Autorretrato apoyado sobre un alféizar, 1639

Con más de trescientas estampas realizadas a lo largo de su carrera, Rembrandt van Rijn (1606-1669) ha sido uno de los grandes maestros grabadores de la historia del arte. Para crear sus obras, en las que representó escenas religiosas, retratos, autorretratos y paisajes, se sirvió y experimentó con técnicas como el aguafuerte, la punta seca y el buril, principalmente sobre planchas de cobre. Su dominio técnico le permitió lograr intensos contrastes de luz y sombra, gran riqueza de detalles y una destacada expresividad, como puede apreciarse en Rembrandt. Un mundo en grabados, la nueva muestra de CaixaForum València organizada en colaboración con el British Museum. A través de sus setenta y cinco piezas procedentes de la colección londinense —sesenta y ocho grabados, una plancha de cobre y seis dibujos—, la exposición pone de manifiesto tanto el proceso creativo del artista como los recursos técnicos y expresivos de los que se sirvió para representar e interpretar la realidad de su tiempo. ‘Esta exposición es una oportunidad única para contemplar una de las mejores colecciones de grabados y dibujos de Rembrandt’, señala Olenka Horbatsch, conservadora adjunta de Grabados y Dibujos Holandeses, Flamencos y Alemanes (1400-1880) del British Museum, para la que la muestra ‘revela la increíble creatividad de Rembrandt en el ámbito de las obras sobre papel’.

Search

El itinerario expositivo se inicia con un espacio introductorio en el que se presentan una plancha de cobre grabada y diversas herramientas vinculadas a la elaboración de estampas, con el propósito de contextualizar los procedimientos técnicos utilizados por Rembrandt. A continuación, el recorrido se articula en seis ámbitos temáticos —autorretratos, retratos, las mujeres de Rembrandt, dibujo al natural, paisaje y naturaleza y relatos de la Biblia— que abordan la diversidad de su obra y analizan la evolución de sus procedimientos artísticos. La muestra se completa, además, con el proyecto de mediación Rembrandt. Un mundo en relieve, diseñado para acercar las técnicas del grabado a públicos diversos, sobre todo a las personas con discapacidad visual, mediante recursos visuales y táctiles. A tal fin, se han distribuido tres mesas de mediación a lo largo del espacio expositivo: El control de la luz, que utiliza el retrato de Jan Six para mostrar cómo Rembrandt organizaba las zonas claras y oscuras mediante diferentes texturas; La libertad del trazo, que parte del paisaje Los tres árboles (1643) para explorar cómo las líneas y las tramas permiten representar la lluvia, las nubes, el agua y la vegetación; y Variaciones de estado, que se basa en Cristo presentado ante el pueblo (1655) para explicar cómo el artista creaba distintas versiones de una misma estampa modificando sus planchas. Por último, la exposición incorpora cuatro audiovisuales del British Museum, textos introductorios, cartelas explicativas y una infografía dedicada a Cristo curando a los enfermos, también conocida como La estampa de los cien florines (1648).

Una vida de luces y sombras

Rembrandt Harmenszoon van Rijn nació en Leiden, Países Bajos, el 15 de julio de 1606, y murió en Ámsterdam en 1669. Fue uno de los pintores más importantes del Barroco neerlandés, aunque su vida estuvo marcada tanto por el aplauso como por las pérdidas familiares y los problemas económicos. Hijo de un molinero y de una mujer procedente de una familia de panaderos, Rembrandt creció en una familia numerosa: no en vano fue el octavo de nueve hermanos. Durante su juventud estudió brevemente en la Universidad de Leiden, pero pronto decidió abandonar los estudios para dedicarse a la pintura. Comenzó a colaborar con su conciudadano Jacob van Swanenburgh y, más tarde, con Pieter Lastman en Ámsterdam. En 1625 regresó como maestro independiente a Leiden, donde abrió un taller con su compañero en la capital, Jan Lievens. En 1630 volvió a Ámsterdam y, asociado con el marchante Hendrick van Uylenburgh, alcanzó gran reputación como retratista.

