
Ronald Fischer, beekeeper, 1981
Organizada por la Fundación Mapfre en colaboración con la Fondation Cartier-Bresson de París, la muestra Richard Avedon. In the American West, 1979-1984 presenta por primera vez en España la que se ha considerado obra maestra del reputado fotógrafo que en los años cincuenta y sesenta del pasado siglo inmortalizara a celebridades como Marylin Monroe, Andy Warhol o Elisabeth Taylor. Así, gracias a los préstamos de The Richard Avedon Foundation se han conseguido reunir en la Sala Recoletos de Madrid las ciento diez copias de época que el propio Richard Avedon (1923-2004) seleccionara en 1985 para la exposición y catálogo de su serie In the American West, 1979-1984, con la que se alejaba del tipo de fotografía de moda que hasta entonces le había otorgado prestigio y reconocimiento. Cabe recordar al respecto que In the American West surgió como un encargo del tejano Amon Carter Museum of American Art de Forth Woth recibido justo cuando el artista neoyorquino, fotógrafo oficial de la revista Vogue, se encontraba en la plenitud de su desarrollo creativo. Por entonces Avedon ya había sido reconocido como el retratista por antonomasia del mundo del glamur y de la vida pública estadounidenses con sendas exposiciones en el MoMA (1974) y el Metropolitan Museum of Art de Nueva York (1978). Dados estos precedentes, es posible hacerse una idea del impacto social provocado por una serie fotográfica que, centrada en personajes anónimos de la clase trabajadora, contrastaba intensamente con el trabajo que Richard Avedon había realizado hasta la fecha.
De la Marina Mercante a la fotografía de moda
Richard Avedon nació en el seno de una familia neoyorquina de origen judeoruso. Ya a la edad de doce años se uniría al YMHA – Young Men’s Hebrew Association Camera Club. Durante la Segunda Guerra Mundial sirvió como oficial de fotógrafo de segunda clase en la Marina Mercante donde, desde 1942, llevaría a cabo retratos identificativos de los tripulantes con la Rolleiflex de doble lente que le regalara su padre. Gracias a esa experiencia, Avedon pudo ahondar en el conocimiento técnico del medio fotográfico al mismo tiempo que comenzaba a forjar su personal lenguaje artístico. Después de dos años de servicio dejó la Marina Mercante para ejercer como fotógrafo de moda y formarse con el reputado director artístico del Harper’s Bazar, Alexey Brodovitch, en el Laboratorio de Diseño de la Nueva Escuela de Investigaciones Sociales. En 1945 Avedon inauguró su propio estudio y trabajó como free lance para diversas revistas, llegando a convertirse muy pronto en el fotógrafo más destacado del mencionado Harper’s Bazar y realizando también retratos para Theatre Arts, Life y Look. En efecto, la retratística y la fotografía de moda continuaron siendo la principal ocupación de Avedon durante décadas: así, tras el fin de su colaboración con el Harper’s en 1965 el artista se convertiría en el principal responsable de las portadas de Vogue hasta 1988, asociando posteriormente su nombre a otras publicaciones como Egoiste y The New Yorker, así como a marcas de la categoría de Calvin Klein, Versace o Revlon.
En el Oeste americano
Coincidiendo con la celebración del Día de la Independencia de los Estados Unidos de América, el 4 de julio de 1978 se publicó en la revista Newsweek el retrato que Richard Avedon tomase de su capataz Wilbur Powell en el rancho de Ennis, en Montana, donde el fotógrafo reposaba tras una afección cardiaca. Aquella imagen de un ‘excepcional hombre normal’, tal y como lo definiera Avedon, despertó el interés de Mitchell A. Wilder, director del Amon Carter Museum, quien sugeriría al artista desarrollar un ambicioso proyecto fotográfico: nacía así In the American West.
De esta suerte, especialmente durante las primaveras y los veranos de los años de 1979 a 1984, Avedon y sus ayudantes recorrieron casi una veintena estados y ciento ochenta y nueve localidades del Oeste americano, fotografiando con una cámara de gran formato sobre trípode a un millar de personas desconocidas (los ‘olvidados’ y ‘desheredados’ del Oeste, se dijo), desde operarios a mineros, pasando por obreros de construcción, camareros, trabajadores de campos petrolíferos, vagabundos, presos, camioneros, feriantes, amas de casa, rancheros o desempleados, todos ellos ‘demasiado creíbles’, retratados frontalmente sobre fondo blanco y con luz natural en improvisados estudios al aire libre en ranchos, paradas de camiones o rodeos, ‘no precisamente un escenario cinematográfico’. A grandes rasgos, las características del estilo claro, dinámico y nítido de Avedon, evocador de la personalidad de sus modelos sin ningún tipo de idealización, se adaptaron al tipo de retratística propia de los antiguos fotógrafos itinerantes del lejano Oeste, proyectando una visión crítica de la sociedad estadounidense de la segunda mitad del siglo XX y, más allá de un territorio y de una época, de la misma condición humana. Y es que, gracias a esta serie, afirmaría Avedon:
Descubrí que tenemos en común todo lo que importa: querer que nuestros hijos disfruten de una vida mejor que la nuestra, preocuparnos por nuestros padres que envejecen, intentar sacar lo mejor de nosotros mismos (…) Si tengo un objetivo para estas fotografías es que la gente les preste atención y diga: ‘Ese podría ser yo’ (Los Angeles Times, 22 de septiembre de 1985).
Celebridad y compromiso
A pesar de poseer una fama que había llegado a inspirar el fotógrafo protagonista de Una cara con ángel (1957) –film de Stanley Donen interpretado por Audrey Hepburn y Fred Astaire–, Richard Avedon no obvió los problemas políticos y sociales que por aquellos años afectarían a los Estados Unidos de América. Por eso, según Clément Chéroux, Director de la Fondation Henri Cartier-Bresson y comisario de la muestra:
A lo largo de su trayectoria como artista, Avedon sintió la necesidad de expresar su punto de vista sobre los derechos civiles de los afroamericanos o sobre la guerra de Vietnam, y en esta ocasión volvió a pronunciarse sobre la situación que estaba atravesando Estados Unidos. Tras la crisis del petróleo, el país vivía un período de recesión económica y desindustrialización. Lejos de las imágenes de éxito ostentoso difundidas por series como Dallas y Dinastía, Avedon quiso mostrar las clases trabajadoras relegadas a los márgenes de la sociedad por las agresivas políticas neoliberales del presidente republicano Ronald Reagan.
En este sentido y a despecho tanto de su estética minimalista como de su supuesta objetividad, Avedon haría hincapié en que la serie In the American West no suponía un mero registro de tipos humanos, dado que ‘en el momento en que una emoción o un hecho se transforma en fotografía, ya no es un hecho sino una opinión’. En efecto, al eliminar el fondo blanco cualquier referencia paisajística, la imagen intensifica el impacto de la individualidad del modelo en una imagen de carácter devastador. En palabras de la crítica de arte Suzanne Muchnic,
Estas personas no son víctimas de la Gran Depresión, ni refugiados de algún déspota extranjero ni producto de prejuicios étnicos. Si de algo son víctimas es de la esperanza y su otra cara, el desaliento (…) La sensación de sueños perdidos, vidas desperdiciadas y trabajo despreciado es demasiado penetrante. Este no es el Oeste que se desvanece, totalmente perfumado, cabalgando hacia el ocaso; es el desagradable Oeste que está con nosotros.
Técnica, procedimiento y fidelidad museográfica
Chéroux incide a su vez en la laboriosidad del método de trabajo del artista quien, junto a sus colaboradores, hubo de trasladar la pesada equipación exigida por una cámara Deardorff que empleaba negativos de 20 x 25 centímetros. Consecuentemente, si la estética de los retratos se definía por una aparente sencillez, desde luego no lo era tanto la técnica de producción de los mismos. Precisamente, para la ejecución de la propuesta de Wilder, Richard Avedon realizó setecientas cincuenta y dos sesiones y expuso diecisiete mil hojas de película a través de su cámara de gran formato. Antes de cada toma se hacía una Polaroid del modelo, que previamente había autorizado la publicación de su imagen. A todos los participantes se les enviaría una copia de su retrato, una invitación a la exposición y un ejemplar del catálogo. También se sabe que, a la hora de llevar a cabo el revelado, el propio artista indicó con anotaciones manuscritas conservadas en la Richard Avedon Foundation el grado de intensidad que debía alcanzarse en ciertas zonas de las instantáneas.
