
Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en las playas de Málaga (réplica inacabada), después de 1888. Museo Nacional del Prado
Antonio Gisbert Pérez (Alcoy, 1834-París, 1901) constituye una de las figuras más relevantes del arte español del siglo XIX y uno de los máximos representantes del género de la pintura de historia: –‘El primero, el mejor, quizá el único gran pintor que hoy cuenta España’, diría Cruzada Villaamil en su crítica de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1866, aparecida entonces en el tomo V de El Arte de España. El caso es que, aunque hoy no resulte tan conocido y su figura haya sido relegada a un segundo plano, Gisbert resultó ser uno de los artistas españoles más prestigiosos de la segunda mitad del siglo XIX, momento en que su reconocimiento oficial le valió la obtención de cargos tan relevantes como la dirección del Museo del Prado, función que desempeñaría entre 1868 y 1873.
Así, con el fin de reivindicar la aportación del notable autor alcoyano y coincidiendo con el ciento veinticinco aniversario de su muerte, el Museo de Bellas Artes Gravina de Alicante (MUBAG) ha organizado esta nueva exposición temporal, Gisbert (1834-1901), primera gran retrospectiva del pintor en nuestro país. La muestra, pues, recorre toda la carrera artística de Antonio Gisbert, atendiendo tanto a su participación en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, donde fue recompensado con primeras medallas en 1858, 1860 y 1864, como a la proyección internacional alcanzada durante sus estancias en Roma y París, sin olvidar la presencia de obras como la Ejecución de los Comuneros, el Desembarco de los Puritanos o el Fusilamiento de Torrijos en las Exposiciones Universales de Londres 1862, Filadelfia 1876 y París 1889, respectivamente. A tal fin se ha reunido en Alicante un centenar de pinturas, dibujos, fotografías, objetos y documentación personal que, articulados en seis secciones expositivas, abarcan las seis décadas de la producción del artista, desde sus inicios en Alcoy ayudando a su padre en la realización de bastidores y modestos decorados teatrales –lo que le valdría el sobrenombre de el pintoret–, hasta su muerte en París como reputado pintor de historia y escenas galantes.
De Madrid a Roma
En 1848 Antonio Gisbert se traslada a Madrid para trabajar como aprendiz en el taller de un pintor escenógrafo amigo de la familia. Una vez en la capital inició su formación en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde llegaría a ser alumno del eminente discípulo de J.-L. David, el neoclásico José de Madrazo. Fue entonces cuando gracias a la obra La resurrección de Lázaro, fechada en 1855, Gisbert consiguió una pensión para poder completar sus estudios en Roma. Allí continuará su aprendizaje académico enviando periódicamente a España los llamados trabajos de pensionado, entre ellos Bacante y Venus naciendo de la espuma del mar. De esta manera demostraba los progresos alcanzados en la práctica del dibujo y el estudio de la Antigüedad clásica, valores fundamentales de un academicismo decimonónico que encontraba en la ciudad eterna su principal centro de enseñanza. No en vano el pintor alicantino coincidiría en la entonces capital pontificia con otros de los jóvenes representantes de la escuela moderna de pintura española, véanse Dióscoro Teófilo Puebla o José Casado del Alisal –su ‘rival’ artístico y político–. En lo que a Gisbert concierne, su estancia fue determinante en la génesis de un estilo pictórico depurado, sereno y monumental, caracterizado por su perfecta definición de la línea, así como por la corrección y realismo de sus composiciones históricas.
