Autorretrato, 1773.

Con más de ciento cincuenta obras —en su mayoría procedentes de las colecciones del Prado y Patrimonio Nacional— esta monográfica se convierte en la mayor retrospectiva jamás dedicada al pintor Antonio Raphael Mengs (1728-1779). El conjunto, del que forman parte acuarelas, pasteles, dibujos, óleos, esculturas, medallas y manuscritos —sin olvidar el fresco Júpiter y Ganímedes que, presentado como original romano, logró confundir el experto criterio de Winckelmann— ahonda en el estudio de la figura de quien llegara a ser primer pintor de cámara del elector Federico Augusto II de Sajonia —rey de Polonia como Augusto III—, y del monarca Carlos III de España. A tal fin, la muestra incide en el método creativo, pensamiento e influencias del artista y teórico alemán, en particular en las de Rafael y Correggio, con cuyos nombres premonitoriamente ya le había bautizado su padre, el pintor de la corte sajona, Ismael Mengs.

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Dresde, Roma, Madrid

Pintor neoclásico por antonomasia, Antonio Rafael Mengs nació en Bohemia en 1728, iniciando su formación artística bajo las estrictas enseñanzas de su progenitor en Sajonia. Siendo todavía un adolescente, Mengs se trasladaría con su familia a Roma, donde pudo conocer de primera mano las grandes obras de la Antigüedad, aparte de frecuentar el estudio de Marco Benefial quien, frente a los excesos del rococó, propugnaba un necesario retorno a las raíces clásicas de la pintura. De vuelta en Dresde en 1744, Mengs realizaría retratos al pastel a la manera de Rosalba Carriera, véase el del cantante Domenico Annibali. Estos trabajos le valdrían su designación como pintor de corte del elector Federico Augusto II de Sajonia en octubre del año siguiente. A partir de 1746 una nueva estancia en la capital romana consolidaría su consagración como pintor clasicista en la órbita de Rafael, además de propiciar, en lo personal, su conversión al catolicismo y las consiguientes nupcias con Margarita Guazzi, quien le hubiese servido de modelo para una de sus vírgenes. Desde la Navidad de aquel 1749 Antonio Rafael Mengs continuará su labor artística a orillas del Elba, siendo ascendido al cargo de Oberhofmaler o primer pintor de la corte de Sajonia en marzo de 1751. No obstante, pocos meses después decidió emprender su definitivo viaje a Roma, donde en agosto del año siguiente recibiría el honor de ser nombrado académico de San Lucas. Emplazándose de manera concluyente en la corriente de seguidores de Rafael que encabezaron los Carracci o Reni, Mengs llegó a confrontar su pintura a la de maestro de Urbino, intentando emular el Pasmo de Sicilia con su Lamentación sobre Cristo muerto, todo un atrevimiento en la época.

Posteriormente y por encargo de la corte sajona, Mengs se dirigirá a la Campania en 1759, cuando conoce a Carlos VII de Nápoles, que aquel mismo diciembre iba a viajar a España convertido en Carlos III. Gozando del favor real en la capital del Vesubio, Mengs retrató al nuevo rey Fernando IV y a su esposa María Carolina de Habsburgo-Lorena hasta que, reclamado desde Madrid, finalmente se traslada a la villa del Manzanares en calidad de pintor de cámara. Allí residirá de septiembre de 1761 a 1769, y de 1774 a 1777, permaneciendo al servicio de Carlos III durante el resto de su vida y legando a nuestro patrimonio artístico obras de la talla de sus retratos de los Borbones o los frescos de los palacios reales de Madrid y Aranjuez. A pesar de sus divergencias con la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, su concepción del arte repercutió decisivamente en la deriva del arte español coetáneo, sobre todo a través de los nombres de Francisco Bayeu, Mariano Salvador Maella y Francisco de Goya. En el ámbito europeo, Jacques-Louis David o Antonio Canova asumieron en gran medida su legado artístico.

Del clasicismo griego a Rafael

La idea expresada por Johann Joachim Winckelmann (1717-1768) en el título de sus Pensamientos sobre la imitación de las obras griegas… condensa la teoría del arte de la segunda mitad del siglo XVIII. Esa copia de los antiguos como único camino hacia la grandeza artística era también defendida por Mengs, quien entablaría amistad con el sajón en la capital pontificia en 1755. De acuerdo con Winckelmann:

Esta relación es mi mayor suerte en Roma. Soy muy afortunado de disfrutar de su compañía y pasamos muchas horas agradables. Él me alimenta con su saber y, cuando está cansado, comienzo a exponerle mis ideas sobre el arte, sobre las excelsas bellezas, las elevadas ideas y el completo saber de lo maestros antiguos; y con ello se entusiasma tanto como yo cuando lo escucho (Udo Kultermann, Historia de la Historia del Arte, 1996:80).

En efecto, ambos compartían una pasión por el mundo clásico que, sin duda, también dejará su huella en la formulación teórica de Mengs, ese ‘Aristóteles de la pintura’ en palabras de Wilhelm Heinse. De hecho, de los distintos estilos que el artista considera, solo el ‘sublime’ 

conviene á la execucion de las idéas con que se quieren hacer concebir objetos de calidades superiores á nuestra Naturaleza . El artificio de este Estilo consiste en saber formar una unidad de idéas de lo posible é imposible en un mismo objeto: por lo que conviene que el Artifice junte y emplee formas y apariencias conocidas á fin de hacer un todo que no existe mas que en su imaginacion; y para esto, en las partes conocidas que tome de la Naturaleza debe hacer abstraccion de todas las señales del mecanismo de ella [sic] (Obras de Don Antonio Rafael Mengs, 1780).

Y como referente para su consecución, puesto que ‘no tenemos exemplares de este Estilo en obras de Pintura, faltandonos las de los antiguos Griegos, (…) debemos recurrir á las Estatuas que nos quedan de ellos [sic]’. Justamente, debido a esa ausencia de las pinturas de la Grecia antigua, Antonio Rafael Mengs basará su ideal estético en la síntesis de los estilos de Rafael, Correggio y Tiziano, esto es, del dibujo, la gracia del sombreado y el colorido. En esta línea, el color y el dibujo suponen dos ejes en torno a los que se articulan sus Pensamientos sobre la belleza y el gusto en la pintura (1762) donde, por ejemplo, dibujo, claroscuro y colorido se suman a la imitación, composición e ideal como criterios indispensables para enjuiciar conceptualmente la obra artística (Kultermann, 1996:80-81). Por eso el primer lugar de Rafael como mejor pintor después del Renacimiento del Arte ‘no proviene de que hubiese poseído más número de partes perfectas del Arte que otros; sino de la cualidad de las que poseyó’, dado que: 

es cierto que Rafael poseía el Diseño y la Composicion en alto grado, y lo Ideal suficientemente; á diferencia de Corregio, que sobresale solo en el Clarobscuro y Colorido; y de Tiziano, que no tiene mas que esto último, y la Imitacion de la Naturaleza. Rafael tocó las partes mas necesarias y mas nobles del Arte: Corregio las mas amenas y encantadoras; y Tiziano se contentó con la pura necesidad, que es la simple Imitacion de la Naturaleza [sic] (Obras, 1780).

La estancia romana de Mengs no solo permitió al artista y teórico tomar un contacto directo con el clasicismo de la Antigüedad y el Renacimiento, sino que también le brindó la posibilidad de encontrar importantes mecenas, además del sumo pontífice, muchos viajeros británicos que acudían a Italia atraídos por la moda del Grand Tour

Platonismo

Entre las reflexiones estéticas del ‘pintor-filósofo’ cabe destacar el ideal platónico de la Belleza como noción intelectual que Dios confiere a la imperfecta naturaleza humana y que no es sino reflejo de la verdadera Belleza de las regiones celestes. Por eso, para Mengs ‘la belleza es la conformidad de la materia con las ideas, o la perfección de la materia según nuestras ideas (…) [el] alma de la materia’, extracta Marcelino Menéndez Pelayo (1856-1912) en su Historia de las ideas estéticas en España, pues ‘la contemplación de la belleza nos inspira deseos de romper la cárcel del cuerpo y unirnos con la perfección increada’, hecho que, a su vez, puede derivar en cierta sensación de tristeza o ‘nostalgia de la eternidad’.