En 1632 llevó a cabo La lección de anatomía del doctor Tulp y, tras casarse en 1634 con la sobrina de su socio, la acaudalada Saskia van Uylenburgh, vivió una etapa de prosperidad que culminó con La ronda nocturna. Desde la década de 1640 sufrió dificultades personales y económicas: en 1642, tras el nacimiento de Titus, el único de sus cuatro hijos que le sobrevivió, falleció su esposa. Posteriormente, en 1656 se declaró en bancarrota, subastándose todos sus bienes y colección artística. A pesar de ello, continuó pintando y formando alumnos. En sus últimos años recibió nuevos encargos, como La conspiración de Claudio Civilis para el ayuntamiento de Ámsterdam. Sin embargo, la muerte de su hijo Titus en 1668 supuso un golpe definitivo para el artista, que falleció en Ámsterdam un año después, el 4 de octubre de 1669, a los 63 años. Fue enterrado en una tumba sin identificar en la iglesia Westerkerk de la capital holandesa.

Rembrandt (auto)retratista

Rembrandt van Rijn realizó numerosos autorretratos a lo largo de su vida, desde su juventud hasta sus últimos años, experimentando siempre con la iluminación, su pose y la vestimenta. A través de pinturas, dibujos y grabados, representó su rostro en distintas etapas con gran realismo y expresividad, dejando un valioso testimonio de su evolución personal y artística. El naturalismo y el acentuado claroscuro no disimulaban su envejecimiento y destacaban sus facciones para transmitir diferentes estados de ánimo, como puede apreciarse en una de sus obras más conocidas, Autorretrato con dos círculos, realizado hacia 1665-1669.

En lo que al grabado respecta, sus autorretratos pasaron de ser ejercicios de taller y pruebas técnicas a convertirse paulatinamente en composiciones de gran complejidad artística, como es el caso de Autorretrato apoyado sobre un pretil (1639) y Autorretrato dibujando junto a una ventana (1648). Esta libertad experimental está estrechamente relacionada con las posibilidades que ofrecía la obra gráfica. ‘Quizá las pinturas de Rembrandt sean sus obras más conocidas, pero sus obras sobre papel, especialmente sus grabados, nos muestran una faceta diferente del artista’, explica Horbatsch. La conservadora subraya que los grabados, al ser más pequeños y emplear materiales más económicos que la pintura, permitían al artista experimentar con mayor libertad. Además, al no estar realizados por encargo ni sujetos a las expectativas de un mecenas, constituían un espacio de expresión personal: ‘Él mismo decidía qué temas representar y, al no estar sometido a esa presión comercial, podía experimentar. Ilustraba temas que le interesaban, y eso es algo que podemos apreciar en su obra gráfica’.

En sus retratos, asimismo, Rembrandt rompió con las convenciones de la época, jugando con el claroscuro, el dinamismo de las poses y las vestimentas o la composición de sus escenas. Retrató principalmente a personas de su entorno, como sacerdotes, comerciantes, médicos y recaudadores de impuestos, lo que favorece el conocimiento tanto de sus relaciones personales —como muestra el retrato de su mecenas Jan Six— como del tejido social de la Ámsterdam del siglo XVII.

Las mujeres de Rembrandt

Algunos de los grabados más destacados del autor de Leiden están dedicados a la representación de la mujer. En este sentido, Rembrandt dibujó principalmente a las mujeres de su entorno, desempeñando sus tareas en escenas domésticas espontáneas o bien posando deliberadamente para él. Estas composiciones permiten aproximarse a su vida personal y a su manera de observar la intimidad cotidiana.

Cabe destacar que entre las mujeres más importantes de su vida, como es lógico, se encontraba su esposa Saskia van Uylenburgh, con quien se casó en 1634 y que aparece en numerosas obras, retratada del natural o representando personajes de historias bíblicas y clásicas. Tras su muerte en 1642, Geertje Dircx, niñera de su hijo Titus, ocupó su lugar —y no solo como modelo de las creaciones del artista—. Al parecer, la relación que Rembrandt mantuvo con ella terminaría tempestuosamente con la aparición de Hendrickje Stoffels, que hacia 1650 trabajaba en la casa como criada y que terminaría convirtiéndose en compañera del artista hasta su muerte, mientras Geertje era confinada en un correccional por presuntos trastornos mentales. Aunque no siempre existen pruebas documentales que permitan identificar con seguridad a ambas mujeres, se considera que las dos protagonizaron muchos de los grabados de Rembrandt.

Entorno natural

Rembrandt basó muchas de sus creaciones en la atenta observación de la vida cotidiana, dibujando tanto en su casa y taller como en las calles de Ámsterdam, donde capturaba escenas espontáneas mediante bocetos rápidos a pluma y tinta. También utilizaba lavados para representar la luz y crear diferentes efectos visuales. De hecho, hacia la década de 1640, cuando comenzó a recibir alumnos en su taller, el artista realizó sesiones de dibujo del natural con sus discípulos, a los que animó a trabajar mediante la contemplación directa. Esta mirada atenta a la realidad constituye uno de los rasgos más característicos de su obra. En efecto, ‘Rembrandt fue un gran observador de la humanidad. Siempre representaba momentos que quizá no parecieran dignos de ser documentados. Le interesaban los pequeños detalles de la vida cotidiana’, recalca Olenka Horbatsch.

A este respecto, la conservadora del British ejemplifica esta capacidad de observación con el grabado de una vendedora de tortitas en las calles de Ámsterdam. En él, Rembrandt no solo representa a la mujer ofreciendo sus productos, sino también a un niño que acaba de recibir uno de ellos y lo mantiene alejado de un perro hambriento. Un gesto insignificante, aparentemente, que introduce una pequeña historia dentro de la escena y aporta naturalidad y dinamismo a la composición: ‘Rembrandt siempre se interesaba por los detalles más minúsculos, esos detalles que, en mi opinión, nos permiten conectar con sus obras todavía hoy’, puntualiza Horbatsch. Esta atención a los gestos y episodios cotidianos también se manifiesta en sus paisajes, en los que el artista representó casas rurales, molinos de viento y el río Ámstel, plasmando los alrededores de Ámsterdam durante sus numerosos paseos por la ciudad. En la exposición de CaixaForum puede advertirse la transformación de este género que, desde la precisión y la búsqueda del detalle, evoluciona hacia una ejecución mucho más rápida y expresiva. No obstante, junto a las vistas naturales tomadas directamente del natural, también se incluyen escenas de paisajes inventados y elaborados en el estudio.

Relatos de la Biblia

La Biblia fue una fuente constante de inspiración para Rembrandt, que ilustró numerosos episodios del Antiguo y del Nuevo Testamento. En sus grabados religiosos utilizó el aguafuerte y otras técnicas para crear dramáticos contrastes de claroscuro, así como para dotar a las escenas de una gran carga emocional y simbólica. Sin embargo, su aportación no se limitó a la representación de los episodios sagrados: también transformó la manera de interpretarlos, incorporando a los relatos bíblicos gestos, emociones y situaciones propias de la vida cotidiana. Como explica Horbatsch, en su época existían convenciones muy arraigadas sobre cómo representar las historias de la Biblia, pero Rembrandt supo ampliarlas y profundizar en ellas, llegando en ocasiones a transformarlas por completo. Un ejemplo significativo es su grabado La muerte de la Virgen, en el que una multitud de asistentes rodea el lecho de la protagonista. Entre las figuras, el artista representa a una persona que le toma el pulso y a otra que ahueca su almohada para acomodarla mejor. Es más, estos detalles adquieren un significado especial si se tiene en cuenta que Saskia, la esposa de Rembrandt, estaba postrada en cama en aquella época. Según señala la comisaria, esta circunstancia permite apreciar cómo el artista incorporaba a una historia de la vida de la Virgen elementos que habría observado en su propia experiencia cotidiana. De este modo, una escena religiosa tradicional se convierte también en una representación cercana al espectador por su representación de los cuidados, la enfermedad y la fragilidad humana. Esta combinación de observación directa y libertad interpretativa explica buena parte de la vigencia de sus obras.

La sección dedicada a la Biblia culmina con dos de las obras más aclamadas de Rembrandt: Las tres cruces (1653) y Cristo presentado ante el pueblo (1655), caracterizadas por la habilidad en el empleo de la punta seca y el uso de negros intensos y ‘aterciopelados’. Ambas estampas representan la culminación de su experimentación técnica y expresiva, y permiten comprender cómo el artista convirtió el grabado en un medio de extraordinaria riqueza narrativa.

En definitiva, Rembrandt no se limitó a ilustrar los textos bíblicos, sino que dotó a sus personajes de una humanidad reconocible, capaz de trascender el contexto religioso en el que fueron concebidos. Por eso, concluye Horbatsch,

‘Esto hace que sus obras sigan siendo accesibles hoy en día, tanto si conocemos las historias bíblicas como si no. En ellas hay una historia profundamente humana que, en mi opinión, lo consagra como uno de los más grandes narradores de todos los tiempos’.

Rembrandt: un mundo en imágenes
Desde el 1 de octubre de 2026 hasta el 7 de febrero de 2027
CaixaForum Valencia
Más información en www.caixaforum.org/es/valencia

Cita este artículo

‘Rembrandt: un mundo en imágenes’, En Perspectiva. España de viaje: Arte y Turismo cultural, año VII, núm. 3 (octubre de 2026-enero de 2027), www.en-perspectiva.es

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *