
Rubens, Retrato de joven dama con rosario, ca. 1610. Thyssen
La exposición Rubens. El florecimiento de un genio aborda el estudio de los primeros años de la trayectoria artística de Peter Paul Rubens (1577-1640) mediante una original reconstrucción del contexto cultural y creativo de la Amberes de finales del siglo XVI. Así, a través de este interesante enfoque, la nueva muestra temporal del Museo de Bellas Artes de Valencia (MuBAV) pone de relieve la influencia que en la configuración del lenguaje pictórico del futuro maestro ejercerían tanto el ambiente artístico de la ciudad como las principales figuras del entorno del joven artista. El recorrido expositivo, pues, sitúa el periodo formativo de Rubens en relación con su aprendizaje en los talleres de Tobias Verhaecht, Adam van Noort y Otto van Veen, así como con su posterior ingreso en el Gremio de San Lucas de Amberes en 1598 y el inicio, tras su estancia italiana de entre 1600 y 1608, de su actividad al servicio de la corte de los archiduques Alberto e Isabel Clara Eugenia. Esta perspectiva permite comprender la evolución de su producción más temprana en conexión con las dinámicas artísticas e intelectuales que caracterizaron el panorama amberino de la época.
Con el fin de contextualizar este proceso, la exposición reúne obras de destacados artistas activos en la ciudad, entre ellos Maerten de Vos, Willem Key, Adriaen Thomasz. Key, Crispijn van den Broeck o Pieter Pourbus II y, de igual modo, concede una atención particular a los maestros con los que Peter Paul Rubens completó su formación, con la novedad de haberse podido presentar en una institución pública española un significativo número de pinturas de Adam van Noort y, especialmente, de Otto van Veen. La amplitud del conjunto de obras reunido de este último, inédito a nivel expositivo, permite reconsiderar su producción pictórica desde una perspectiva más amplia que la ofrecida tradicionalmente por sus célebres libros de emblemas. Junto a esta labor de contextualización, la muestra incorpora además diversas obras de especial relevancia para la investigación histórico-artística, como una pintura de la serie de la Creación de Pietro Facchetti, cuya restauración fue llevada a cabo por Rubens tras los daños ocasionados durante su traslado desde Mantua hasta la corte de Felipe III en Valladolid; un boceto al óleo para el altar mayor de la Chiesa Nuova de Roma, escasamente difundido en el ámbito español; y un fragmento que podría corresponder a una parte de la composición perdida de La continencia de Escipión. Este conjunto de sesenta y una obras, de las cuales catorce originales de Peter Paul Rubens, amplía el conocimiento sobre la etapa inicial del pintor y evidencia el valor de la exposición como una aportación al estudio de sus años de formación y de las relaciones artísticas que contribuyeron al desarrollo de su carrera.
Primeros brotes
Tal y como su título indica, la exposición Rubens, el florecimiento de un genio se ocupa del proceso mediante el cual ‘un artista llegar a ser quién es’ y, en este sentido, parte precisamente del símil de la semilla que se planta en una tierra abonada y que, hasta que repentina y vigorosamente nacen los primeros brotes, requiere de un tiempo de espera e incertidumbre. De este modo, asegura la comisaria Ana Diéguez-Rodríguez, el espectador llega a la primera sala de la muestra del MuBAV para encontrarse con ‘ese terreno fértil’ en el que germina el arte de Peter Paul Rubens. Así, coincidiendo con el establecimiento en Amberes de un Rubens que en 1589 cuenta solamente doce años, la primera sala de la exposición ilustra tanto los talleres que en aquel tiempo se encontraban activos en la ciudad, como el ambiente cultural y artístico que acoge a aquel joven crecido en el seno de una familia calvinista que se había visto obligada a huir a Colonia a causa de las persecuciones religiosas. Tras la muerte de su padre, el abogado Jan Rubens, su madre Maria Pypelincks aprecia las dotes artísticas de su hijo y, convertida al catolicismo, vuelve con él a Amberes.
Cabe recordar que Peter Paul Rubens pasaría muy poco tiempo en el estudio de Tobias Verhaecht (ca. 1591-1592) antes de entrar a formar parte del de Adam van Noort, más tarde también profesor de Jordaens. Finalmente, en 1594 nuestro joven pintor accede al taller de Otto van Veen, autor con el que se instruirá durante cuatro años hasta ser reconocido como maestro independiente, lo que en la práctica implicaba que se le permitía tener un taller propio y vender su obra de forma autónoma. De esta suerte, asentado a partir de entonces en la ciudad flamenca, Rubens no tardará en iniciar una estrecha relación con la corte de Bruselas. Hasta que llegue ese momento, no obstante, el pintor asume con exactitud, pero no por ello sin personalidad, las fórmulas del obrador donde se desarrolla su formación. Por eso, aunque a veces hoy nos resulte casi imposible distinguir la mano del maestro de la del discípulo, sí que es factible apreciar en sus telas una impronta muy particular. Véase a este respecto la Virgen con el Niño y San Juan en un paisaje que, respondiendo típicamente a los modelos de Van Veen, trasluce sin embargo, tanto en el entorno como en el rostro de los niños, una sensibilidad muy distinta. Curiosamente, esta distribución del trabajo se repetirá años después en el propio taller de Rubens, donde sus intervenciones se confundirán con las de, esta vez, su aprendiz Anton van Dyck. De hecho, el ahora maestro alardeará en su correspondencia de que ‘la obra ha sido realizada por uno de mis mejores discípulos, pero es como si lo hubiera hecho yo’, relata Diéguez-Rodríguez.
La independencia de Rubens implica una convivencia con los talleres y artistas ya establecidos en Amberes y que, al igual que su último maestro, se encuentran especialmente vinculados a la corte. Con algunos de ellos como Jan Brueghel el viejo o Joost de Momper II, especializados en la pintura de paisaje y la descripción minuciosa de la naturaleza, colaborará el joven maestro a su vuelta de Italia. En general, Rubens se encargará de la realización de las figuras, mientras los mencionados artistas se ocupan del paisaje, un reparto de tareas habitual en la época tal y como demuestra el lienzo La vida en el campo, ‘magnífica instantánea’ de la siega estival que ejemplifica la ‘excelencia de la escuela flamenca a la hora de representar la realidad’. A sus autores, en este caso los propios Brueghel y Momper, se atribuyen respectivamente las figuras y el paisaje representados.
Italia
A partir de 1600 Peter Paul Rubens inicia su estancia en Italia, donde entra al servicio del duque de Mantua, Vicenzo Gonzaga, en la que constituirá una etapa decisiva para la consolidación de su lenguaje artístico. La colección pictórica del aristócrata, integrada por trabajos de Tiziano, Veronese, Tintoretto, Carracci y Caravaggio influyó sin duda en el estilo flamenco del artista, así como lo harán los monumentales frescos manieristas de Giulio Romano en el Palazzo Te. Además, con el transcurso de los años, el pintor demuestra una extraordinaria capacidad no solo para captar la realidad visible, sino también para trascender la mera representación física y revelar la dimensión psicológica y social de sus modelos, una cualidad que se aprecia de manera especialmente manifiesta en los retratos realizados durante su paso por Génova, como los de Brigida Spinola-Doria y Maria Serra Pallavicino.
Paralelamente, Rubens se convierte en el gran intérprete de los ideales estéticos y espirituales promovidos por la Contrarreforma, ofreciendo soluciones compositivas de notable eficacia visual y devocional. Así, en la exposición se presenta el segundo boceto realizado para el altar mayor de la iglesia de San Felipe Neri en Roma, la Chiesa Nuova, donde se veneraba un icono de Santa Maria in Vallicella de profunda significación religiosa. Este modeletto o boceto al óleo corresponde a la segunda propuesta compositiva concebida por el artista, en la que concede un mayor protagonismo e independencia iconográfica a la Virgen con el Niño, rodeada por un coro de ángeles. Aunque se trata de una obra preparatoria de reducido formato, anticipa la compleja concepción escenográfica de la versión definitiva que hoy puede contemplarse en la iglesia donde, a su vez, un ingenioso mecanismo permite mostrar a los fieles la imagen sagrada de Santa María: se trata de una cubierta de cobre desmontable que intensifica emocionalmente la veneración del icono, objeto de culto en ese lugar desde el siglo III.
Regreso a Flandes
Tras su regreso a Amberes en 1609, coincidente con la firma de la Tregua de los Doce años entre los Habsburgo y los Orange-Nassau, Rubens fue nombrado pintor de cámara de los archiduques Alberto e Isabel Clara Eugenia, cuyos retratos se convirtieron en efigie oficial de la corte. Este nombramiento, pues, marcó el inicio de una de las etapas más fecundas de la trayectoria del artista, caracterizada por el afianzamiento de su prestigioso taller amberino. Desde este centro de producción artística, Rubens cultivó una extraordinaria diversidad de géneros, que abarcaba desde la pintura religiosa o mitológica hasta el retrato y las escenas de la vida cotidiana. Gracias a la calidad de sus obras y a su innovadora estética, el taller supuso un auténtico catalizador de renovación artística en la ciudad, acaparando los encargos más importantes de la época e introduciendo un modelo pictórico que ejerció una profunda influencia sobre los demás talleres flamencos. Particularmente, en el plano estilístico sus creaciones se caracterizan por un acusado dinamismo, en el que la intensidad emocional y el dramatismo narrativo prevalecen sobre la estricta claridad compositiva, configurando un exuberante lenguaje visual de gran fuerza expresiva. En definitiva, como señala Diéguez-Rodríguez, ‘Rubens no solo trazó y siguió su propio camino estético, sino que también ejerció una influencia decisiva sobre el conjunto de los talleres de su tiempo’, lo que haría de él una figura esencial para la evolución de la pintura barroca en los Países Bajos.
Los talleres de Amberes
Uno de los principales reclamos de la exposición Rubens. El florecimiento de un genio es la posibilidad de conocer de primera mano la escuela de Amberes de finales del siglo XVI. Y es que la muestra del MuBAV supone una ocasión única para admirar obras de Maerten de Vos, Crispijn van den Broeck o Adriaen Thomasz. Key, artistas desconocidos para el público contemporáneo que, sin embargo, gozaron de gran consideración en su tiempo. Y todo ello sin olvidar a los maestros del propio Rubens, los mencionados Adam van Noort y Otto van Veen, cuyas telas proporcionan las claves necesarias para poder reconstruir al primer Rubens. Se intenta profundizar de este modo en la forja de la identidad artística del pintor y en los motivos de su llegada a Italia, donde, incluso careciendo aún prácticamente de popularidad, comienza a ser demandado como retratista por la alta sociedad cisalpina. También sorprenden sus tempranas cualidades como restaurador, por ejemplo, cuando repara la serie pictórica de Pietro Facchetti con que el Duque de Mantua pretendía obsequiar a Felipe III. Los lienzos resultaron inesperadamente dañados en el transcurso de aquel viaje que en 1603 llevaría a Rubens hasta Valladolid, una estancia durante la cual el artista ejecutaría su famoso retrato ecuestre del Duque de Lerma. Se trataba, además, del mismo Rubens requerido para decorar los altares mayores de las iglesias más importantes de Roma, como la citada Chiesa Nuova (1606-1608), donde intervino justo antes de volverse a su tierra, en la que, por otra parte, no tardaría en ganarse el favor de la corte.
En definitiva, un éxito incesante que obliga a ese Rubens antes de Rubens a reformular una y otra vez sus principios estéticos antes de alcanzar la plena madurez: la madurez de un genio de la pintura que, tal y como asegura el director del MuBAV, Pablo González Tornel, ‘sin ser totalmente flamenco ni totalmente italiano supo combinar esos dos mundos y generar un estilo completamente personal’. Afortunadamente, la génesis de esa personalidad tan particular que ha marcado el rumbo de la Historia del Arte universal se hace ahora ostensible en esta extraordinaria exposición que sitúa a Valencia en lo más alto del panorama cultural nacional e internacional. Bien podría afirmarse que, en su Museo de Bellas Artes, Rubens y la pintura flamenca florecen en tierra próspera y feraz.
Rubens, el florecimiento de un genio
Desde el 2 de julio hasta el 4 de octubre de 2026
Museo de Bellas Artes de Valencia
Más información en www.museobellasartesvalencia.gva.es
Cita este artículo
‘Rubens, el florecimiento de un genio’, En Perspectiva. España de viaje: Arte y Turismo cultural, año VII, núm. 2 (junio-septiembre de 2026), www.en-perspectiva.es