París
Antonio Gisbert visitó por primera vez París durante sus años de pensionado en Roma. Sin embargo, su contacto con el ambiente artístico de la capital francesa será mucho más intenso a partir de marzo de 1861 cuando, gracias a una prórroga de su pensión –justificada por el éxito de Los comuneros Padilla, Bravo y Maldonado en el patíbulo (1860)–, el pintor establezca su propio estudio en el número 7 de la rue Chaptal, espacio que hoy conocemos gracias al lienzo de hacia 1865, Autorretrato e interior de estudio. Esta estancia en un lugar próximo a Montmartre y Batignolles, lugares de residencia de otros muchos creadores, permitió a Gisbert conocer de primera mano las tendencias imperantes en el panorama artístico parisino. No obstante, el alicantino no demostró un gran interés por las corrientes más transgresoras y continuó cultivando una pintura de historia cuyos temas, eso sí, aparecían estrechamente ligados al liberalismo político español. A este respecto cabe destacar nuevamente la coincidencia en París con José Casado del Alisal, artista aclamado por el público más conservador. Por cuanto respecta a su labor pictórica, en este momento Antonio Gisbert emprende la realización del lienzo Doña María de Molina presentando a su hijo Fernando IV a las Cortes de Valladolid, una tela cuyo destinatario era el Congreso de los Diputados de Madrid. Según Luis Alberto Pérez Velarde,
la elección del tema se debió probablemente al deseo de tratar un motivo, el de la reina heroína que lucha por demostrar su legitimidad sucesoria y la de su linaje, con evidente aplicación en el momento histórico en que se realizó la pintura: el reinado de Isabel II. También, aunque con bastante menos vehemencia, el cuadro puede pasar como pintura ‘liberal’, puesto que, con menos aparato y ambientación, no deja por eso de consistir un verdadero himno a la libertad, a la entereza y a la fortaleza de espíritu, encarnados en la figura de la dama que luchó enérgicamente para hacer prevalecer los derechos de su primogénito contra todas las camarillas e intrigas palaciegas que pretendían turbar su regencia y la minoría de edad del sucesor de Sancho IV, hijo este de Alfonso X.
Sea como fuere, durante el tiempo que Gisbert permaneció en París participaría en los salones de la capital francesa y en la Exposición Internacional de 1867, donde exhibió una réplica reducida de Los Comuneros. Un año después y dadas sus convicciones liberales, el pintor regresará a España: el triunfo de la revolución de La Gloriosa ha derrocado a Isabel II y su amistad con Serrano, Topete y Prim le vale su nombramiento como director del Museo del Prado, cargo para el que se le designa el 19 de noviembre y del que toma posesión dos días después.
Amadeo I
Antonio Gisbert mantuvo una estrecha relación con Amadeo I, al que conoció antes de su llegada al trono de España. Este hecho ocurrió en noviembre de 1869, durante la inauguración del Canal de Suez, a donde tanto el artista como el todavía Duque de Aosta, hijo de Víctor Manuel II de Italia, acudieron formando parte de las distintas delegaciones internacionales invitadas a la celebración. Esta primera toma de contacto y la afinidad de Gisbert a los círculos liberales progresistas le convirtieron en uno de los principales retratistas del nuevo rey. De hecho, una vez coronado Amadeo I, el pintor alcoyano recibiría varios encargos oficiales, como el del lienzo hoy desaparecido, El rey Amadeo I ante el cadáver del general Prim, que representa el momento en que el recién llegado rey rinde homenaje al cuerpo sin vida del principal impulsor de su ascenso al trono, asesinado pocos días antes de su llegada a Madrid; o el del Retrato del rey Amadeo I de España, enmarcado en la tradición hispana del retrato real de cuerpo entero. Vestido de uniforme y con los emblemas de la Corona, la representación traslucía una evidente intencionalidad política, pretendiendo conferir legitimidad a un monarca extranjero designado directamente por las Cortes. Hasta tal punto se mantuvo cercano Gisbert al nuevo rey y a su entorno ideológico que, tras la abdicación de Amadeo I y la proclamación de la I República en 1873, abandonó España y se exilió de manera voluntaria en París. Además, profesionalmente el artista encontraría en la capital francesa un mercado artístico propicio a sus intereses. Cabe recordar que por entonces triunfaba en París la pintura del tableautin, reconocible por sus escenas de costumbres galantes, de pequeño formato y a menudo ambientadas en el siglo XVIII, cuyo carácter decorativo y preciosista las volvía especialmente atractivas para el público burgués.
Gisbert retratista y dibujante
Aparte de haber contribuido al asentamiento de los fundamentos de la pintura de historia en la España decimonónica, Antonio Gisbert también cultivó géneros como el del retrato, cuyos principios aprendería con Federico de Madrazo en su etapa formativa madrileña. Como cabría de esperar, muchas de estas representaciones estuvieron dedicadas a las principales figuras del liberalismo progresista, como los presidentes del Consejo de Ministros Salustiano Olózaga y José María Calatrava. Asimismo, la exposición tampoco olvida la poco conocida faceta de Gisbert como dibujante, una técnica la del diseño que, dada la relevancia de la línea en su proceso creativo, resulta esencial para el estudio de sus composiciones pictóricas. De esta suerte, cuando Antonio Gisbert fallece en París el 27 de noviembre de 1901 a los sesenta y seis años de edad, lega a la posteridad una obra de la que se elogiarán, siempre dispuestos al servicio de la reivindicación de las garantías constitucionales, el dominio técnico, la precisión del dibujo, la claridad compositiva y la solemnidad monumental.
Torrijos
En este sentido, la producción de Gisbert se distingue por la representación de episodios históricos concebidos desde una perspectiva liberal, en los que la defensa de la libertad y la justicia frente al poder absoluto adquiere un marcado protagonismo. Entre sus obras más significativas, pues, destacan Los comuneros de Castilla (1860), El desembarco de los puritanos en la América del Norte (1864) y El fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en las playas de Málaga (1888), considerada una de las obras maestras de la pintura de historia en España. La tela resultó ser un encargo del gobierno liberal de Práxedes Mateo Sagasta, realizado a través del Ministerio de Fomento de Eugenio Montero Ríos en 1886, durante la regencia de María Cristina de Habsburgo-Lorena. El propósito de la comisión oficial era el de representar un gran acontecimiento histórico que simbolizara la salvaguarda de las libertades constitucionales, sirviendo así de ejemplo a la sociedad del momento y a las generaciones venideras. Merece la pena subrayar que José María Torrijos y Uriarte fue un militar liberal español nacido en 1791, partidario de la Constitución de 1812 y contrario al despotismo de Fernando VII. Tras el fracaso del Trienio Liberal (1820-1823), Torrijos se exilió en el Reino Unido, regresando a España con un grupo de seguidores para promover un levantamiento liberal en 1831. Traicionado, fue capturado cerca de Málaga y fusilado sin juicio junto con cuarenta y ocho de sus compañeros el 11 de diciembre de aquel mismo año.
Cuando el cuadro se exhibió por primera vez en Madrid en 1888, gozó de una excelente acogida, siendo adquirido por el Estado mediante Real Orden de 28 de julio de 1888 con destino al entonces Museo Nacional de Pintura y Escultura, nombre oficial del Museo del Prado en esa época. Según publicó Pedro de Madrazo en La Ilustración Española y Americana el 30 de agosto de 1888: ‘No hay en esta composición ni un gesto teatral, ni una actitud estudiada para producir efecto; todo respira verdad, dignidad y sentimiento’.
Por entonces Antonio Gisbert será uno de los pintores de historia más reconocidos de España. Sin embargo, la reputación de quien llegara a ser miembro de academias artísticas extranjeras como las de Florencia y Lisboa cambió tras su muerte. La adscripción política de su obra y la consideración de la pintura de historia como un género anacrónico en la época de las vanguardias contribuyeron a que su figura quedara olvidada por la historiografía contemporánea. Por eso hoy el MUBAG de Alicante recupera la figura de un creador excepcional, entre cuyas aportaciones sobresale el compromiso ideológico de una concepción artística que, tomando las palabras con que el citado político y escritor Salustiano Olózaga justificara la adquisición del lienzo de Los Comuneros por parte del Congreso, siempre implicará,
‘un grito de rebeldía por la defensa de las libertades’.
Gisbert (1834-1901)
Desde el 12 de junio hasta el 25 de octubre de 2026
Museo de Bellas Artes Gravina, Alicante. Más información en www.mubag.es
Próximamente en Alcoy y Valencia (fechas por confirmar).
Cita este artículo
‘Gisbert (1834-1901)’, En Perspectiva. España de viaje: Arte y Turismo cultural, año VII, núm. 2 (junio-septiembre de 2026), www.en-perspectiva.es

