Ever is Over All, 1997

La programación anual de la sala Film & Vídeo del Museo Guggenheim Bilbao concluye con Pipilotti Rist. Ever Is Over All, una exposición dedicada a la videoinstalación homónima de la artista suiza Pipilotti Rist. Cabe recordar que esta obra, presentada en la 47ª edición de la Bienal de Venecia de 1997, consolidó el reconocimiento internacional de la autora. Desde entonces, Ever Is Over All se ha convertido en una de sus creaciones más representativas y en una pieza fundamental para comprender la evolución del videoarte contemporáneo a finales del siglo XX. Justamente, la instalación se enmarca en la década de 1990, un periodo en el que el vídeo afianzó su posición como medio artístico dentro de las instituciones museísticas, proliferando las propuestas audiovisuales de carácter inmersivo.

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En este contexto, Rist combina elementos del arte contemporáneo con recursos propios de la cultura visual popular, alejándose de la sobriedad distintiva del arte conceptual anterior. En su lugar, desarrolla un lenguaje visual marcado por la sensualidad del cromatismo y de la banda sonora, con claras referencias estilísticas al videoclip y a la publicidad. No obstante, más allá de su dimensión estética, la obra plantea cuestiones de carácter político y social que mantienen su vigencia hoy en día, invitando a reflexionar sobre las relaciones de poder, la representación del cuerpo femenino, el concepto de propiedad privada, el uso del espacio público o las consecuencias medioambientales asociadas a la comercialización masiva del automóvil.

Pipi/Lotti

Pipilotti Rist (Grabs, Suiza, 1962) es una de las figuras más destacadas del videoarte contemporáneo. Nacida Elisabeth Charlotte Rist, en 1982 adoptó el seudónimo Pipilotti, inspirado en Pippi, la protagonista de los cuentos de Astrid Lindgren, y en el diminutivo de su propio nombre, Lotti, reflejando así el carácter imaginativo y transgresor de su concepción artística. Sus creaciones combinan tecnología, música e instalaciones para explorar críticamente cuestiones como la identidad, la sexualidad, el cuerpo femenino y la relación entre el ser humano y la naturaleza, mediante un lenguaje visual experimental que amplía los límites tradicionales de las artes visuales y da lugar a experiencias sensoriales de inmersión del espectador en la obra.

Rist estudió artes aplicadas en Viena y posteriormente diseño audiovisual en la Escuela de Diseño de Basilea. Durante su formación comenzó a experimentar con el vídeo y la manipulación de imágenes, medios que pronto se convertirían en el eje de su trayectoria. En 1986 realizó I’m Not the Girl Who Misses Much, una obra en la que aparece cantando y moviéndose ante la cámara a través de imágenes distorsionadas y ritmos repetitivos. La pieza cuestiona los estereotipos femeninos y las convenciones de representación de la mujer en los medios de comunicación. A finales de los años ochenta y durante la década siguiente, Rist consolidó un estilo propio caracterizado por imágenes de gran colorido, influencias de la cultura popular, la música y el feminismo. Su participación en el grupo musical experimental Les Reines Prochaines reforzó la dimensión sonora y performativa de su trabajo, cuyas creaciones fueron evolucionando progresivamente desde el formato convencional de pantalla hacia espacios expositivos concebidos como entornos audiovisuales envolventes.

Ever Is Over All

Ever Is Over All se compone de dos proyecciones de vídeo sincronizadas. En una de ellas se observa a una joven (interpretada por Silvana Ceschi) que camina con aparente serenidad por una calle de Zúrich vestida de azul. En una de sus manos sostiene una gran flor subtropical roja —una Red Hot Poker de origen subsahariano— con la que rompe, uno tras otro, los cristales de los automóviles estacionados junto a la acera. Este gesto violento, reiterado y ejecutado sin prisa ni ocultamiento, contrasta radicalmente con la suavidad del movimiento corporal y la atmósfera lírica y relajante del vídeo: el uso de colores saturados, el ritmo pausado del montaje y la música suave generan una atmósfera que atenúa la percepción de la violencia. En este sentido, uno de los momentos más significativos del vídeo se produce cuando la protagonista se cruza con una agente de policía que, lejos de sancionar su conducta, la saluda cordialmente, introduciendo una suspensión simbólica del orden normativo, desactivando la expectativa del castigo y transformando el acto de vandalismo en una suerte de alegoría poética y emancipadora o, según fuentes del museo Guggenheim, en ‘un cuento de hadas contemporáneo en el que se cuestiona el estatus aparentemente sagrado de la propiedad privada en relación con la destrucción continua de los recursos públicos’.

La segunda proyección muestra primeros planos de flores filmadas con un movimiento de cámara dinámico y una importante saturación cromática, sugiriendo una experiencia visual de gran sensualidad y, diríase, hipnotismo. Al mismo tiempo, la banda sonora de Anders Guggisberg y la propia Pipilotti Rist, acentúa la carga onírica de la imagen de las flores que, asociadas a la belleza, la fragilidad y el ornamento, se transforma aquí en un instrumento de acción y reivindicación catártica, no meramente destructiva, otorgando a la obra una profunda dimensión feminista, invirtiendo el juego de miradas que sobre la mujer y las flores ha establecido la tradición artística occidental. Se trata, pues, de una creación basada en una honda contradicción lingüística y conceptual que genera un paradójico contraste entre razón y sentimiento, entre lógica y subversión emocional.

De la Bienal de Venecia al MoMA de Nueva York

Durante la década de 1990, la artista desarrolló algunas de sus obras más representativas, como Pickelporno (1992) y Sip My Ocean (1996), en las que profundizó en la exploración del sensualismo, la corporeidad y su percepción mediante colores vibrantes y recursos audiovisuales experimentales. Su reconocimiento internacional se consolidó en 1997, precisamente a raíz de la proyección de su Ever Is Over All en la Bienal de Venecia.

En el año 2000, su obra Open My Glade se proyectó en la pantalla gigante de Times Square, en Nueva York, dentro del programa Messages to the Public, trasladando su lenguaje audiovisual al espacio urbano. Posteriormente, en 2005, representó a Suiza en la 51ª Bienal de Venecia con Homo sapiens sapiens, una instalación exhibida en la iglesia de San Stae y considerada una de sus propuestas más destacadas. En esta obra, la artista continuó explorando las posibilidades de la imagen proyectada y su relación con la arquitectura y el cuerpo del espectador.

A lo largo de la década de 2000, Rist llevó a cabo importantes proyectos expositivos, entre los que destaca A la belle étoile (2007), presentado frente al Centre Pompidou de París, y Pour Your Body Out (7354 Cubic Meters) (2008), realizado en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA). Esta última instalación transformaba el espacio arquitectónico mediante proyecciones monumentales, colores intensos y sonidos envolventes, invitando al público a experimentar las imágenes desde una perspectiva física y sensorial.

Producción reciente

Durante la década de 2010, su práctica artística se orientó hacia formatos de gran escala, como en Worry Will Vanish Horizon (2014) y Pixel Forest (2016), en los que profundizó en la relación entre imagen, espacio, naturaleza y percepción sensorial. En estas instalaciones, la combinación de proyecciones, luz y sonido convierte al espectador en parte activa de la experiencia artística.

En los últimos años, la obra de Pipilotti Rist ha mantenido una importante presencia internacional a través de exposiciones como Hand Me Your Trust (2023), presentada en el museo M+ de Hong Kong; Prickling Goosebumps & a Humming Horizon (2023-2024), en las galerías Hauser & Wirth y Luhring Augustine de Nueva York; y Electric Idyll (2024), en la Fire Station de Doha.

En conjunto y como se ha venido observando, la producción de Rist se caracteriza por la saturación cromática, la alteración de la velocidad de las imágenes y la integración del sonido y el espacio. Sus obras no se limitan a transmitir un mensaje, sino que buscan involucrar emocional y corporalmente al espectador. Mediante un lenguaje audiovisual que combina experimentación tecnológica, referencias a la cultura popular y una perspectiva crítica sobre el cuerpo y la sociedad, la artista ha contribuido a ampliar las posibilidades expresivas del videoarte contemporáneo.

Sobre el videoarte

En la década de 1960 la expansión del fenómeno televisivo y la aparición de cámaras de vídeo portátiles permitió a los artistas experimentar con la imagen en movimiento fuera de los circuitos cinematográficos tradicionales: fue así como el surcoreano Nam June Paik (1932-2006) se convirtió en uno de los pioneros de la historia del videoarte, explorando el potencial crítico y expresivo de la televisión y la distorsión electrónica de imágenes y transmisiones. No es de extrañar que su primera exposición, celebrada en la germana Galerie Parnass de Wuppertal en 1963, se denominase Exposition of Music-Electronic Television o Exposición de música-televisión electrónica.

A grandes rasgos, el videoarte emplea como medios de expresión artística la imagen en movimiento, el sonido y otros recursos tecnológicos, sin seguir necesariamente la narración lineal del relato cinematográfico y acompañando la experimentación visual con la reflexión sobre cuestiones que afectan a la cultura, la sociedad o el propio individuo. Así, los programas de edición transforman las imágenes grabadas mediante cámaras de vídeo u otros dispositivos digitales, alterando la velocidad de reproducción, la saturación de los colores, superponiendo imágenes, distorsionando las formas, combinando planos o repitiendo secuencias, por ejemplo. De este modo, se puede trastocar intencionadamente la percepción de las dimensiones espacial y temporal en las que se apoya nuestra realidad cotidiana, alterando en consecuencia los significados culturalmente asimilados que le son inherentes. La experimentación sonora con la música, la voz, el ruido ambiental o el silencio, así como las infinitas modalidades y espacios de proyección de las imágenes suponen, a su vez, elementos fundamentales a la hora de definir la experiencia videoartística.

Pipilotti Rist. Ever is Over All
Desde el 1 de octubre de 2026 hasta el 17 de enero de 2027
Guggenheim Bilbao
Más información en www.guggenheim-bilbao.eus

Cita este artículo

‘Pipilotti Rist. Ever is Over All’, En Perspectiva. España de viaje: Arte y Turismo cultural, año VII, núm. 3 (octubre de 2026-enero de 2027), www.en-perspectiva.es

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