El resultado del proceso pudo contemplarse en la exposición inaugurada el 14 de septiembre de 1985 en el Amon Carter Museum of American Art, así como en el catálogo publicado por la editorial Abrams aquel mismo año. Partiendo de estos precedentes, la muestra de Mapfre –ya exhibida en la Fondation Cartier-Bresson durante 2025– ha intentando reproducir lo más exactamente posible la concepción original del autor, empleando las copias de referencia que, impresas en gelatina de plata bajo la supervisión del fotógrafo y hoy pertenecientes a la neoyorquina Richard Avedon Foundation, no solo sirvieron para llevar a cabo las ampliaciones de 120 por 94 centímetros expuestas en el Amon Carter, sino también para realizar la edición del citado volumen recopilatorio.
Es más, la rigurosidad del montaje de la exposición de Mapfre en todo lo concerniente a la exactitud histórica ha determinado que el orden de disposición de las imágenes en la sala Recoletos se corresponda con el de su emplazamiento real dentro del catálogo de 1985. Por eso, todas las fotografías se suceden linealmente con espacios vacíos que remiten a las páginas que en el libro, a izquierda o derecha, se dejaron intencionadamente en blanco. Incluso los saltos de página se han indicado con otros espacios de menor tamaño.
Iconos de una época: objetividad vs. subjetividad
Una de las imágenes más sorprendentes de la serie del Oeste americano de Richard Avedon resulta ser el retrato del apicultor Ronald Fischer. Ubicado al final del catálogo, este hombre de torso desnudo y recubierto de abejas supone un excepcional colofón a un conjunto único y rompedor, proporcionando asimismo el mejor caso de estudio acerca de la preparación escenográfica de una toma por parte de Avedon. A pesar de que el autor dijo preferir las puestas en escena realizadas con la sencillez y naturalidad propias de un estilo documental, fotografiando a cada persona tal y como la había conocido, tampoco pretendió rehuir el componente subjetivo de su creatividad. Por ejemplo, en el caso de Ronald Fischer, Avedon llegó a elaborar bocetos preparatorios de la composición final. Además, según la ayudante del artista, Laura Wilson, para la elección del modelo se publicó un anunció en The American Bee Journal y durante el proceso se contó con la presencia del entomólogo Norman E. Gary. Las ciento veintiuna tomas de Avedon se llevaron a cabo durante dos días de mayo de 1981 en la localidad californiana de Davis, habiendo de firmarse un documento de exención de responsabilidad en caso de sufrir picaduras por parte de los asistentes. Curiosamente, Ronald Fischer, cuyo torso se embadurnó de feromonas de reina, terminaría sufriendo dos picaduras. Entre las dos fotografías seleccionadas al final del proceso, una en la que para Avedon el apicultor parecía ‘un mártir cristiano’ y otra en la que se asemejaba a ‘un monje budista soportando el dolor sin remordimientos’, el artista se decantaría por esta última.
Otro de los retratos que hoy se han convertido en icono es el del joven desollador de serpientes de cascabel. Conviene recordar que, desde el comienzo del proyecto, Richard Avedon visitó las ferias y rodeos que atraían a los lugareños, hecho que le facilitaba encontrar modelos en zonas poco pobladas. Justamente, uno de los acontecimientos más populares de Texas es la Gran Recogida de Serpientes de Cascabel que, celebrada cada marzo en Sweetwater, pretende reducir el número de estos peligrosos reptiles presentes en los campos y tierras de labranza. A fin de poder cocinar su carne fresca, muchos voluntarios acuden con serpientes vivas, a las que desuellan en el momento. Fue así como el artista dio con Boyd Fortin, a quien Avedon fotografió en dos sesiones durante dos días, asegurándole que ‘voy a hacer que tu retrato sea famoso’.
Y así ha terminado siendo, en cuanto parte de una serie fotográfica que, por ejemplo, entroncaría con las Personas del siglo XX del fotógrafo August Sander o, en el ámbito de la pintura, con el mismo Francisco de Goya. No en vano Richard Avedon confesaría con respecto a sus mineros del Colorado y a sus rostros cubiertos de hollín que:
quería que fueran los Goyas negros de la fotografía.
Richard Avedon. In the American West, 1979-1984
Desde el 6 de junio hasta el 30 de agosto de 2026
Fundación Mapfre, Sede Recoletos, Madrid
Más información en www.fundacionmapfre.org
Cita este artículo
‘Richard Avedon. In the American West, 1979-1984’, En Perspectiva. España de viaje: Arte y Turismo cultural, año VII, núm. 2 (junio-septiembre de 2026), www.en-perspectiva.es