En la práctica artística esta filosofía se trasluce en un ideal arquetípico que, como en la estatuaria griega, sintetiza las formas más perfectas de cada cuerpo, una selección en función de la idea perseguida que implica la superioridad del Arte sobre la Naturalezapues, ‘con facilidad puede suceder que los hombres pintados sean más bellos que los verdaderos’, igual que la Música y la Poesíasuperan a los sonidos y palabras por sí solos. Un pensamiento cuyo gran error quizás resida en que, tal y como apostillaba Menéndez Pelayo ‘la belleza no es la perfección en absoluto, sino una particular manera de perfección’

Crítica

En 1780, un año después de que la tuberculosis acabara con la vida de Antonio Rafael Mengs,  el secretario de estado y diplomático en Roma y París, Joseph Nicolás de Azara —una de ‘las dos figuras emblemáticas de la estética española del XVIII’ junto al jesuita Esteban de Arteaga, según Menéndez Pelayo— editó los textos teóricos de su admirado artista, no sin dejar de incluir, a pesar de todo, un comentario especialmente crítico con sus ideas platónicas: —‘Es lástima, que una invención tan ingeniosa no sea verdadera’, dirá. Ambos habían entrado en contacto al solicitar Azara la colaboración de Mengs para el diseño de la medalla conmemorativa del enlace de los príncipes de Asturias y, desde entonces, forjarían una estrecha relación a la que, por cierto, el Museo del Prado dedicó la muestra de 2013, Mengs y Azara. El retrato de una amistad. El caso es que, sostiene Azara, ‘en la parte práctica y del Gusto nadie ha discernido ni expresado la Belleza mejor que Mengs; pero en la teórica había adoptado las opiniones de los Platónicos sobre el origen de esta sublime qualidad, inducido de la metafísica de su amigo Winkelman [sic]’. Para Azara, en cambio, ‘de lo Bello solo es juez competente la razón’ y ‘la Belleza, pues, como cosa abstracta, es la idéa del estado de las cosas que contienen las qualidades que (…) las hacen Bellas; y no tiene exîstencia alguna fuera de nuestro entendimiento[sic]’. Según el crítico, que de ser definible la Belleza creía encontrar en Cicerón a quien mejor la hubiera expresado en cuanto ‘proporción exacta de miembros junta a un suave colorido’, la Belleza reside en la unión de lo perfecto y lo agradable —que el entendimiento distingue y los sentidos perciben, respectivamente— y, por eso, ‘un quadro excelente no es á la primera vista, en que cabria alguna sorpresa, quando gusta mas; sinó despues quando con mas reflexion y reposo de ánimo se examina [sic]’. De ahí también que

Se dirá, pues, que uno no tiene Gusto en la Pintura quando su vista y su razon no son capaces de recibir, y de juzgarcompetentemente de los objetos visibles; como diriamos que uno no tiene Gusto propiamente, sinó sabe distinguir un sabor de otro, ó que todos le son indiferentes. Hombre de buen Gusto en Pintura es aquel que tiene tanto juicio, que distingue, luego que vé una cosa si es buena ó mala, como ella es efectivamente segun la razon [sic].

Igualmente, Ménendez Pelayo haría hincapié en la ‘palidez de los conceptos intelectuales y metafisicos’ que teñía las obras de Mengs, ‘correctísimo, aunque amanerado dibujante, y un falso e intolerante idealista, secuaz de cierta fantástica y abstracta noción de lo bello’. Y es que ‘tal era la filosofía que Mengs ponía en sus cuadros y en sus frescos, que hoy tanto nos empalagan, y que sus contemporáneos aplaudían, por reacción instintiva y natural contra el sensualismo’.

Tampoco deja en buen lugar a Mengs su Júpiter y Ganímedesfalso fresco que hizo pasar por original para engañar a su amigo Winckelmann quien, al moverse únicamente en un plano teórico y desconocedor de los entresijos de la técnica, creyó su autenticidad y publicó el hallazgo con gran entusiasmo. Lógicamente esta deslealtad, que se ha querido creer motivada por una posible falta de reconocimiento del pintor en los trabajos del arqueólogo, provocó el fin de la amistad que ambos mantenían.

Juzgue cada lector según su criterio en una muestra que exhibe el selecto repertorio de uno de los grandes renovadores de la pintura europea del siglo XVIII, todos ellos procedentes tanto de una treintena de entidades de reconocido prestigio internacional, como de diez importantes colecciones privadas, con préstamos únicos como Júpiter y Ganimedes del Palazzo Barberini, Octavio y Cleopatra de la National Trust Collections o la Lamentación sobre Cristo muerto de la Galería de las Colecciones Reales.

Antonio Raphael Mengs 
Desde el 25 de noviembre de 2025 hasta el 1 de marzo de 2026
Museo Nacional del Prado, Madrid
Más información en: www.museodelprado.es