de ajustarse a los criterios de actuación imperantes en la restauración contemporánea, es decir, la mínima intervención, la reversibilidad, la compatibilidad y el máximo respeto a la autenticidad de la pieza.

La representación de los objetos

Para terminar, la exposición del MAN ilustra las distintas técnicas y soportes de representación de los hallazgos arqueológicos a lo largo de la historia. Un aspecto para el que la tecnología se demuestra crucial y de ahí el contraste de calidad y precisión entre el diseño y la estampa o, ya en la actualidad, la fotografía digital, en particular, la fotografía arqueológica. Todo ello sin olvidar la ultimísima contribución de la neurociencia a los estudios perceptivos de las piezas del pasado, con ejemplos como el mapa de calor que permite vislumbrar cuáles son las áreas más observadas en un ánfora griega.

Como prueba de esta evolución, la última sección de la muestra explica el paso del dibujo arqueológico, propio de la arqueología de campo del siglo XIX, a las técnicas de reproducción en tres dimensiones, desde las copias en yeso, la galvanoplastia, la escultura forense o las impresiones 3D, con las que se procura fomentar al máximo la investigación, documentación, difusión y accesibilidad del público a los vestigios de la antigüedad.

En lo relativo al diseño, este permitió a los primeros arqueólogos complementar sus inventarios, diarios, descripciones y testimonios escritos con imágenes que documentaban e interpretaban los hallazgos de sus expediciones arqueológicas. Muy sugerentes al respecto son los cuadernos de las excavaciones de Castiltierra, los dibujos del omóplato decorado de la Cueva de El Castillo o el del Vaso de los Guerreros de Archena. Aparte de su valor arqueológico, histórico y artístico, estas composiciones patentizan la radical transformación que ha experimentado a lo largo de las últimas décadas la ciencia del patrimonio cultural. Al desarrollo tecnológico que hoy en día revoluciona la inteligencia artificial, se suma la progresiva incorporación de nuevas disciplinas a su ámbito científico, desde la antropología hasta la economía, o desde la física a las ciencias del lenguaje y de la información, pasando por la biología, la sociología, la química, la ingeniería o las ciencias cognitivas, entre tantas otras áreas de conocimiento que unen sus esfuerzos en un avance continuo hacia una mayor compresión del ser humano a partir del legado cultural de las civilizaciones del pasado.

Misterios de la materia. Ciencia del patrimonio en las colecciones del MAN
Desde el 27 de mayo al 18 de octubre de 2026
Museo Arqueológico Nacional (MAN), Madrid
Más información en www.man.es

Cita este artículo

‘Misterios de la materia en el MAN’, En Perspectiva. España de viaje: Arte y Turismo cultural, año VII, núm. 2 (junio-septiembre de 2026), www.en-perspectiva.es

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *