Marianne Stokes, Honrad a las mujeres, tapiz de lana y seda, 1912

Entre las grandes apuestas culturales de la nueva temporada, la Fundación Mapfre presenta Prerrafaelismo. Itinerarios femeninos (1850-1914), una interpretación del movimiento prerrafaelita que centra su atención en la experiencia, la creatividad y la determinación de la mujer, evidenciando su contribución a la transformación del arte británico desde 1848 hasta el inicio de la Primera Guerra Mundial. Así, el proyecto propone una revisión historiográfica del prerrafaelismo que reivindica la contribución de aquellas pintoras, diseñadoras, ilustradoras y fotógrafas cuya participación resultó decisiva para la evolución, difusión y pervivencia del estilo. En este sentido, la muestra examina cómo las transformaciones sociales vinculadas a la denominada ‘cuestión femenina’ coincidieron con la renovación de la cultura visual victoriana y cómo las creadoras participaron activamente en este proceso, cuestionando las restricciones de género y ampliando los límites de su actividad profesional.

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El recorrido expositivo se articula en nueve secciones temáticas que siguen un desarrollo cronológico y permiten comprender tanto la evolución estética del movimiento como las transformaciones sociales que condicionaron las trayectorias de las artistas. Desde las primeras dificultades de acceso a la formación artística y a los espacios de exhibición pública hasta la progresiva conquista de su autonomía y reconocimiento institucional, la exposición muestra la diversidad de experiencias femeninas y la creciente ambición artística e intelectual de sus protagonistas. Todo ello a través de unas ciento treinta obras que, incluyendo óleos, acuarelas, grabados, fotografías, tejidos, cerámicas y vidrieras, proceden de sesenta y cinco colecciones públicas y privadas, entre ellas el Birmingham Museum & Art Gallery, el British Museum, la Colección Pérez Simón, el Cooper Hewitt, Smithsonian Design Museum, la De Morgan Foundation, el Musée d’Orsay, la National Portrait Gallery, la Royal Collection, el Victoria & Albert Museum, la William Morris Gallery y el Yale Center for British Art. Comisariada por Pamela Gerrish Nunn, la muestra ha sido organizada por Fundación Mapfre en colaboración con La Piscine – Musée d’art et d’industrie André Diligent de Roubaix, donde asimismo podrá visitarse entre el 5 de marzo y el 27 de junio de 2027.

El movimiento prerrafaelita

El prerrafaelismo surgió en Gran Bretaña en 1848 como una reacción frente a las convenciones de la enseñanza académica y los principios estéticos defendidos por la Royal Academy. Sus fundadores, entre los que destacan John Everett Millais, William Holman Hunt y Dante Gabriel Rossetti, aspiraban a renovar el arte británico mediante una concepción basada en la sinceridad artística, la observación directa de la naturaleza y el rechazo de los convencionalismos pictóricos. A tal fin, los prerrafaelitas reivindicaron el arte anterior a Rafael (1483-1520), en particular las manifestaciones del final de la Edad Media, así como la obra de artistas como Piero della Francesca (c. 1410-1492) y Alberto Durero (1471-1528).

Su primera presentación pública tuvo lugar en la Royal Academy en 1849, donde despertó un considerable interés entre la crítica y el público victoriano. No hay que olvidar que, a mediados del siglo XIX, el ascenso de las clases medias favorecería la demanda de un arte que representara la realidad contemporánea. No obstante, el realismo de los prerrafaelitas fue criticado por carecer, supuestamente, de la dignidad exigida por el arte académico. Sea como fuere, el movimiento se consolidó y evolucionó desde la voluntad inicial de recuperar la sinceridad de los antiguos maestros a partir de escenas literarias, históricas y religiosas, hacia la orientación poética y decorativa auspiciada por Rossetti, partidario de una mayor idealización e intensidad cromática. Esta deriva, que contribuyó al desarrollo del esteticismo a partir de la década de 1870, desembocaría años después en una ambiciosa ‘tercera ola’, donde una nueva generación de mujeres artistas forjaría su propio lenguaje mediante obras de mayor formato y complejidad intelectual.

En consecuencia, a pesar de la temprana disolución de la Hermandad Prerrafaelita en 1853, sus planteamientos estéticos continuaron ejerciendo una gran influencia durante las décadas posteriores. Artistas como Ford Madox Brown, Edward Burne-Jones y William Morris contribuyeron a prolongar y transformar sus principios, convirtiendo esta corriente pictórica en todo un movimiento de renovación cultural intergeneracional y multidisciplinar.

La mujer prerrafaelita

Aunque el prerrafaelismo nació de la mano de un grupo de artistas masculinos, las mujeres desempeñaron un papel decisivo en su desarrollo y evolución. Durante décadas, su contribución quedó en un segundo plano frente al protagonismo de los fundadores de la Hermandad Prerrafaelita. Sin embargo, su trabajo fue esencial para ampliar los horizontes del movimiento y renovar el panorama artístico británico del siglo XIX. Cabe recordar que, en aquella época, las mujeres se enfrentaban a importantes obstáculos para desarrollar una carrera artística. La sociedad victoriana las consideraba simples aficionadas, mientras que las restricciones educativas dificultaban su acceso a una formación especializada. La enseñanza del dibujo anatómico y del desnudo, fundamental en la educación artística tradicional, estaba especialmente limitada para ellas. A estas barreras se sumaban las escasas oportunidades para exponer sus obras y obtener reconocimiento profesional.

Frente a estas dificultades, el prerrafaelismo abrió nuevas vías de aprendizaje y creación. Su apuesta por la observación de la naturaleza, la autenticidad y la libertad artística permitió a muchas mujeres desarrollar sus capacidades al margen de los modelos académicos convencionales. Los talleres compartidos, las relaciones con otros artistas, las escuelas de arte y el acceso a los viajes de estudio proporcionaron la coyuntura necesaria para fomentar su formación. A su vez, la naturaleza y la vida cotidiana también ofrecieron oportunidades para desarrollar una identidad artística propia. Los jardines, los paisajes, los interiores domésticos y los retratos de familiares se convirtieron en temas habituales, accesibles para quienes encontraban dificultades para acceder a otros recursos formativos. No obstante, esta circunstancia reflejaba una contradicción: mientras el movimiento valoraba la observación minuciosa, la sociedad seguía asociando a las mujeres con la paciencia y la copia, habilidades que consideraba propias de actividades artísticas menores. Pese a estas limitaciones, numerosas creadoras lograron convertir la atención al detalle en una herramienta de expresión personal y afirmación profesional. Su trabajo demostró que la creatividad y la capacidad intelectual no dependían del género y contribuyó a cuestionar los prejuicios de la Inglaterra victoriana.

De hecho, espacios expositivos como la Grosvenor Gallery y la New Gallery, con el respaldo de figuras reconocidas como el pintor y escultor George Frederick Watts, favorecieron la difusión de los trabajos de autoras tan destacadas como Elizabeth Siddal, Joanna Boyce, Marie Spartali Stillman, Evelyn De Morgan, Emma Sandys, Kate Greenaway, Fanny Bunn, May Morris y Julia Margaret Cameron. Sus obras abarcaron disciplinas muy diversas, desde la pintura y la ilustración hasta la fotografía y el diseño textil, contribuyendo a extender la influencia prerrafaelita a nuevos ámbitos de la creación, así como a visibilizar el papel de la mujer en el arte británico.

Arts and Crafts

El movimiento Arts and Crafts surgió en Gran Bretaña durante la segunda mitad del siglo XIX como respuesta a los efectos de la industrialización y a la producción masiva de objetos. Defendía la calidad de los materiales, la creatividad individual y la dignidad del trabajo artesanal frente a la fabricación industrial de productos baratos y carentes, a juicio de sus promotores, de valor estético. De este modo, inspirado en las ideas de John Ruskin y en los principios artísticos de William Morris, el movimiento trasladó al ámbito de las artes aplicadas buena parte de los principios prerrafaelitas, véanse la observación de la naturaleza, la recuperación de las formas medievales y la armonía entre belleza y utilidad. En esta línea y en colaboración con Dante Gabriel Rossetti, Ford Madox Brown y Edward Burne-Jones, Morris promovió la creación de artículos que aunaran funcionalidad y calidad estética —y de ahí su máxima, expresada en una conferencia de 1880: ‘No tengáis nada en vuestras casas que no sea útil o que no consideréis bello’—. Esta premisa, indisociable de la noción de The House Beautiful, contribuyó a popularizar una concepción del espacio doméstico en la que el diseño y la artesanía adquirían una importancia central.

El Arts and Crafts reconocía el valor artístico del trabajo manual, reivindicando disciplinas como el bordado, las vidrieras, la joyería, la cerámica, la ilustración, la talla en madera y el diseño textil, tradicionalmente situadas en una posición subordinada respecto a la pintura y la escultura. Como resultado, la jerarquía convencionalmente establecida entre las bellas artes y las artes decorativas quedó cuestionada y los dominios del arte se ampliaron decisivamente. Una transformación que resultó especialmente significativa para las mujeres, ya que les permitió convertir determinadas habilidades tradicionalmente asociadas al ámbito doméstico, como el bordado o la pintura sobre porcelana, en actividades profesionales. Algunas creadoras accedieron al movimiento mediante sus vínculos con Morris y su círculo, como Kate y Lucy Faulkner, Bessie Burden y May Morris (1862-1938), quien dio continuidad al legado de su padre y a la actividad de Morris & Co. Otras mujeres se formaron en escuelas de arte vinculadas a estos planteamientos, entre ellas la de Birmingham, donde estudiaron Fanny Bunn, May Hart, Mary Newill y Florence Camm. A este respecto, la expansión de las escuelas de arte, también presentes en ciudades como Glasgow, así como el desarrollo de las redes de colaboración entre autoras, favoreció nuevas oportunidades de formación, empleo y reconocimiento para las mujeres.

Pasado medieval y fuentes literarias

La recuperación del pasado medieval constituyó uno de los principales fundamentos estéticos e intelectuales del prerrafaelismo al interpretarse la Edad Media como un período anterior al predominio de los modelos clasicistas asociados al Renacimiento. Esta atracción, origen de la corriente conocida como medievalismo o neogótico, se relacionaba con una visión idealizada de aquella época, considerada por muchos victorianos como un tiempo en el que la sinceridad, la espiritualidad, la piedad y la fraternidad prevalecían sobre el materialismo y la artificialidad de la sociedad moderna. Aunque esta interpretación soslayaba los conflictos históricos del período, proporcionó a los prerrafaelitas un repertorio de temas y valores con los que cuestionar las convenciones artísticas de su tiempo.

De esta suerte, la cultura caballeresca, las leyendas del rey Arturo y los caballeros de la Mesa Redonda, las vidas de santos, la literatura de Geoffrey Chaucer y Dante Alighieri, así como las representaciones del ciclo de las estaciones y de la vida cotidiana medieval, brindaron un atractivo repertorio iconográfico al prerrafaelismo en todas sus vertientes, desde la pintura y la arquitectura hasta los tapices o las vidrieras, pasando por los manuscritos iluminados y la poesía narrativa. Por eso, las primeras obras expuestas públicamente en 1849 incluyeron composiciones inspiradas en textos religiosos, históricos y literarios de gran intensidad emocional y significado moral. Los manuscritos iluminados medievales, las antiguas baladas inglesas y las obras de Alberto Durero y William Blake, además de las escenas bíblicas o la poesía de Alfred Tennyson, constituyeron importantes referentes que los pintores prerrafaelitas plasmaron concentrándose en el detalle y la verosimilitud, de acuerdo con las tesis de John Ruskin. Igualmente, las mujeres artistas participaron de este interés por la recuperación de los relatos históricos y literarios, con los que podían abordar cuestiones espirituales, históricas y morales. Elizabeth Siddal, Eleanor Vere Boyle, Jemima Blackburn y Anna Mary Howitt desarrollaron interpretaciones propias de historias conocidas y menos difundidas. Posteriormente, Jessie King y Eleanor Fortescue-Brickdale mantuvieron vivo este imaginario durante las últimas décadas del siglo XIX y los primeros años del XX. No obstante, la ilustración de temas religiosos suscitó importantes controversias, especialmente durante la década de 1850, cuando el enfoque concreto y cotidiano aplicado a la representación de los episodios sagrados fue interpretado como un desafío a las convenciones iconográficas tradicionales.

El medio natural

Frente a las fórmulas académicas y a la idealización convencional, los prerrafaelitas defendieron la observación directa de la naturaleza y la representación minuciosa de sus elementos, atendiendo a sus características específicas y a su relación con el entorno. Esta actitud se vinculaba abiertamente con las ideas de John Ruskin, quien la consideraba una condición esencial para alcanzar la autenticidad artística. Tanto es así que, en su obra Modern Painters, Ruskin reclamó la máxima fidelidad posible en la reproducción de los detalles del paisaje, de las formas vegetales, las piedras, las construcciones o los efectos lumínicos como medio de transmitir la singularidad de un lugar y un momento concretos frente a modelos genéricos o fórmulas idealizadas.

Esta concepción adquirió especial relevancia en el marco del desarrollo tecnológico, la implantación del ferrocarril y la urbanización experimentada por Gran Bretaña durante la Revolución Industrial, cuando el paisaje rural pasó a entenderse como un patrimonio amenazado, considerando especialmente que, para Ruskin y sus contemporáneos, la naturaleza no solo poseía un valor estético, sino también una dimensión moral y espiritual. También el desarrollo de las ciencias naturales, los estudios naturalistas de Thomas Bewick y el descubrimiento de nuevas especies animales, vegetales y minerales contribuyeron a convertir la denominada entonces ‘pintura de naturaleza’ en una de las manifestaciones más características del movimiento, pues, de acuerdo con los versos de William Blake, ‘Ver un mundo en un grano de arena / y un cielo en una flor silvestre’, el arte debía testimoniar una sensibilidad que encontraba en lo diminuto la representación del universo en su totalidad.

Gracias a esta tendencia reivindicativa del medio natural, las mujeres artistas pudieron sortear las restricciones impuestas al estudio anatómico y al dibujo del desnudo, dirigiendo su atención hacia la reproducción no solo de jardines y paisajes, sino también de bodegones, interiores domésticos, vistas urbanas tomadas desde la ventana y retratos de las personas o animales de su ámbito doméstico. El análisis exhaustivo de la realidad que se aprecia en las obras de las prerrafaelitas permitió desarrollar una personalidad individual, contrarrestando así la tendencia que asociaba paciencia y minuciosidad femenina con la copia y la imitación. Algunas participaron también en las iniciativas naturalistas relacionadas con el Gremio de San Jorge, impulsado por Ruskin durante la segunda mitad del siglo XIX.

Retratos pictóricos y fotográficos

El último gran aspecto relacionado con el movimiento prerrafaelita y que en la exposición de Mapfre se aborda como otro de los ámbitos de promoción femenina en la época es el del retrato, cada vez más importante en una sociedad victoriana que apostaba tanto por la recuperación de las grandes personalidades históricas del pasado como por el reconocimiento público de las figuras más prestigiosas del mundo contemporáneo. En coherencia con sus preceptos, el prerrafaelismo buscó la sinceridad y fidelidad realista a la hora de retratar a sus modelos, aunque la competencia de la fotografía y la influencia de Dante Gabriel Rossetti durante los años setenta favorecerían la introducción de una vertiente poética y ornamental, mucho más colorista e idealizadora. Además, cabe considerar la proliferación de las fancy pictures que, asociando retrato y pintura de género, recurrían a situaciones idealizadas de la vida cotidiana. Así, la adición de elementos imaginativos y narrativos a una escena real supuso un importante campo de aplicación práctica para las mujeres artistas de aquel tiempo.

Por otra parte, el retrato infantil, que asociaba a la mujer con la maternidad y sus funciones domésticas tradicionales, permitió superar concepciones trasnochadas, favoreciendo una reinterpretación del canon representativo de la infancia. Tanto la exposición de John Everett Millais en 1886 como el respaldo de Ruskin a la obra de Kate Greenaway consolidaron un género que posteriormente se proyectaría en la conocida como ‘pintura de hadas’ de Jessie King.

En cuanto a la expansión de la fotografía, cabe destacar el diálogo entre realismo e idealización romántica que entabló la artista Julia Margaret Cameron, cuya producción fotográfica, a lo largo de una carrera de trece años, se inspiraría no solo en figuras bíblicas, literarias, mitológicas y fantásticas, sino también en las personalidades de su tiempo, contribuyendo además al desvanecimiento de las fronteras existentes entre el retrato y la fancy picture, entre la realidad y la ficción.

Concluye así una muestra que, más allá de devolvernos una vez más al fascinante universo de ensoñación y pureza estética del prerrafaelitismo, reivindica ese olvidado papel primordial que desempeñaron sus mujeres artistas, en una época que para ellas supuso el reto de luchar contra la despectiva etiqueta de ‘mera aficionada’. Afortunadamente, este conjunto de importantes creadoras supo aprovechar las transformaciones que el propio movimiento prerrafaelita introdujera en el panorama artístico de su tiempo para demostrar que, frente al amateurismo, el ámbito doméstico, la condición maternal y la jerarquización entre artes mayores y menores, ellas serían capaces de erigirse en auténticas maestras en las infinitas e inclasificables disciplinas del Arte.

Prerrafaelismo. Itinerarios femeninos (1850 -1914)
Desde el 24 de septiembre de 2026 hasta el 10 de enero de 2027
Fundación Mapfre Recoletos, Madrid
Más información en www.fundacionmapfre.org

Cita este artículo

‘Prerrafaelismo. Itinerarios femeninos (1850 -1914)’, En Perspectiva. España de viaje: Arte y Turismo cultural, año VII, núm. 3 (octubre de 2026-enero de 2027), www.en-perspectiva.es

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